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Somos lo que comemos


18 mar 2021 , 04:50

Desde épocas muy antiguas la comida ha tenido que ver con elementos afectivos.

Desde épocas muy antiguas la comida ha tenido que ver con elementos afectivos que muchas veces trascienden el sólo hecho de alimentarse transformandose en un ritual que informa más de como vivimos y no sólo de lo que comemos.

 

Se dice que al final, uno es lo que come, y de eso depende  no sólo nuestro presente, sino configura la forma en la que viviremos nuestro futuro.

 

Siempre hemos tenido ligado los afectos a la alimentación y donde los trastornos de ella nos muestran como se manifiestan también en nuestra necesidad de controlar nuestra realidad. 

 

Es así como la anorexia es el exceso de control a través de la comida, la obesidad es la pérdida total de este y la bulimia oscila entre un punto y otro configurando así un ejemplo dramático de como la alimentación está unida a los afectos desde el inicio de la vida.

 

Muchas veces expresamos el cariño con comida y esta se transforma en premio cuando nos portamos bien, en compañía cuando estamos aburridos, en consuelo cuando tenemos tristeza y en general siempre termina siendo la compañía de una celebración o el consuelo en caso de alguna problema emocional . El tema es que para bien o para mal siempre esta ahí, porque además por razones obvias la necesitamos para vivir.

 

Quizás por eso los sabios plantean tres ritos que habría que  hacer con la comida y que sí los aplicáramos tal vez la relación con este elemento sería más sana y más saludable.

 

Por un lado está claro que hay que comer sano y eso implica bajar las grasas y las azúcares, intentando aumentar frutas y verduras y el agua pasa a hacer un elemento fundamental.

 

Por sobré estas condiciones muy generales, lo que se plantea es que en primer lugar, habría que colocar las manos cerradas y juntas encima de la comida que vamos a comer o que estamos cocinando y pedir amorosamente que se aumente la frecuencia de la comida para que todo lo que vayamos a ingerir no nos haga daño y muy por el contrario sólo traiga beneficios a nuestro cuerpo.

 

Después de eso habría que pedir que lo que vamos a ingerir se divida y sólo ingrese por nuestro cuerpo lo que nos hace bien y eso se quede dentro y lo que nos hace mal lo eliminemos para que no nos deje secuela.

 

Por ultimo habría que pedir para que toda la humanidad reciba al igual que nosotros el alimento cotidiano recordando aquellos antiguos ritos en los que se hacía la bendición de la comida antes de ingerirla.

 

Cuando yo me entere de estas tres reglas, lo primero que sentí era que al hacerlas se disminuía la ansiedad en forma notoria e importante y evidentemente la relación con la comida sería muy distinta si esto lo aprendiéramos de pequeños donde la comida no sólo tendría que ver con elementos afectivos sino también espirituales donde pudiéramos entender que ella ingresa a nuestro cuerpo para hacernos bien y no para dañarnos.

 

Esto nos haría más selectivos y podríamos elegir sólo alimentos sanos que nos hagan bien porque estaríamos concientes de lo que comemos , no como ahora que lo que ingresa a nuestra boca pocas veces es percibido como tal dada la rapidez y y la no conciencia de lo que estamos haciendo para alimentarnos.

 

Quiero invitarlos, incluso a los más escépticos que hagan el ejercicio por lo menos una vez. Descubrirá que algo extraño pasa cuando comemos concientes y sobre todo cuando agradecemos lo que ingerimos.

 

En un continente donde la obesidad es una pandemia , creo que humildemente por lo menos , debiéramos intentarlo. 

 

Los sabios saben porque lo han hecho durante siglos:que costará imitarlos un poco, tenemos mucho que aprender.

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