Pocos eventos de alto contenido político han sido tan importantes este año, como las conferencias de la mañana de este jueves 21 de noviembre. El grupo Impacta tuvo el acierto de reunir a los expresidentes Álvaro Uribe (Colombia) y Mariano Rajoy (gobierno español) para que cuenten cómo administraron sus países en medio de la crisis.
Seré sincero. Pensé que estas charlas de Seguridad y Economía tenían un objetivo predecible: vender las bondades de un modelo de centro de derecha desde patrones ideológicos que aportan poco a auditorios como los latinoamericanos, sumergidos en una horrible polarización.
Me llevé una grata sorpresa porque Rajoy, primero, y Uribe, después, explicaron al detalle cómo se gestiona un gobierno exitoso donde más allá de la visión doctrinaria de quien lo lidera, cuentan más el método de trabajo o la rigurosidad con las que diseñan, aplican y se dan seguimiento a los planes y políticas de gobierno. Y, sobre todo, cómo la vocación del servicio a los más necesitados no es un patrimonio exclusivo de la izquierda y, menos, del socialismo del siglo XXI.
Fue así como Rajoy, quien lideró España y su pavorosa crisis económica, entre 2011 y 2018, advierte que un mandatario no está para calentar el puesto, sino para tomar medidas difíciles en beneficio de interés nacional. Su lema para gobernar fue: no dejarse presionar ni sorprender por la crítica de las élites de izquierda, si el plan de trabajo está bien concebido.
Su reto, explica, fue monumental: lograr el equilibrio de las cuentas fiscales, impulsar una reforma laboral, sanear el sistema financiero y reestructurar el sistema de pensiones que estaba al borde del colapso.
Al menos tres de estas urgencias (menos la bancaria) comprometen al Gobierno ecuatoriano y a los candidatos presidenciales. Rajoy cree que sin ellas, ningún país genera confianza. Por lo que el reto de un gobernante eficiente es lograr que los tiempos políticos permitan que las reformas se concreten. “Cuando todo esto funciona, bajo el convencimiento de que en la política no hay que odiar al empresario, se crea empleo de calidad”.
Uribe sorprendió con una charla donde nadie se aburrió. En lugar de hablar solamente del fenómeno de la inseguridad, profundizó sobre su filosofía para liderar un país en el caos.
Muchos puntos por reflexionar: No hay bienestar social, si no hay una economía privada y de emprendimientos que sea sólida. Esta, por supuesto, no funciona en un ambiente de inseguridad y conflictividad.
Él insiste en que a los pobres les beneficia un Estado pequeño y eficiente. La burocracia excesiva es para las élites de la izquierda.

Un mandatario tiene un doble rol: comandar la macro visión de su gobierno y ser muy diligente con el micro manejo del día a día para “no perder fuerza ni cansarse, aunque estemos fatigados”.
En sociedades tan deseosas de cambio es bueno apostar por el método de las victorias tempranas: emprender proyectos importantes que den resultados en corto plazo para que la gente se motive.
Y ya que habla de la gente, Uribe cree que el diálogo popular es más sincero que el diálogo con los políticos. Por lo tanto, nunca hay que dejar de escuchar a las personas. “Mis ministros pasaron del power point al power people”.
En el combate a la violencia, la receta es compleja. Nada funciona si los militares y policías trabajan sin pasión, creyendo que sirven a un presidente, cuando en realidad deben hacerlo por amor al país.
“Yo como presidente asumí los errores y las responsabilidades y a la fuerza pública les delegué los éxitos, por eso nunca me tomé una foto con Ingrid Betancourt cuando la liberamos”. La seguridad, además, es un tema delicado que no se la consigue sin cuentas fiscales en orden, sin cooperación internacional y sin un sólido convencimiento a la hora de aplicar la ley con firmeza.
La ejecución de las políticas debe evaluarse a diario y si son sobre seguridad, las respuestas y explicaciones de los gobiernos deben ser claras, responsables y veraces, porque la credibilidad se construye, incluso, cuando se explica a la gente por qué un presidente se equivocó al tomar una medida.
Dos conferencias intensas y muy provechosas para quienes tienen en su corazón el deseo de salvar al Ecuador de la desgracia. Como dijo Daniel Molina, CEO de Impacta y promotor de esta iniciativa, “¿cómo podemos guiar a un grupo humano en tiempos difíciles?”
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