He llegado a pensar que el interés persistente de Vilmatraca por incluirme en sus caricaturas es porque le parece que mi trabajo en televisión, prensa escrita y digital es fundamental en la construcción diaria de la opinión pública nacional. Claro, no se dibuja a cualquiera.
No me molestan sus trazos, sino lo desinformada que está. Y como esta es una discusión de honestidad intelectual, me he tomado el trabajo de apuntar en la parte final de este newsletter las 30 columnas que he escrito en Código Rojas sobre cómo el presidente Daniel Noboa lleva adelante su gobierno. Además, añado los títulos de ocho columnas quincenales en la revista Vistazo que corresponden a las ediciones de cuatro meses. En toda esta selección, que ojalá la caricaturista se tome el trabajo de revisar, persiste un enfoque crítico, cuestionador, analítico y orientador.
Quizás a Vilmatraca le irrite mi tono, generalmente, respetuoso. Bueno, ese es mi estilo, porque vengo de una casa donde no existen resentimientos sociales.
A mí, por ejemplo, me parece que buena parte de su propuesta cae en los más patéticos lugares comunes y que su candoroso anarquismo hace el juego a políticos mafiosos, corruptos y personas muy peligrosas.
Es fácil constatar cómo sus caricaturas alientan el odio de gente indeseable y de ejércitos de troles, financiados por aquellos inescrupulosos expertos en destruir. Como el asedio en redes sociales ya derivó en una amenaza directa de Xavier Jordán en mi contra, sugiero a Vilmatraca ser un poquito más prudente y responsable con lo que dibuja. Yo no soy político, soy periodista y entre colegas debe prevalecer el respeto.
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