Ecuatorianos dudan de gestión económica en Gobierno actual

Una tarea pendiente de este Gobierno es la lucha contra la corrupción, según analistas.

  • Ecuatorianos aprueban estilo de Gobierno de Moreno; en economía dudan. Foto: Referencial
16 Diciembre, 2018, 9:33 am
Por: Redacción 
“A veces creo que estoy viviendo en otro país. Ahora todo es pacífico, tranquilo, y eso claro que me gusta, aunque la situación económica sigue siendo difícil, incluso para conseguir trabajo”.
 
El sentir de Germán Ocaña, un mensajero ecuatoriano de 36 años que trabaja en una empresa de abogados, no sólo alude al estilo de gobierno que ha caracterizado al presidente Lenín Moreno desde que asumió el poder en mayo de 2017, sino a la sociedad en general. En Ecuador, la polarización y los resentimientos causados por los diez años de gestión del exmandatario Rafael Correa han mermado y ahora en el país se respira un ambiente más relajado.
 
 
Moreno, de 65 años, es un gobernante de hablar pausado y de maneras fundamentalmente cordiales. Aparece poco en los medios de comunicación --frente a los cuales se ha mostrado respetuoso-- y en las cadenas de radio y televisión de los lunes, cuando su administración rinde cuentas al país, pareciera dispuesto a dialogar con las otras instancias del Estado al mostrar prudencia ante situaciones de tensión.
 
Hoy los opositores a su gobierno se expresan con libertad, los estudiantes y trabajadores organizan protestas y los detractores más recalcitrantes se expresan sin ser sometidos a procesos judiciales. Aunque esto podría parecer usual en cualquier democracia, en Ecuador no fue así por varios años. Farid Simon, analista y catedrático de la universidad San Francisco, dijo a The Associated Press que hay una parte “muy positiva en este año: haber recuperado un nivel de sensatez sobre el verdadero alcance y rol del Estado”.
 
El experto precisó que eso se refleja de diversas maneras: evitar que la única fuente de información sea el Estado, aceptar la participación de la sociedad civil, tener apertura a las críticas y a las observaciones que vienen desde otras instancias y abrir el debate en algunos temas políticos. Todas estas son señales positivas, dijo Simon, y muestran no solo un tema de talante personal, sino una real comprensión del rol del gobierno y del poder público.
 
Durante la década de gobierno de Correa (2007-2017), las protestas o divergencias políticas usualmente terminaban en los tribunales, de acuerdo con un informe de la Mesa de la Verdad y la Justicia del Consejo de la Judicatura Transitorio (CJT), que registró 1.435 denuncias por persecución política en ese lapso.
 
César Ricaurte, director de Fundamedios, organización que vigila la libertad de prensa en Ecuador, dijo a la AP que “hay un gran avance porque desde el poder ejecutivo ya no se persigue y ha cesado el discurso estigmatizante contra los medios de comunicación”. Sin embargo, para matizar el panorama, también recordó que en abril de este año uno de los hechos que marcaron a la prensa fue el asesinato de un equipo periodístico del diario El Comercio a manos de disidentes de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) mientras realizaban una cobertura en la frontera colombiana. Tras haber sido secuestrados, murieron el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra.
 
Según Ricaurte, la situación evidencia la necesidad de políticas públicas para el trabajo de los periodistas.
 
En cuando a la economía ecuatoriana, el mensajero Germán Ocaña destacó que aunque ya tiene trabajo, durante 13 meses estuvo desempleado y aún le resulta complicado cubrir las necesidades básicas de la alimentación, educación y salud de su esposa --que también trabaja de empleada en un almacén-- y sus dos hijos menores de edad.
 
“Ahora las empresas reducen costos despidiendo a la gente, sin darse cuenta que somos soporte de una familia, que tenemos hijos pequeños. En fin, ésa es la nueva política de los empresarios”, manifestó.
 
Al respecto, el consultor político internacional Santiago Nieto dijo a la AP que aún no está clara la conducción económica del gobierno de Moreno, quien durante la primera parte de su gestión y hasta la actualidad sigue haciendo frente a problemas heredados por Correa: alto endeudamiento público y proceso de iliquidez de las arcas fiscales.
 
En mayo del año pasado, su excolega y amigo dejó el poder y entre las últimas frases que repetía con insistencia estaba que en cuestión económica el nuevo gobierno quedaba con la mesa servida, en alusión a una presunta abundancia de recursos económicos fiscales. La verdad, no obstante, fue otra: un endeudamiento que se estima entre 40.000 y 60.000 millones de dólares en un país con poco más de 100.000 millones de dólares de producto interno bruto y un déficit fiscal que ronda los 10.000 millones de dólares. Para el próximo año se espera un monto similar
 
El analista y catedrático de la Universidad Católica, Pablo Dávalos, aseveró a la AP que el gobierno de Correa tuvo un manejo populista de la economía en que “no era tan importante mantener equilibrios económicos, sino asegurar voluntades políticas a través de inversión pública y gasto corriente”. Según añadió, esto provocó que Moreno deba hacer frente a “problemas de gobernabilidad en medio de un descenso muy fuerte de su popularidad y credibilidad y alejamiento de los apoyos en el sistema político mientras crece una gran masa social que se siente distanciada y hasta traicionada”.
 
Una de las tareas aún pendientes de Moreno --en las que coinciden los analistas-- es la lucha contra la corrupción.
 
El gobierno ha hecho muchos anuncios, pero en la práctica no se han recuperado las gigantescas cifras que según se descubrió fueron entregadas como coimas a funcionarios estatales, no solo en lo relacionado a la constructora brasileña Odebrecht --que ha salpicado a varios funcionarios de América Latina y a la que se atribuye haber entregado coimas por 33.5 millones de dólares en Ecuador--, sino en múltiples áreas.
 
Aun así, se ha mantenido el esfuerzo contra los corruptos en juicios y se ha pedido cárcel para algunos viejos funcionarios de Correa, como el ex vicepresidente Jorge Glas --actualmente en prisión--, una docena de ministros y otros empleados de la administración pública, especialmente de la empresa estatal de petróleo, Petroecuador.
 
En medio de este panorama, y a un año y medio de haber asumido el poder, Moreno sigue enfrentando el reto de ganar credibilidad frente a los simpatizantes de su antecesor. Ramiro Carrera, vendedor ambulante de dulces y cigarrillos, es uno de ellos.
 
 
“Lo que le acusan a Correa son puras mentiras. Le tienen bronca porque él se enfrentó a los ricos y les hizo pagar impuestos, por eso no le quieren”, dijo. “Yo sí quisiera que vuelva y ponga orden de nuevo en el país. Ahora estamos mal con el Moreno y sus buenos modos”.
 
Al respecto, el consultor Santiago Nieto sugiere cautela. “Hay que tener cuidado. Tuvo diez años de gestión con un gobierno que dispuso de mucho dinero. Creó una base humana que todavía son sus seguidores y partidarios, que añoran su gobierno. Su figura esta caída, pero es un actor que seguirá gravitando e la política ecuatoriana por largo tiempo”.
 
Desde que dejó el poder el año pasado, Correa e fue a vivir a Bélgica, en donde reside su familia, y se ha mantenido en relativo contacto con la población ecuatoriana a través de redes sociales. Ahora está impedido de volver al país debido a un juicio por secuestro en 2012 del entonces legislador de oposición Fernando Balda.
AP
“A veces creo que estoy viviendo en otro país. Ahora todo es pacífico, tranquilo, y eso claro que me gusta, aunque la situación económica sigue siendo difícil, incluso para conseguir trabajo”.
 
El sentir de Germán Ocaña, un mensajero ecuatoriano de 36 años que trabaja en una empresa de abogados, no sólo alude al estilo de gobierno que ha caracterizado al presidente Lenín Moreno desde que asumió el poder en mayo de 2017, sino a la sociedad en general. En Ecuador, la polarización y los resentimientos causados por los diez años de gestión del exmandatario Rafael Correa han mermado y ahora en el país se respira un ambiente más relajado.
 
 
Moreno, de 65 años, es un gobernante de hablar pausado y de maneras fundamentalmente cordiales. Aparece poco en los medios de comunicación --frente a los cuales se ha mostrado respetuoso-- y en las cadenas de radio y televisión de los lunes, cuando su administración rinde cuentas al país, pareciera dispuesto a dialogar con las otras instancias del Estado al mostrar prudencia ante situaciones de tensión.
 
Hoy los opositores a su gobierno se expresan con libertad, los estudiantes y trabajadores organizan protestas y los detractores más recalcitrantes se expresan sin ser sometidos a procesos judiciales. Aunque esto podría parecer usual en cualquier democracia, en Ecuador no fue así por varios años. Farid Simon, analista y catedrático de la universidad San Francisco, dijo a The Associated Press que hay una parte “muy positiva en este año: haber recuperado un nivel de sensatez sobre el verdadero alcance y rol del Estado”.
 
El experto precisó que eso se refleja de diversas maneras: evitar que la única fuente de información sea el Estado, aceptar la participación de la sociedad civil, tener apertura a las críticas y a las observaciones que vienen desde otras instancias y abrir el debate en algunos temas políticos. Todas estas son señales positivas, dijo Simon, y muestran no solo un tema de talante personal, sino una real comprensión del rol del gobierno y del poder público.
 
Durante la década de gobierno de Correa (2007-2017), las protestas o divergencias políticas usualmente terminaban en los tribunales, de acuerdo con un informe de la Mesa de la Verdad y la Justicia del Consejo de la Judicatura Transitorio (CJT), que registró 1.435 denuncias por persecución política en ese lapso.
 
César Ricaurte, director de Fundamedios, organización que vigila la libertad de prensa en Ecuador, dijo a la AP que “hay un gran avance porque desde el poder ejecutivo ya no se persigue y ha cesado el discurso estigmatizante contra los medios de comunicación”. Sin embargo, para matizar el panorama, también recordó que en abril de este año uno de los hechos que marcaron a la prensa fue el asesinato de un equipo periodístico del diario El Comercio a manos de disidentes de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) mientras realizaban una cobertura en la frontera colombiana. Tras haber sido secuestrados, murieron el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra.
 
Según Ricaurte, la situación evidencia la necesidad de políticas públicas para el trabajo de los periodistas.
 
En cuando a la economía ecuatoriana, el mensajero Germán Ocaña destacó que aunque ya tiene trabajo, durante 13 meses estuvo desempleado y aún le resulta complicado cubrir las necesidades básicas de la alimentación, educación y salud de su esposa --que también trabaja de empleada en un almacén-- y sus dos hijos menores de edad.
 
“Ahora las empresas reducen costos despidiendo a la gente, sin darse cuenta que somos soporte de una familia, que tenemos hijos pequeños. En fin, ésa es la nueva política de los empresarios”, manifestó.
 
Al respecto, el consultor político internacional Santiago Nieto dijo a la AP que aún no está clara la conducción económica del gobierno de Moreno, quien durante la primera parte de su gestión y hasta la actualidad sigue haciendo frente a problemas heredados por Correa: alto endeudamiento público y proceso de iliquidez de las arcas fiscales.
 
En mayo del año pasado, su excolega y amigo dejó el poder y entre las últimas frases que repetía con insistencia estaba que en cuestión económica el nuevo gobierno quedaba con la mesa servida, en alusión a una presunta abundancia de recursos económicos fiscales. La verdad, no obstante, fue otra: un endeudamiento que se estima entre 40.000 y 60.000 millones de dólares en un país con poco más de 100.000 millones de dólares de producto interno bruto y un déficit fiscal que ronda los 10.000 millones de dólares. Para el próximo año se espera un monto similar
 
El analista y catedrático de la Universidad Católica, Pablo Dávalos, aseveró a la AP que el gobierno de Correa tuvo un manejo populista de la economía en que “no era tan importante mantener equilibrios económicos, sino asegurar voluntades políticas a través de inversión pública y gasto corriente”. Según añadió, esto provocó que Moreno deba hacer frente a “problemas de gobernabilidad en medio de un descenso muy fuerte de su popularidad y credibilidad y alejamiento de los apoyos en el sistema político mientras crece una gran masa social que se siente distanciada y hasta traicionada”.
 
Una de las tareas aún pendientes de Moreno --en las que coinciden los analistas-- es la lucha contra la corrupción.
 
El gobierno ha hecho muchos anuncios, pero en la práctica no se han recuperado las gigantescas cifras que según se descubrió fueron entregadas como coimas a funcionarios estatales, no solo en lo relacionado a la constructora brasileña Odebrecht --que ha salpicado a varios funcionarios de América Latina y a la que se atribuye haber entregado coimas por 33.5 millones de dólares en Ecuador--, sino en múltiples áreas.
 
Aun así, se ha mantenido el esfuerzo contra los corruptos en juicios y se ha pedido cárcel para algunos viejos funcionarios de Correa, como el ex vicepresidente Jorge Glas --actualmente en prisión--, una docena de ministros y otros empleados de la administración pública, especialmente de la empresa estatal de petróleo, Petroecuador.
 
En medio de este panorama, y a un año y medio de haber asumido el poder, Moreno sigue enfrentando el reto de ganar credibilidad frente a los simpatizantes de su antecesor. Ramiro Carrera, vendedor ambulante de dulces y cigarrillos, es uno de ellos.
 
 
“Lo que le acusan a Correa son puras mentiras. Le tienen bronca porque él se enfrentó a los ricos y les hizo pagar impuestos, por eso no le quieren”, dijo. “Yo sí quisiera que vuelva y ponga orden de nuevo en el país. Ahora estamos mal con el Moreno y sus buenos modos”.
 
Al respecto, el consultor Santiago Nieto sugiere cautela. “Hay que tener cuidado. Tuvo diez años de gestión con un gobierno que dispuso de mucho dinero. Creó una base humana que todavía son sus seguidores y partidarios, que añoran su gobierno. Su figura esta caída, pero es un actor que seguirá gravitando e la política ecuatoriana por largo tiempo”.
 
Desde que dejó el poder el año pasado, Correa e fue a vivir a Bélgica, en donde reside su familia, y se ha mantenido en relativo contacto con la población ecuatoriana a través de redes sociales. Ahora está impedido de volver al país debido a un juicio por secuestro en 2012 del entonces legislador de oposición Fernando Balda.
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