Cerro Santa Ana, el mirador ideal para apreciar a Guayaquil

Esta colina de 60 metros de altura, es uno de los más importantes miradores de Guayaquil.

Esta colina de 60 metros de altura, es uno de los más importantes miradores de Guayaquil.
15 Agosto, 2017, 11:58 am
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El Cerro Santa Ana es uno de los íconos más importantes y representativos que tiene la Perla del Pacífico, el lugar en donde según historiadores, nació Guayaquil, allá por el siglo XVI en las décadas de 1540 a 1550, cuando el español Diego de Urbina reasentaba la ciudad en las faldas de lo que se denominaba Cerrito Verde o Cerrito de la Culata, que junto al Cerro del Carmen formaban una imagen parecida a una silla de montar por lo cual se llamó a la urbe como la “Ciudad de la silla gineta”. 
 
El nombre de Santa Ana, se debe a una antigua leyenda que dice que el soldado español Nino de Lecumberry, en una de sus faenas, estando en peligro de muerte, invocó a dicha santa para salvarse. Al lograrlo, en agradecimiento, colocó en la cima del cerro, una cruz con la leyenda de “Santa Ana”. Desde ahí, los pobladores empezaron a llamar así al lugar que antes era llamado por los aborígenes originarios como “Loninchao”.
 
Esta colina de 60 metros de altura, es uno de los más importantes miradores de Guayaquil. Para llegar a la cima se deben subir 444 gradas, desde la Escalinata Diego Noboa y Arteta, que hace homenaje al presidente del Ecuador en 1851. 
 
Conforme se va subiendo, el paseo se torna entretenido con todo lo que la Perla del Pacífico tiene para ofrecer, incluyendo una gran diversidad de bares y restaurantes, ideales para tomar un descanso. “Puedes divertirte y puedes encontrar mucha gente agradable”, comenta el turista Ronald Orellana.
 
Antes de llegar a la cima del cerro, está el Museo Naval que exhibe reliquias del siglo XVI y que representan la importancia de la actividad marítima para el comercio de la ciudad y todo el país, junto al Fuerte de la Polvorosa, que en tiempo de la Colonia funcionó para vigilancia y defensa de los ataques piratas. 
 
En el último escalón, el 444, está el imponente faro de Guayaquil, construido en el año 2002. Es una representación del primer faro que tuvo la ciudad en el año 1841, ubicado en la isla Santa Clara, a la salida del Golfo de Guayaquil. Junto a él se encuentra un capilla consagrada la Virgen de la Merced, que refleja el profundo fervor de los guayaquileños. 
 
Finalmente y siendo el Cerro Santa Ana uno de los puntos más altos de la ciudad, en el mirador del Faro se puede disfrutar de una vista espectacular y panorámica de Guayaquil. 
 
El Cerro Santa Ana es uno de los íconos más importantes y representativos que tiene la Perla del Pacífico, el lugar en donde según historiadores, nació Guayaquil, allá por el siglo XVI en las décadas de 1540 a 1550, cuando el español Diego de Urbina reasentaba la ciudad en las faldas de lo que se denominaba Cerrito Verde o Cerrito de la Culata, que junto al Cerro del Carmen formaban una imagen parecida a una silla de montar por lo cual se llamó a la urbe como la “Ciudad de la silla gineta”. 
 
El nombre de Santa Ana, se debe a una antigua leyenda que dice que el soldado español Nino de Lecumberry, en una de sus faenas, estando en peligro de muerte, invocó a dicha santa para salvarse. Al lograrlo, en agradecimiento, colocó en la cima del cerro, una cruz con la leyenda de “Santa Ana”. Desde ahí, los pobladores empezaron a llamar así al lugar que antes era llamado por los aborígenes originarios como “Loninchao”.
 
Esta colina de 60 metros de altura, es uno de los más importantes miradores de Guayaquil. Para llegar a la cima se deben subir 444 gradas, desde la Escalinata Diego Noboa y Arteta, que hace homenaje al presidente del Ecuador en 1851. 
 
Conforme se va subiendo, el paseo se torna entretenido con todo lo que la Perla del Pacífico tiene para ofrecer, incluyendo una gran diversidad de bares y restaurantes, ideales para tomar un descanso. “Puedes divertirte y puedes encontrar mucha gente agradable”, comenta el turista Ronald Orellana.
 
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