Cuatro años después del COVID-19: ¿cómo la pandemia cambió al Ecuador?

Este 16 de marzo se cumplen cuatro años de la declaratoria de la pandemia del COVID-19 en Ecuador, que mató a decenas de miles de ecuatorianos, cercenó el crecimiento económico y contribuyó al panorama de violencia que vive el país.
Foto de niños y adultos haciendo fila para entrar a un vacunatorio contra el COVID-19 en Mucho Lote, Guayaquil, el 6 de diciembre de 2021.()
16 mar 2024 , 05:40
Redacción

La pandemia del COVID-19 fue un punto de inflexión para Ecuador. Este 16 de marzo se cumplen cuatro años del día que se declaró el estado de excepción por esta enfermedad que contagió a más de un millón de ecuatorianos, y provocó la muerte a más de 80 000 personas.

Si bien ya no se registran infecciones ni defunciones masivas de este virus gracias a la vacunación, lo que conllevó a que el gobierno pusiera fin a la emergencia sanitaria en mayo de 2023, aún persisten los efectos económicos y sociales que derivó el confinamiento mandatario entre los meses de mayor impacto.

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En julio de 2021, el gobierno reveló que 22 000 empresas cerraron y medio millón de empleos se perdieron durante el primer año de la pandemia.

Aunque la situación se ha recuperado, aún no se iguala el porcentaje de empleo adecuado conseguido en 2019, cuando se obtuvo un 38, 3 %, pues el 2023 registró un índice de 36, 3 %.

Lo mismo ocurre con el registro de trabajos en la seguridad social. Para enero de 2020 había 3 317 703 empleados afiliados al IESS o al seguro social campesino, sin embargo, hasta diciembre de 2023, hubo 3 259 464 personas en este padrón, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

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El estancamiento del crecimiento económico también se refleja en el Producto Interno Bruto (PIB), en términos constantes. Según el Banco Central del Ecuador, en 2022 se alcanzó una cifra de USD 71 125 millones, similar a la de los niveles de 2017 y 2018, pero no superó el nivel de 2019 de USD 71 879 millones. El PIB de 2023 sería revelado a fines de marzo de este año.

Situación agravada en lo social y la seguridad

La confianza en las estadísticas gubernamentales se vio comprometida por el manejo de la pandemia del COVID-19 en los primeros meses, cuando en Guayaquil se observaban cadáveres en las calles, ante el colapso que sufrió el sistema sanitario.

Aún se puede ver que un portal del Ministerio de Salud Público afirma que fallecieron 12 358 personas por el COVID-19, cuando al mismo tiempo, iniciativas como el Observatorio Social de Ecuador reportaba un excedente de 80 000 fallecidos por el coronavirus.

La misma Cartera de Estado se contradijo cuando en 2023, al poner fin la emergencia sanitaria por esta enfermedad, dijo que contaron 67 527 defunciones, entre casos confirmados y probables.

En septiembre de 2023, durante la presentación de los resultados del Censo Ecuador 2020-2022, Roberto Castillo, director del INEC, fue más transparente, señalando declaró que 85 000 ciudadanos fallecieron directa o indirectamente a causa de la pandemia.

Sin embargo, Castillo también expresó que el país está enfrentando muertes en exceso por la violencia. Y es que, antes de que llegara la enfermedad del coronavirus a Ecuador, en 2019, se contabilizaron 1 188 homicidios. El 2023 cerró con 8 009 asesinatos.

Para el Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado (OECO), estos dos fenómenos están relacionados por los efectos del confinamiento, pues la pandemia por COVID-19 impactó profundamente los indicadores económicos y sociales de la población ecuatoriana.

Los analistas señalaron que el crimen organizado habría acentuado su maniobrabilidad en territorios rurales y urbanos altamente desiguales que han resultado en la oferta de una serie de economías ilegales, así como de un proceso de expansión que impacta sustancialmente a la calidad de vida de los ecuatorianos y una alternativa de negocios para quienes se insertan en actividades ilícitas.

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Esta situación se concentró especialmente en los barrios portuarios periféricos de la costa ecuatoriana que fue aprovechado por los delincuentes para reclutar a jóvenes y niños a los eslabones más débiles de la cadena de valor del narcotráfico. Decenas de miles de menores abandonaron la escuela en la pandemia y no regresaron.

Asimismo, las restricciones de movilidad por la pandemia afectaron sustancialmente las plazas del tráfico ilícito de drogas en el país, lo cual provocó disputas en las ciudades o fronteras marítimas, que resultaron en asesinatos. Estas peleas también se habrían dado por el control de la cocaína que ingresó y quedó represada en Ecuador.

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