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Hoy Soy: recolectora de desechos

Redacción

jesuarez

|

Jueves 04 de Junio de 2015 - 23:01
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  • GUAYAQUIL.- Passalaigue hoy se mete en los zapatos de estos obreros que limpian la ciudad. Fotos: Captura Video.
GUAYAQUIL.- Passalaigue hoy se mete en los zapatos de estos obreros que limpian la ciudad. Fotos: Captura Video.
Passalaigue hoy se mete en los zapatos de estos obreros que limpian la ciudad.
 
Cada nuevo amanecer, cuando salimos a la calle, la encontramos limpia, como por arte de magia, pero es más que magia. Es el trabajo de decenas de hombres que corren kilómetros y kilómetros recogiendo la basura que todos dejamos en la puerta. 
 
Aunque es un oficio totalmente masculino, Dallyana Passalaigue se puso en el overol de un recolector de Quito, para que conozcamos lo que estos personajes hacen cuando los demás dormimos.
 
A las 7 de la noche llegué a la empresa pública Emaseo para sumergirme en la vida nocturna de la limpieza urbana. 
 
Por las características físicas de este oficio, no trabajan mujeres. Debí cambiarme el uniforme en un cuarto aparte, pues solo hay baño para hombres.
 
'Jean' y buzo reflectivos, cinturón, botas, gorra y guantes. El equipo de trabajo seríamos 4 obreros y un chofer.
 
Me monté en uno de los 137 camiones de limpieza y fui, por una noche, uno de los 1.200 obreros que recogen la basura de 2 millones y medio de habitantes de quito.
 
Empezamos por el norte de la ciudad con el sistema pie de vereda, que consiste en ir recogiendo las bolsas de basura que la gente saca de casa y acumula en las esquinas. 
 
Hay que agarrar la funda desde arriba para que no se rompa, para evitar cortes con vidrios. El conductor nunca se detiene, nosotros corremos, recogemos y lanzamos en la parte trasera del camión. así, una y otra vez durante 7 horas, hasta que la ciudad queda libre de cualquier bolsa de basura.
 
Los recolectores de basura corre el equivalente a 15 kilómetros diarios y con peso.
 
todo se hace antes de que amanezca. Parte del éxito de este trabajo es la velocidad con la que uno se sube y se baja del auto.
 
Aunque es un oficio que presenta riesgos, una ventaja es que les permite ver a sus hijos, como lo afirma Jorge Lincango. 
 
“En el día paso con mis hijos después de la escuela que salen”, refirió Lincango.
 
Nadie puede negar que este es un trabajo duro, a las dos horas yo ya estaba fundida, sudando. 
 
Estoy cansada, aprovecho un momento de tráfico para respirar, se requiere mucho esfuerzo mucho físico.
 
No hay tiempo para reparar en los olores, la acción se vuelve muy rápida y mecánica.
 
Me trasladé a otra zona: el Centro Histórico. Aquí existe la 'contenerización soterrada'. Quito es la primera capital de Latinoamérica en contar con este moderno sistema.
 
Diariamente se recogen 1.900 toneladas de basura, con lo que podríamos llenar 6 piscinas olímpicas. Y en tan solo un mes y medio, podríamos tapar el estadio Olímpico Atahualpa, según cálculos de Emaseo.
 
Los obreros recolectores de basura son dueños de una diferencia ante nosotros, y es que mientras casi todos convertimos el dinero en basura, ellos convierten la basura en dinero.
 
Con los 533 dólares que recibe de remuneración, Alberto Cunalata mantiene su hogar.
 
“Para llevar pan del día a mis hijos, por eso trabajo”, explicó Cunalata. 
 
A Isaac Cumisacho le encanta su trabajo porque dignifica su ciudad. 
 
“Muchas veces verle a un niño que está saliendo con una funda de basura y que te de en las manos, te sonría y te diga "gracias", es la mayor satisfacción para uno”, rememora Cumisacho. 
 
Al año se recogen 684 mil toneladas de desperdicios que van a parar a la estación de transferencia de Zámbiza.
 
La labor que ellos hacen en silencio, cada noche, es de una dignidad como pocas, si tenemos en cuenta que lo degradante es ensuciar, no limpiar. 
 

Passalaigue hoy se mete en los zapatos de estos obreros que limpian la ciudad.

 

Cada nuevo amanecer, cuando salimos a la calle, la encontramos limpia, como por arte de magia, pero es más que magia. Es el trabajo de decenas de hombres que corren kilómetros y kilómetros recogiendo la basura que todos dejamos en la puerta. 

 

Aunque es un oficio totalmente masculino, Dallyana Passalaigue se puso en el overol de un recolector de Quito, para que conozcamos lo que estos personajes hacen cuando los demás dormimos.

 

A las 7 de la noche llegué a la empresa pública Emaseo para sumergirme en la vida nocturna de la limpieza urbana. 

 

Por las características físicas de este oficio, no trabajan mujeres. Debí cambiarme el uniforme en un cuarto aparte, pues solo hay baño para hombres.

 

'Jean' y buzo reflectivos, cinturón, botas, gorra y guantes. El equipo de trabajo seríamos 4 obreros y un chofer.

 

Me monté en uno de los 137 camiones de limpieza y fui, por una noche, uno de los 1.200 obreros que recogen la basura de 2 millones y medio de habitantes de quito.

 

Empezamos por el norte de la ciudad con el sistema pie de vereda, que consiste en ir recogiendo las bolsas de basura que la gente saca de casa y acumula en las esquinas. 

 

Hay que agarrar la funda desde arriba para que no se rompa, para evitar cortes con vidrios. El conductor nunca se detiene, nosotros corremos, recogemos y lanzamos en la parte trasera del camión. así, una y otra vez durante 7 horas, hasta que la ciudad queda libre de cualquier bolsa de basura.

 

Los recolectores de basura corre el equivalente a 15 kilómetros diarios y con peso.

 

todo se hace antes de que amanezca. Parte del éxito de este trabajo es la velocidad con la que uno se sube y se baja del auto.

 

Aunque es un oficio que presenta riesgos, una ventaja es que les permite ver a sus hijos, como lo afirma Jorge Lincango. 

 

“En el día paso con mis hijos después de la escuela que salen”, refirió Lincango.

 

Nadie puede negar que este es un trabajo duro, a las dos horas yo ya estaba fundida, sudando. 

 

Estoy cansada, aprovecho un momento de tráfico para respirar, se requiere mucho esfuerzo mucho físico.

 

No hay tiempo para reparar en los olores, la acción se vuelve muy rápida y mecánica.

 

Me trasladé a otra zona: el Centro Histórico. Aquí existe la 'contenerización soterrada'. Quito es la primera capital de Latinoamérica en contar con este moderno sistema.

 

Diariamente se recogen 1.900 toneladas de basura, con lo que podríamos llenar 6 piscinas olímpicas. Y en tan solo un mes y medio, podríamos tapar el estadio Olímpico Atahualpa, según cálculos de Emaseo.

 

Los obreros recolectores de basura son dueños de una diferencia ante nosotros, y es que mientras casi todos convertimos el dinero en basura, ellos convierten la basura en dinero.

 

Con los 533 dólares que recibe de remuneración, Alberto Cunalata mantiene su hogar.

 

“Para llevar pan del día a mis hijos, por eso trabajo”, explicó Cunalata. 

 

A Isaac Cumisacho le encanta su trabajo porque dignifica su ciudad. 

 

“Muchas veces verle a un niño que está saliendo con una funda de basura y que te de en las manos, te sonría y te diga "gracias", es la mayor satisfacción para uno”, rememora Cumisacho. 

 

Al año se recogen 684 mil toneladas de desperdicios que van a parar a la estación de transferencia de Zámbiza.

 

La labor que ellos hacen en silencio, cada noche, es de una dignidad como pocas, si tenemos en cuenta que lo degradante es ensuciar, no limpiar. 

 

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