“El que abusaba hablaba en nombre de dios y eso le daba un gran poder

Entrevista con Santiago Roncagliolo, autor de "Y líbranos del mal", inspirada en los abusos de la orden religiosa Sodalicio.
XAVIER TORRES-BACCHETTA
04 ago 2021 , 07:55
BBC News Mundo

Jimmy, un joven estadounidense hijo de peruano, está a punto de entrar a la universidad hasta que se ve obligado a viajar a Lima para cuidar a su abuela paterna, que sufre una enfermedad terminal. Una vez en la capital peruana, descubrirá oscuros secretos sobre su padre y su familia.

Jimmy es el protagonista de "Y líbranos del mal", la última novela del escritor peruano Santiago Roncagliolo, inspirada en el Sodalicio de Vida Cristiana, una orden religiosa peruana a la que numerosos exmiembros acusan de haber cometido abusos psicológicos, físicos y sexuales contra ellos mientras eran menores de edad, durante casi 30 años.

El Sodalicio nació en 1971, llegó a contar con más de 20.000 seguidores en 25 países y fue reconocido oficialmente por el papa Juan Pablo II en 1997.

Roncagliolo, ganador del Premio Alfaguara 2006 por su novela "Abril rojo", se conectó desde Barcelona para hablar con BBC Mundo sobre su nueva obra, basada en la congregación.

El escritor aparece en la pantalla de Zoom con repisas llenas de libros detrás de él y, a su lado izquierdo, una torre con más libros que parece que en cualquier momento se va a caer.

Si bien gran parte de la trama de "Y líbranos del mal" reconstruye denuncias mediáticas contra el Sodalicio, el autor dice que no considera que la novela se trate solo sobre esta orden.

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¿Por qué no quiere que se considere una novela sobre el Sodalicio?

Los peruanos la consideran una novela sobre el Sodalicio. Yo no tanto. O sea, sí se inspira en cosas que pasaron en esa congregación que, cuando se hicieron públicas, me impactó el hecho de que pudieran ocurrir en silencio, durante años, décadas. Afortunadamente las víctimas alzaron la voz y denunciaron.

Sin embargo, lo que siempre me falta por saber, en este y muchos otros casos y que es como leitmotiv de mi trabajo, es la voz de los victimarios, cuál es la otra versión, una versión que nunca tendrás, que nadie te dirá, que no vas a conseguir periodísticamente.

Entonces empecé a buscar en la ficción lo que no me daba la realidad. Por eso trato de decir que la novela no es del Sodalicio.

Hay gente que escribió del Sodalicio, con todas sus letras, con todos sus nombres y eso es lo que hay que saber de ese caso.

La ficción es más bien una exploración de lo que las personas podríamos haber hecho y de lo que podemos hacer.

Y en esa exploración lo que pasa es que los mexicanos ven el caso de los Legionarios de Cristo, los chilenos ven el caso de Fernando Karadima, los españoles ven el caso de los maristas...

La ficción lo que hace es reflejar los casos humanos de distintas circunstancias, aunque esta se inspire en los sodálites.

Siempre trato de poner por delante que lo que importa del caso es lo que ha revelado el periodismo. Hay gente que lo ha hecho muy bien. No juego en esa categoría.

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¿Por qué si querías la voz de los victimarios elegiste la perspectiva de Jimmy, el hijo de un exmiembro de la congregación, de alguien en cierto modo externo al caso y no de alguien más cercano?

Yo no podía ponerme en los pies de un personaje como Furiase (en la novela, el fundador de la congregación), no conseguía hacer una versión razonable. Esa era la primera idea, mirar la historia a través de este personaje, pero no conseguía darle voz.

Me di cuenta de que necesitaba la voz de alguien que se acercase a como yo vi la historia real. Yo lo que podía manejar era la voz de alguien que viene de afuera y empieza a merodear alrededor de un monstruo que nunca termina de ver, porque me daba cuenta de que en cuanto empezase a poner mis prejuicios en vez de una historia, se convertiría en un panfleto.

Con lo homófobo que es este grupo es increíble su fascinación por los hombres, su convencimiento de la valía de los hombres y su necesidad de encerrarse en un mundo de hombres. Es una de las grandes contradicciones de un grupo así.

Es un lugar lleno de relaciones homosexuales, pero completamente homófobo, un lugar donde ocurren cosas que todo el mundo dice que no existen. Si quería rescatar la ambigüedad moral de un lugar tan contradictorio, necesitaba una mirada de alguien como Jimmy.

¿Crees que también ayudaba el hecho de que tu personaje, Jimmy, por ser extranjero, no comparte los tabúes o los silencios de una sociedad, o los códigos sobre los temas de los que no hay que hablar?

Yo ya también a estas alturas soy así. Me meto en líos muchas veces porque ya no sé qué es lo que no hay que decir.

Llevo mucho tiempo fuera de Perú, aunque sigo yendo mucho a Perú, mi familia está en Perú.

Mi mirada siempre es rara, nunca termina de encajar en ningún grupo, ni en Perú ni en España ni en ninguna parte. Nadie entiende qué soy exactamente. Ni yo me siento obligado a ser de un grupo especialmente acotado ideológicamente, nacionalmente.

Esa mirada que tiene Jimmy es la mía. Yo creo que a veces un extranjero percibe con más claridad los tabúes de una sociedad que los que están dentro de esa sociedad. Las historias son buenas cuando hablan de algo que se guarda en silencio.

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¿Y cómo es la experiencia de un hijo como Jimmy, que rompe ese silencio y descubre que su padre no es quien creía ser y que guarda secretos muy oscuros, y que luego debe decidir si habla del tema o no?

Hay cosas de las que no sabemos cómo hablar ni con qué palabras hablar. Quería que esta fuese justamente una novela sobre el silencio y eso significaba dejarla con silencios.

(Quería) Poner al lector y a mí mismo en un espacio en el que está Jimmy, que es el de circular por una ciénaga, por aguas negras, sin ver dónde pisas.

Lo que percibe Jimmy respecto de su padre es que es un victimario, pero también que es una víctima.

Lo que el final deja abierto tiene que ver con qué cosa es este padre, algo que yo no puedo resolver y que cada lector tiene que resolver, cómo lo juzgarías.

Y lo más escalofriante: ¿harías tú lo que hizo (el padre de Jimmy)? Si estuvieses en su posición, ¿crees que habrías hecho algo diferente?

Si hubieras crecido en su familia, con una relación violenta con su padre (el abuelo de Jimmy), necesitado de que alguien te dé ese amor de padre, necesitado de que tu vida tenga un sentido, y viene alguien y te ofrece un sentido, rígido y militante, ¿dirías que no?

Y si nadie te dice cómo se llama lo que está pasando, ¿sabrías reconocer lo que está pasando? Con frecuencia, mucha gente simplemente repetía lo que le enseñaron a hacer.

Nadie piensa que uno mismo es malo. No podemos vivir sintiendo que hacemos el mal, entonces buscamos una versión que lo justifique.

Es reconfortante pensar que hay tipos muy malos que hacen cosas muy malas y que tú no eres de ellos.

Pero la realidad es más inquietante. El mal y el bien vienen muy mezclados y lo que me interesa en mis novelas, casi todas, es discutir esas bases de lo que crees que es bueno o es malo, mostrarte que a lo mejor tú mismo, lector o lectora, habrías hecho lo mismo, que las cosas más atroces se alimentan de cosas que tú llevas dentro, como la necesidad de amor. Solo que cuando no sabes qué es el amor lo confundes con cualquier cosa.

Me impactó mucho cómo todos estaban disfrazando el horror de amor, de paternidad, de fraternidad y como todas esas relaciones de poder se interpretaban como las relaciones de una familia sana.

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Pie de foto,

Luis Fernando Figari (izquierda) fundó el Sodalicio en 1971. Esta orden inició el proceso de beatificación de uno de sus miembros, Germán Doig (derecha), pero lo detuvo ante las denuncias de abuso sexual.

Hablando de familias, ¿crees que en América Latina hay un problema de paternidad en general, o sea un abandono paterno extendido que deja vacíos que sectas como el Sodalicio aprovechan?

Las sociedades machistas son donde más los hombres abandonan a los hijos, donde cuidar a los hijos se considera una cosa de mujeres, y la sociedad latinoamericana es enormemente machista y las sociedades religiosas son conservadoras y patriarcales, así que son un caldo de cultivo del abandono paterno.

Cuando tú llegas a la adolescencia y tienes que hacerte hombre, no tienes a quién imitar o a quién rechazar, pierdes un referente.

Ellos y muchas otras congregaciones te decían "yo voy a ser tu padre", "¿quieres que sea tu padre?". Te ofrecían un padre, un padre que además venía investido de la imagen de dios.

En la religión católica dios es hombre, un hombre mayor que tú, un padre que te va a cuidar y te va a proteger.

Y si hay algo que es más fuerte en este tipo de abuso es la sensación de que el que abusa habla en nombre de dios, y esto le da un poder que no tiene un simple padre de familia, un simple instructor deportivo, un profesor de teatro.

En todas esas instituciones hay abusos. Pero en esta la víctima siente que quien abusa de ella representa una autoridad trascendental mucho más importante y eso les da un gran poder.

(La víctima piensa) Quizá lo que yo hice fue malo, quizá yo he malinterpretado lo que ha hecho, quizá solo me ha dado amor y yo con mi mente sucia no he sabido valorarlo.

FUENTE DE LA IMAGEN,REUTERS

Pie de foto,

En 2011, el Vaticano halló culpable al chileno Fernando Karadima de cometer abusos sexuales contra menores cuando era el prestigioso párroco de una iglesia en Santiago. Luego pasó a ser conocido como el mayor depredador sexual de Chile. En 2018 fue expulsado del sacerdocio y murió en julio.

Más allá de estos abusos, la novela deja ver que había una sexualidad más compleja, por decirlo de algún modo. ¿Cómo entender un grupo que para afuera tiene un discurso represor con la sexualidad, pero que a puertas cerradas hace otra cosa?

Había una sexualidad mucho más complicada que la que es relevante para las denuncias. Relaciones entre hombres adultos y entre hombres y mujeres, una vida sexual necesariamente oculta en la que el deseo buscaba vías para encontrar su lugar y se abría paso a través de las personas, pero nunca a través de las palabras. Nunca se llamaba por su nombre, nunca se mencionaba qué estaba ocurriendo.

Lo que pasa es que la dinámica de una secta corta tus vínculos con el mundo de afuera.

No escuchas ningún comentario del mundo de afuera, el mundo de afuera te amenaza y además esa gente es más tonta que tú, tú eres mejor, tú eres la élite. Entonces solo recibes información que circula internamente y si todos dicen que eso no es sexo, ¿quién va a negarlo?

Aunque el mundo de afuera hubiera ayudado,hubo un sector de la clase altacomo la familia de Jimmyque trató de ocultar los abusos del Sodalicio y otras cosas que pasaban o de mirar a otro lado...

Nuestras élites son sobre todo católicas y en unas sociedades tan desiguales viven acorazadas contra el mundo exterior.

Ponen muros entre ellos y el resto del mundo. Sus hijos van a colegios diferentes y viven en barrios diferentes, y es un mundo pequeño.

Entonces hay un sentimiento solidario, que es natural cuando aparecen las denuncias contra cualquier grupo.

Es todo un segmento social pensando que los ataques contra ellos vienen de un mundo que los odia.

Además, este grupo es gente con mucho poder, con lo cual su capacidad de silenciar cosas es mucho mayor que la que tiene un zapatero, un funcionario o un pescador.

A esto se suma que el abuso en general es un daño que te hace alguien que crees que te quiere y por lo tanto, la víctima suele pensar que la culpa es suya, que ella ha provocado algo que esa persona tan buena no quería hacer.

Todo esto hace muy difícil llegar al fondo de los temas, ver qué estaba ocurriendo en realidad y por supuesto perpetúa el silencio, el manto oscuro en que se esconden estas cosas.

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Pie de foto,

Marcial Maciel fundó los Legionarios de Cristo en 1941, en México, y abusó sexualmente de 60 menores de edad, según un informe de esta misma congregación católica. El religioso murió en 2008.

¿Hay algo de doble moral también en la gente que no creía en las denuncias o que no quería que salieran a la luz?

En Perú todo es de doble moral (se ríe). Simplemente es absurdo pensar que defender a pederastas es católico.

La sola idea de creer eso implica una moral ya no sé si doble, sino completamente retorcida, ni siquiera tiene un sentido exacto.

Los católicos responsables son los más interesados en que esto no ocurra en sus instituciones.

Quien está dispuesto a defender esto no entiendo cómo se puede llamar católico.

El Sodalicio se extendió entre clases acomodadas en Perú. ¿Por qué estos grupos apuntan a estos sectores?

A mediados del siglo XX, el Concilio Vaticano II generó una gran conciencia social en la iglesia, surgió la Teología de la Liberación, la idea de que la iglesia debía ocuparse de los pobres y eso por reacción produjo un auge de movimientos ultraconservadores sintiendo que el comunismo los amenazaba.

Obviamente ese movimiento no estaba entre los campesinos, ese movimiento estaba en las clases más elitistas.

Precisamente mientras más avanzan ideas progresistas en la región, más reacción ultraconservadora se registra para protegerse de "un mundo que se viene abajo, un mundo en decadencia", (piensan) "somos los últimos soldados que pueden salvar el fuerte del ataque de los bárbaros".

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¿Es lo mismo que algunos sectores hicieron al negarse a reconocer el triunfo de Pedro Castillo en Perú?

Hubo un argumento en toda la campaña que me parecía muy extraño, el argumento de que el comunismo es tan grave que hay que hacer todo lo posible por impedir que tome el poder, hasta ignorar el resultado de una elecciones, que implica asumir que no estás hablando de una democracia, sino del entendido de que una dictadura de derecha se va más rápido que una de izquierda.

Eso implica una sensación de superioridad de una clase sobre otra, de que una clase tiene que dirigir a la otra porque no sabe cuidarse sola, de que no puedes dejar las elecciones en manos de los votantes porque una parte de esos votantes no son tan listos como tú y se equivocan.

Eso forma parte de la idea que esto va a ser tan desastroso que no importa una pequeña mentirijilla, con tal de impedirlo. Sigue siendo menos grave que lo que podría ocurrir. Lo peor es que podría ser. Hará falta que no lo sea, esa es una responsabilidad muy grande del nuevo gobierno.

En una entrevista dices que las clases altas peruanas ya "son una sectita". ¿A qué te refieres?

A que son un grupo muy pequeño. En una ciudad grande no importa lo que hagas.

En un mundo pequeño todo lo que hagas amenaza la convivencia con la gente alrededor, por lo tanto los grupos pequeños guardan más secretos y tienden a barrer bajo la alfombra sus miserias.

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¿Te preocupa que este pacto de silencio o secretismo afecte de algún modo tu libro, como la denuncia que hiciste en Twitter contra la tienda Sanborns en Méxicoque supuestamente no lo quería vender porque no venden libros sobre abusos al interior de la iglesia?

Yo puse eso en redes sociales más por desahogarme. Los lectores hicieron un lío tal que empezó a subir a los medios en México, en Perú, en Argentina y antes de que todo fuera peor, la librería hizo un pedido del libro, que fue una manera de decir: "Vamos a dejar esto en silencio". Porque nadie dijo nada tampoco, el silencio se mantuvo.

Yo lo tomé casi como un elogio porque si quieres escribir una novela inquietante y te dicen que es tan inquietante que no se atreven a venderla, supongo que lo debes tomar como un cumplido.

Pero me preocupa la presión a gente como Paola Ugaz y Pedro Salinas (autores del libro "Mitad monjes, mitad soldados", que reúne 30 testimonios de abusos ocurridos en el Sodalicio).

Ese acoso judicial que se está ejerciendo contra periodistas me preocupa mucho más que cualquier cosa que me pueda pasar a mí.

Si dejamos que ocurra en estos temas, va a empezar a ocurrir en otros temas también. Una sociedad en la que no se dicen las cosas es una sociedad en la que no se resuelven los problemas.

Además, lo que salió en el camino (de la denuncia contra Sanborns) es que hay muchos otros libros que se vetan en ese y muchos otros espacios sin que los lectores lo sepan.

También he hablado con un par de periodistas que tienen espacios en redes sociales que me decían: "Vamos a empezar hablando de otra cosa porque si el algoritmo detecta de qué estamos hablando, van a bajar la visibilidad de la entrevista".

Hay todo tipo de pequeños vetos de los que no somos conscientes. Obviamente las plataformas y las tiendas tienen derecho a escoger qué información retiran, pero los consumidores tenemos derecho a saber qué cosa no nos están enseñando.

Las cosas que no nos dejen leer son también las cosas que no nos dejan pensar. Así que es relevante saber cuáles son.

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