Ni masculino, ni femenino, ni neutro: cómo perdió el inglés el género gramatical

¿Cómo y cuándo, entonces, perdió el inglés el género gramatical? ¿Qué factores influyeron? ¿Fueron sociales, lingüísticos o fonológicos?
30 ago 2022 , 06:24
BBC News Mundo

Quizás una de las primeras sorpresas que nos llevamos muchos de los que aprendemos inglés como segundo idioma es no tener que preocuparnos con cuáles sustantivos son masculinos y cuáles son femeninos. Lo que se conoce como género gramatical.

O sea, los artículos definidos "el", "la" -y "lo", que se usa para lo abstracto o neutro- no existen. Así que la casa, el coche o lo bello, traducidos al inglés tienen un solo artículo: THE, que también se usa en el plural, pues el inglés tampoco diferencia entre "las" y "los".

La misma ambigüedad se manifiesta en los determinantes que en español serían "este" y "esta", "ese" y "esa", "aquel" y "aquella". THIS, THAT, THOSE se encargan de neutralizarlos.

Sin embargo, no siempre fue así. Históricamente, como todos los idiomas indoeuropeos, el inglés antiguo, o anglosajón, marcaba sustantivos masculinos, femeninos y neutros con sus artículos correspondientes.

Los adjetivos también se ajustaban al género y, como era un idioma altamente declinado, ese contraste cambiaba la finalización de las sustantivos y adjetivos en torno a su función dentro de la frase.

¿Cómo y cuándo, entonces, perdió el inglés el género gramatical? ¿Qué factores influyeron? ¿Fueron sociales, lingüísticos o fonológicos?

Para aclarar eso hay que ir al principio.

El origen del inglés

El inglés es descendiente de un grupo de dialectos germánicos hablados en regiones que van desde el norte de Alemania y lo que es hoy el sur de Dinamarca, la islas Frisias, hasta la costa de Países Bajos. Estos dialectos eran probablemente diferentes, pero mutuamente entendibles.

Jutos, anglos, sajones y frisones se asentaron en diferentes regiones de la principal isla británica -en la actual Inglaterra- de mediados a finales del siglo V. Sus dialectos se fusionaron en el idioma inglés y, desde un período muy temprano esos pueblos se conocieron como ingleses.

Como sucede con la mayoría de los idiomas, el ancestro del inglés entró en contacto con otras lenguas. En primer lugar, los invasores se encontraron con pueblos que hablaban diferentes dialectos celtas, aunque estos fueron paulatinamente desplazados hacia el occidente y sur occidente de la isla, en lo que hoy es Gales y Cornualles.

Por un lado, muy pocas palabras del celta fueron prestadas por el inglés en la antigüedad, aunque algunos expertos creen que el hecho que muchos adultos celtas aprendieron inglés como segundo idioma, tuvo una influencia profunda en la estructura del inglés.

Pero igualmente, en los siglos IX y X hubo una gran migración vikinga, de lengua nórdica (o escandinava), que se asentó en la región de Yorkshire, norte de Inglaterra y fue "un catalizador importante para el cambio en el inglés", comentó a BBC Mundo Robert McColl Millar, profesor de lingüística y del idioma escocés de la Universidad de Aberdeen, Escocia.

"El nórdico tiene un parentesco cercano con el inglés, probablemente fueron en parte mutuamente comprensibles en aquella época y eso tuvo un efecto profundo".

El inglés antiguo -como sus ancestrales dialectos germánicos- y el nórdico tenían los mismos géneros gramaticales, y también se declinaban, pero con algunas diferencias.

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El inglés antiguo tenía tres géneros gramaticales y sus artículos, sustantivos y adjetivos se declinaban según su función en la oración.

Mientras que muchas palabras podían compartir la misma raíz y parecerse entre ellas, el mismo sustantivo podía ser masculino para uno pero femenino para otro. Un ejemplo moderno de este fenómeno se ve en la palabra "idioma" que en alemán es die Sprache (femenino), pero en noruego es Sproke (neutro).

Además, el ancestral nórdico -como el noruego moderno- no tiene artículo definido que precede el sustantivo. Tiene una partícula definida, un sufijo que va al final de la palabra. Todo esto afectaba la declinación de los sustantivos y los adjetivos según su función en la oración.

"Imaginémonos a Yorkshire en el siglo IX", propone el profesor Millar refiriéndose a una conversación entre los hablantes del anglosajón y el nórdico viviendo lado a lado. "Tratarán de buscar un terreno en común, y como lo que es común son las palabras y no la información gramatical, lo hacen simplificando y racionalizando el sistema".

Entonces la conversación se daría sin esos artículos definidos, "la eliminación del género gramatical nivelaba el terreno para que todos se pudieran entender".

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Los anglosajones podían hacerse entender con los vikingos escandinavos porque compartían varias palabras similares.

La dilución del artículo definido

Para otros, sin embargo, no es cuestión de entendimiento sino de fonología.

"No nos deshacemos de cosas porque otros no entienden. Si alguien no entiende, ese es problema de ellos", expresó a BBC Mundo Aditi Lahiri, fonóloga y profesora de lingüística de la Universidad de Oxford.

"El género gramatical se marca con sonidos especiales. La fonología nos muestra cómo los sonidos cambian en contexto y cómo desaparecen en un contexto en particular", indicó la profesora Lahiri.

"En alemán, por ejemplo, el artículo definido tiene tres formas: der, die, das (masculino, femenino y neutro). Der se pronuncia casi como "dea" y si la consonante final de das desapareciera, sería realmente difícil diferenciar entre los tres artículos", explica la académica. "Muchos idiomas pierden la calidad distintiva de la vocal cuando está en una posición no acentuada.

"La falta de contraste sonoro, neutraliza el contraste de género. Si no hay marca fonológica que informe qué género tiene la palabra, el contraste desaparece. La única manera de conocer el género de una palabra neutralizada sería por la declinación del adjetivo, pero este también se neutralizó (en inglés)".

Es cuestión de una erosión gradual, indica Aditi Lahiri. Si el sonido no es suficientemente contrastante se va a diluir. Las siguientes generaciones ya no van a tener esa referencia y poco a poco desaparece.

Es muy difícil establecer cuándo se establecieron estos cambios, pero el profesor Millar sospecha que el la forma hablada, los pueblos se deshicieron de ese contraste bastante rápido en los diferentes dialectos, aunque no al mismo tiempo.

Texto ambiguo

Pero en el idioma escrito, la primera señal que hay del fenómeno sucede a comienzos del siglo X, con la glosa inglesa de los famosos Evangelios de Lindisfarne, uno de los manuscritos más importantes que sobreviven de la Inglaterra anglosajona.

"En gran parte está en lo que llamaríamos inglés antiguo clásico, pero también incluye dialecto northumbrio añadido por el glosador, un sacerdote llamado Aldred", cuenta Millar. "Él usa un artículo definido 'incorrectamente', un artículo definido femenino con un sustantivo neutro".

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Anotaciones añadidas a los Evangelios de Lindisfarne en el siglo X incluyen el uso ambiguo de los artículos.

Ese "error" es algo que la población en el suroccidente de Inglaterra, donde se hablaba el sajón occidental, nunca haría. Pero hay una difusión gradual del uso no específico del género y aparece una ambigüedad creciente sobre cuál era la forma correcta, dice el lingüista de la Universidad de Aberdeen. Empieza en el norte, más o menos en el siglo IX, y gradualmente se difunde hacia el sur.

Residuos del género gramatical

Después de la Conquista Normanda, en 1066, el inglés experimentó cambios significativos en su pronunciación, ortografía, gramática y principalmente en su vocabulario, debido a la monarquía francesa que se estableció durante varios siglos. Es el período del inglés medio.

Un gran número de palabras francesas entraron al léxico y sobreviven en el inglés actual, pero a pesar de que el francés sí conserva el género gramatical, éste no se volvió a imponer en el inglés. "El contacto con otros idiomas tiene su límite. Se tienden a prestar primordialmente sustantivos, pero una categoría gramatical es muy difícil. Se estaría cambiando todo el sistema de clasificación", expresó Aditi Lahiri de la Universidad de Oxford.

En el inglés actual y sus dialectos modernos, se encuentran unos pocos residuos del género gramatical, pero son solo de interés para lingüistas. No obstante, hay una tendencia en algunas variedades se marcar palabras con algo que puede parecerse al género gramatical, como la tendencia de los marinero de llamar los barcos "ella".

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Los marineros tienden a referirse a los barcos como ella.

El profesor Millar alude a un desarrollo particular en los dialectos de las islas de Shetland y Orkney en el norte de Escocia, en el que la mayoría de los objetos inanimados son él o ella. Y entre los dos dialectos hay distinciones: en Shetland se dice El puente, en Orkney es La puente.

"Sin son o no sobrevivientes del género gramatical, no sé, pero definitivamente hay algo de esto que es subyacente", reconoce Millar.

Neutralización del pronombre

Una distinción que sí mantiene el inglés son los pronombres según el género. Eso se debe, afirma la profesora Lahiri a que la fonología de he/she (él/ella en sujeto) y him/her (él/ella objeto) es tan diferente. Pero el plural se neutraliza con la palabra THEY, que no especifica género.

En años recientes, esa palabra neutra THEY para referirse a personas no binarias se ha vuelto un tema candente de discusión. Y no sólo en inglés, varios movimientos están intentando eliminar la distinción por género e imponer pronombres o sufijos ambiguos. "Elles" sería la opción en español.

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El "they" es una alternativa en inglés para neutralizar el pronombre.

Unas lenguas nunca lo han tenido. El finlandés, por ejemplo, nunca ha tenido el género gramatical ni un pronombre que diferencie masculino de femenino y el sueco ha tenido mucho éxito con el pronombre no específico, dice Robert McColl Millar.

"El inglés no se adapta tanto, porque hemos mantenido las divisiones sexuales naturales en los pronombres. Nos parecen naturales", comenta, "pero creo que sucederá, habrá que ver en 20 o 30 años".

Para la fonóloga Aditi Lahiri no cree que se deban eliminar elementos de un idioma por decreto. "Deberíamos deshacernos de la palabra 'género', porque la clasificación no tiene nada que ver con el género de las cosas, es gramatical".

Antes, la clasificación de las palabras era determinada según si se referían a algo animado o inanimado, explica. "En lugar de masculino, femenino y neutro, se podrían llamar a, b y c, eso lo haría más fácil o aceptable", concluye.

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