Manuel Avilés, el fotógrafo que recorre el mundo con su corazón puesto en Guayaquil

Manuel viaja por el planeta con dos maletas que suman 42.2 kilos.
Foto: Manuel Avilés
11 oct 2020 , 09:32

Partió hace un año y tres meses de la Perla del Pacífico. Ha visto paisajes que quitarían el aliento a más de uno. Pero siempre volvería a Guayaquil. Así lo asegura Manuel Avilés, el fotógrafo guayaquileño que emprendió a finales de 2018 su propia versión de

Admite que, como muchos, reniega de su ciudad, pero no la cambiaría. Es el sitio que lo vio nacer, donde vive su familia y donde ha conocido personas maravillosas. Y, ahora que ha visto tantos otros lugares, puede decir que se queda con Guayaquil. En Ecuavisa.com le pedimos que hiciera las comparaciones respectivas y este fue el resultado, lo bueno y lo malo: 

 

 

”Para mí la variedad, la abundancia de lugares pequeños -en los que te puedes comer un encebollado, un bolón, hamburguesas, hot dog- me parece fantástico. La comida la extraño cada día de mi vida”, confiesa Manuel. Asegura que, los ecuatorianos ven como normal, por ejemplo comer un pescado frito a bajo costo en la orilla de la playa, o un bolón, pero eso “no es normal”. Para preparse un encebollado en Malasia tuvo que esperar tres meses hasta que consiguió un atún. La abundancia de pesca no es algo regular en países como Panamá o sino es muy caro de encontrar, algo que sobrepasa el presupuesto de un mochilero. 

 

 

”Sí hay ciudades futboleras como Buenos Aires y Manchester, pero creo que la manera criolla que se vive en Guayaquil, me parece muy genial”. Manuel destaca la rivalidad histórica entre los equipos del Astillero, Barcelona y Emelec, y cómo su gente no solo la comparte sino que la vive cada día, cada partido, con las banderas, las caras pintadas y los gritos por un gol. 

 

 

”Cuando era más joven se escucha a Julio Jaramillo en el bus, ahora en las calles y en los carros se oyendo salsa y reguetón, todos esos generos son lo que ahora analizo y extraño, en mi andar por el mundo”. Guayaquil es una ciudad musical exquisita, afirma. 

 

 

”Una de las cosas que amo de Guayaquil es que si tu preguntas algo vas a tener a más de una persona siendo acomedida en responder, en ayudarte, en llevarte. Digamos que estoy en avenida 9 de Octubre y Córdoba, y le pregunto a cualquier persona un lugar y ese individuo aún no se ubica, pero viene otro y otro y todo el mundo va a tratar de ayudarte. Eso me parece que tiene Guayaquil, que la gente quiere mucho al extranjero. Más de uno se va a acercar para ayudarlo y en Guayaquil tú lo puedes sentir”, comenta.

 

Y aquí, inevitablemente viene lo malo...

 

 

”En muchos países de Medio Oriente no hay ladrones, no sé si sabías eso. Por la Sharia, su código de conducta, aún castigan el robo y otros delitos cortando la mano del acusado. En cambio, en Guayaquil y en Ecuador estoy con la paranoia. Acá (actualmente en Albania) puedo estar con mi cámara de fotos a la hora que me de la gana y nadie me va a robar. Eso lo he vivido desde que dejé América”, asevera Manuel. Sin embargo, no todo al otro lado del mundo es color de rosa, pues en Etiopía (África) sí le intentaron robar, pero Manuel recuerda que ha sido el único lugar donde sintió peligro luego de cruzar el océano. 

 

 

Así reza el libro de Julio Verne y para Manuel, en ocasiones, ha sido igual. Se convirtió en mochilero y conoció a otros como él. Sus mochilas que suman 42.2 kilos, es decir 93 libras, no lo amedretaron para iniciar su viaje en Perú, a finales de 2018, con el objetivo de recorrer 75 países, las siete maravillas del mundo y los cinco continentes.

 

Luego de Perú, fue a Bolivia y recorrió parte de Ecuador y América, para luego cruzar a Europa.

 

En medio de la travesía, se desató la pandemia por el coronavirus COVID-19. En febrero, mientras estaba con la tribu Masai en Kenia, escuchó por primera vez sobre el coronavirus. Luego, en India “la cosa se puso fea por la insalubridad”. Contó que una amiga argentina la expulsada del hotel por tener fiebre. La Embajada de Ecuador se contactó con la del país hermano para que la pudieran socorrer. 

 

Los casos de COVID-19 aumentaban exponencialmente y la cónsul de Ecuador le recomendó irse. Por ello, se refugio en Malasia, donde una amiga que hizo en Egipto tiene una escuela de buceo. Manuel pensó que estaría en Tioman unas dos semanas, pero el confinamiento duró casi tres meses. Las aguas prístinas de la isla paradisíaca pronto se convirtieron en una rutina que casi lo mata. 

 

Tras el fin del confinamiento en Malasia, le siguió Kuala Lumpur y de allí Turquía. Ahora Manuel está en Albania. En unos días espera partir hacia Nepal para hacer un trekking al campo base del monte Everest, Bangladesh o Pakistán.

 

Con 42 naciones recorridas en esta aventura, Manuel admitió que teme no lograr su objetivo. “Si no completo los 75 por lo menos llegar a 60/65 países, que todo el mundo va a entender que fue humanamente imposible. Los continentes sí quiero completarlos y las maravillas del mundo también, falta que abra Italia y China que son las que me faltan”, expresó Manuel esperanzado. 

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