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La trampa de las herencias

Redacción

tmenendez

|

Lunes 30 de Mayo de 2016 - 13:15
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Mientras el Gobierno no envíe a la Asamblea el proyecto de ley de Herencias y Plusvalía, su anuncio efectuado durante el Informe a la Nación del 24 de mayo de 2016, puede interpretarse como un simple distractor. Es decir, que la opinión pública, los políticos y la sociedad en general hablen de este tema, mientras hay problemas económicos mucho más urgentes. 
 
Las imágenes del puente Rumichaca, que la prensa registró este fin de semana, producen escalofrío. Miles de autos haciendo filas de hasta cuatro horas en la frontera para llegar a Ipiales y abastecerse de todo lo que sea posible y así ahorrarse en Ecuador, por un buen tiempo, el IVA del 14% que regirá desde el 1 de junio.
 
Hay varias maneras de entender a esa marea de compradores. Unos dirán que el sentimiento de solidaridad ecuatoriano por el terremoto en Manabí fue flor de un día, pues los dos puntos más a este tributo se fijaron para la reconstrucción. Por lo tanto, lo responsable y lo cívico es gastar el dinero en Ecuador. Sin embargo, no es menos cierto que las personas, sobre todo en economía, se mueven según la racionalidad de sus preferencias: comprar donde les resulte más barato.
 
Si la desaceleración económica ha empezado a mostrar una serie de distorsiones, en cuya foto patética está la modesta ciudad de Ipiales convertida en un gran supermercado, ¿qué sentido tiene en este momento hablar de la famosa ley de Herencias? La explicación solo puede ser política.
 
El Régimen ha constatado una vez más que el discurso del Presidente de la República, para justificar medidas como el alza del IVA, no están a tono con la realidad. En su informe de labores, el Mandatario dijo que el aumento de este impuesto no será recesivo porque esa plata se va a quedar en el país para dinamizar la reconstrucción y, por ejemplo, generar fuentes de trabajo. Si bien estas ideas las repiten una y mil veces sus ministros, asambleístas, así como el incesante aparato de propaganda, el escape a Ipiales las desvirtúa cada fin de semana. Según su Cámara de Comercio, durante este feriado se vendió un millón de dólares diarios, sin contar a la gente que viajó hasta Pasto e incluso a Cali.
 
El problema económico es de fondo, porque mientras el sur de Colombia se dinamiza con los dólares que salen por Rumichaca, las ciudades ecuatorianas viven ya una contracción que se agudizará conforme se materialicen las reformas tributarias y otras medidas como los incentivos al uso del dinero electrónico, que ágilmente aprobó la Asamblea por pedido del Gobierno. La gente, simplemente, está dejando de consumir en un país caro.
 
Ante a ese panorama, sería un absurdo hablar exclusivamente de las herencias. Al Régimen le interesa instalar ese foco de conflicto, para exacerbar en su estrategia discursiva la lucha de los pobres frente a los ricos y mantener la distracción. Por eso no sería nada extraño que su envío tarde algún tiempo o que se lo haga por la vía ordinaria para que su análisis se extienda hasta que llegue la campaña electoral. 
 
Por: Carlos Rojas Araujo

Mientras el Gobierno no envíe a la Asamblea el proyecto de ley de Herencias y Plusvalía, su anuncio efectuado durante el Informe a la Nación del 24 de mayo de 2016, puede interpretarse como un simple distractor. Es decir, que la opinión pública, los políticos y la sociedad en general hablen de este tema, mientras hay problemas económicos mucho más urgentes. 

 

Las imágenes del puente Rumichaca, que la prensa registró este fin de semana, producen escalofrío. Miles de autos haciendo filas de hasta cuatro horas en la frontera para llegar a Ipiales y abastecerse de todo lo que sea posible y así ahorrarse en Ecuador, por un buen tiempo, el IVA del 14% que regirá desde el 1 de junio.

 

Hay varias maneras de entender a esa marea de compradores. Unos dirán que el sentimiento de solidaridad ecuatoriano por el terremoto en Manabí fue flor de un día, pues los dos puntos más a este tributo se fijaron para la reconstrucción. Por lo tanto, lo responsable y lo cívico es gastar el dinero en Ecuador. Sin embargo, no es menos cierto que las personas, sobre todo en economía, se mueven según la racionalidad de sus preferencias: comprar donde les resulte más barato.

 

Si la desaceleración económica ha empezado a mostrar una serie de distorsiones, en cuya foto patética está la modesta ciudad de Ipiales convertida en un gran supermercado, ¿qué sentido tiene en este momento hablar de la famosa ley de Herencias? La explicación solo puede ser política.

 

El Régimen ha constatado una vez más que el discurso del Presidente de la República, para justificar medidas como el alza del IVA, no están a tono con la realidad. En su informe de labores, el Mandatario dijo que el aumento de este impuesto no será recesivo porque esa plata se va a quedar en el país para dinamizar la reconstrucción y, por ejemplo, generar fuentes de trabajo. Si bien estas ideas las repiten una y mil veces sus ministros, asambleístas, así como el incesante aparato de propaganda, el escape a Ipiales las desvirtúa cada fin de semana. Según su Cámara de Comercio, durante este feriado se vendió un millón de dólares diarios, sin contar a la gente que viajó hasta Pasto e incluso a Cali.

 

El problema económico es de fondo, porque mientras el sur de Colombia se dinamiza con los dólares que salen por Rumichaca, las ciudades ecuatorianas viven ya una contracción que se agudizará conforme se materialicen las reformas tributarias y otras medidas como los incentivos al uso del dinero electrónico, que ágilmente aprobó la Asamblea por pedido del Gobierno. La gente, simplemente, está dejando de consumir en un país caro.

 

Ante a ese panorama, sería un absurdo hablar exclusivamente de las herencias. Al Régimen le interesa instalar ese foco de conflicto, para exacerbar en su estrategia discursiva la lucha de los pobres frente a los ricos y mantener la distracción. Por eso no sería nada extraño que su envío tarde algún tiempo o que se lo haga por la vía ordinaria para que su análisis se extienda hasta que llegue la campaña electoral. 

 

 

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