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La Navidad en las familias de los extramuros de Guayaquil

Redacción

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Viernes 21 de Diciembre de 2012 - 20:01
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La Navidad es concebida por muchos como el tiempo de los regalos, las cenas y las celebraciones. Sin embargo, hay miles de hogares en el Ecuador en donde será muy diferente. En la periferia de Guayaquil se pueden encontrar varias historias de personas que buscan la manera de construir una noche buena pese a las adversidades.

En los extramuros de la ciudad del puerto, donde las casas son de palo y las calles de tierra, Ricardo Bernitta sale a alimentar a sus pollos. En su casa, un pequeño árbol es lo único que refiere a la navidad. El desempleo le pone condiciones a tradiciones, obsequios y cenas.

Cerca a la casa de Ricardo se encuentra el hogar de Viviana Bonilla Ávila. Ella debería estar estudiando, sin embargo prefiere ayudar con los quehaceres de su casa. Su esposo es albañil, pero hace poco se fue de la casa. Con techo de zinc, en ella solo hay una cama para todos y nada de espacio para la Navidad.

Por otro lado, Jéssica Cortéz tiene cinco hijos y una cocina de carbón que con suerte se prende una vez al día. Con la ayuda de su madre, esta abnegada mujer busca un regalo para sus hijos, aunque quisiera poder darles el mejor.

Así transcurre diciembre y el resto de meses para estas familias. Entre la promesa y la decepción, entre la búsqueda de todo y la lucha por conseguir aunque sea lo básico. Ya se está terminando el año y quizás la diferencia radica en que al menos de nombre, ahora habrá una noche buena.

La Navidad es concebida por muchos como el tiempo de los regalos, las cenas y las celebraciones. Sin embargo, hay miles de hogares en el Ecuador en donde será muy diferente. En la periferia de Guayaquil se pueden encontrar varias historias de personas que buscan la manera de construir una noche buena pese a las adversidades.

En los extramuros de la ciudad del puerto, donde las casas son de palo y las calles de tierra, Ricardo Bernitta sale a alimentar a sus pollos. En su casa, un pequeño árbol es lo único que refiere a la navidad. El desempleo le pone condiciones a tradiciones, obsequios y cenas.

Cerca a la casa de Ricardo se encuentra el hogar de Viviana Bonilla Ávila. Ella debería estar estudiando, sin embargo prefiere ayudar con los quehaceres de su casa. Su esposo es albañil, pero hace poco se fue de la casa. Con techo de zinc, en ella solo hay una cama para todos y nada de espacio para la Navidad.

Por otro lado, Jéssica Cortéz tiene cinco hijos y una cocina de carbón que con suerte se prende una vez al día. Con la ayuda de su madre, esta abnegada mujer busca un regalo para sus hijos, aunque quisiera poder darles el mejor.

Así transcurre diciembre y el resto de meses para estas familias. Entre la promesa y la decepción, entre la búsqueda de todo y la lucha por conseguir aunque sea lo básico. Ya se está terminando el año y quizás la diferencia radica en que al menos de nombre, ahora habrá una noche buena.

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