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La actividad del pescador artesanal no termina en el mar. Foto: Archivo -
La actividad del pescador artesanal no termina en el mar. Foto: Archivo -
La actividad del pescador artesanal no termina en el mar. Foto: Archivo
Comercializar su mercadería es la otra mitad de su trabajo.
La jornada de los pescadores empieza muy temprano, dicen que la luna los ayuda. Ese es el caso de José González y su compañero de faena Cali. Se han vuelto amigos, y aseguran que así pueden ser mejores tripulantes.
Salen desde el muelle de Santa Rosa, en la provincia de El Oro. Allí iniciamos a una larga jornada de pesca. Todavía faltaba mucho para que amanezca, tiempo para compartir experiencias, de esas que viven a diario.
Ellos señalan que cada día ponen en riesgo su vida, intentan convivir con situaciones peligrosas como el mal clima, oleajes y los delincuentes de alta mar.
Llegó el momento de recoger las redes y avanzar al puerto. La otra mitad de su jornada se desarrolla en tierra. La mañana empieza y decenas de embarcaciones artesanales arriban a la costa. Todas al mismo sitio.
Son las tres de la tarde y las actividades en el puerto de Santa Rosa no paran. Aquí los pescadores comercializan su mercadería, hay espacio para todos, quienes se dedican a pesar el producto, los intermediarios y el consumidor final.
Solo en esta localidad cuatro mil personas tejen un paisaje en movimiento. Una comunidad que siente la pesca como una herencia familiar.
En la sección de video vea esta segunda entrega especial preparada por William Yong.
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