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Foto: AFP

Como un cometa destinado a transitar por dos mundos lejanos, Yalitza Aparicio pasó de ser una tímida maestra de preescolar en un polvoriento poblado indígena de las montañas de México a una aclamada actriz del glamuroso Hollywood. Un camino de rosas marcado por las espinas del racismo.

 

Paradójicamente, esta sobria joven de 25 años y origen indígena, mitad triqui y mitad mixteca, no había visto una cinta en pantalla grande hasta que a los 15 años viajó con su escuela a Puebla, a unos 350 kilómetros de su natal Tlaxiaco.