Inicio ·Noticias · Artículo

Una madre con un trabajo que se creía era solo para hombres

Redacción

gpinasco

|

Viernes 08 de Mayo de 2015 - 16:04
compártelo
  • Paulina Benítez es la única mujer que trabaja en el sector conocido como 'El Infierno', debido a las altas temperaturas. Fotos: César Velasteguí.
Paulina Benítez es la única mujer que trabaja en el sector conocido como 'El Infierno', debido a las altas temperaturas. Fotos: César Velasteguí.
El amor de madre es inimaginable, conseguir una fuente de ingreso le llevó a Paulina Benítez a hacer un trabajo único, ella pinta embarcaciones navales. Aprendió este oficio en España en donde lo hacia de manera ilegal, y en el 2010 regresó al país con su hija para salir adelante.
 
Paulina trabaja en los diques de Astinave en el sur de Guayaquil, en este lugar se da mantenimiento a las embarcaciones de la Armada. Es la única mujer que trabaja en el sector conocido como 'El Infierno', debido a las altas temperaturas.
 
 
Es la encargada de la estética de los buques de guerra, dragas e incluso naves de combustible. Con ayuda de una grúa y andamio sobre los 12 metros de altura, retoca las naves.
 
“Yo vivía en España, no trabajé en sí en el astillero, porque no tenía documentación, pero trabajé por obra”, comenta. 
 
Entre siete y ocho días toma pintar un barco de estas proporciones, aunque no lo hace sola, sino con ayuda de otros cinco pintores. Pero ella es quien plasma los nombres en los barcos. “Si eres madre soltera, trabajas para darle lo mejor a ella, entonces las dos sabemos lo que tenemos que hacer. Ella estudiar y yo trabajar para poderle dar lo que ella me pide”. 
 
 
Su hija de nueve años, María Paula, la espera todas las tardes a las 18h30. La pequeña cuenta a su parecer, el trabajo de su mamá es “difícil, porque se puede caer”. 
 
Las dos inician su día juntas desde muy temprano. Al despedirse para ir a trabajar y a la escuela, saben que al final de la jornada nuevamente estarán juntas para contarse cómo les fue en sus actividades, pequeñas cosas que fortalecen los lazos entre madre e hija.
 

El amor de madre es inimaginable, conseguir una fuente de ingreso le llevó a Paulina Benítez a hacer un trabajo único, ella pinta embarcaciones navales. Aprendió este oficio en España en donde lo hacia de manera ilegal, y en el 2010 regresó al país con su hija para salir adelante.

 

Paulina trabaja en los diques de Astinave en el sur de Guayaquil, en este lugar se da mantenimiento a las embarcaciones de la Armada. Es la única mujer que trabaja en el sector conocido como 'El Infierno', debido a las altas temperaturas.

 

Lea: MADRES CON NIÑOS ESPECIALES DESAFÍAN LA ADVERSIDAD CON AMOR

 

Es la encargada de la estética de los buques de guerra, dragas e incluso naves de combustible. Con ayuda de una grúa y andamio sobre los 12 metros de altura, retoca las naves.

 

“Yo vivía en España, no trabajé en sí en el astillero, porque no tenía documentación, pero trabajé por obra”, comenta. 

 

Entre siete y ocho días toma pintar un barco de estas proporciones, aunque no lo hace sola, sino con ayuda de otros cinco pintores. Pero ella es quien plasma los nombres en los barcos. “Si eres madre soltera, trabajas para darle lo mejor a ella, entonces las dos sabemos lo que tenemos que hacer. Ella estudiar y yo trabajar para poderle dar lo que ella me pide”. 

 

Lea: VIDEO: LAS MADRES ADOPTIVAS DEL REINO ANIMAL

 

Su hija de nueve años, María Paula, la espera todas las tardes a las 18h30. La pequeña cuenta a su parecer, el trabajo de su mamá es “difícil, porque se puede caer”. 

 

Las dos inician su día juntas desde muy temprano. Al despedirse para ir a trabajar y a la escuela, saben que al final de la jornada nuevamente estarán juntas para contarse cómo les fue en sus actividades, pequeñas cosas que fortalecen los lazos entre madre e hija.

 

Formulario vía emBluemail
SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES
Le puede interesar
Le recomendamos