Islas Feroe ve posible la independencia

El archipiélago tiene mejores indicadores económicos que su regente, Dinamarca

Foto: Erik Christensen | Wikimedia Commons
19 Junio, 2018, 9:40 am
Por: Redacción 

"Hace 600 años que Dinamarca nos ocupa. ¡Basta ya!". En su vieja goleta restaurada, Birgir Enni no se anda con rodeos sobre la aspiración de buena parte de la población de las islas Feroe: soltar amarras.

En el Atlántico Norte, a más de 1.100 km de la potencia tutelar, este archipiélago autónomo desde 1948 posee una bandera (una cruz roja ribeteada de azul sobre fondo blanco), una lengua derivada del nórdico antiguo que hablaban los vikingos y sus propias instituciones y cultura.

La idea de independizarse gana adeptos en este territorio situado entre fiordos y montañas pobladas de ovejas y envueltas en nieblina.

"No somos daneses, nunca seremos daneses, no podemos ser daneses, somos feroeses, punto y se acabó", sostiene el ministro de Relaciones Exteriores y Comercio, Poul Michelsen, líder del partido del Progreso, una pequeña formación separatista.

"La independencia se forja a diario. Cada día, nos acercamos a ella asumiendo cada vez más responsabilidades. La distancia entre Dinamarca y las Feroe aumenta naturalmente", explica en su oficina de Tórshavn, la capital.

Después de la transferencia programada de los asuntos migratorios a las autoridades provinciales, Copenhague sólo controlará los temas de defensa y algunos aspectos de política exterior, monetaria y judicial.

- Economía floreciente -

El gobierno local -una alianza de derecha, izquierda, independistas e unionistas- redacta actualmente una Constitución, un compendio que supuestamente capta la esencia feroesa y que algunos ven como la última pieza del puzle que permitirá la emancipación.

El texto, que consagrará el derecho de los feroeses a la autodeterminación, debía ser sometido a referéndum en abril pero se postergó en aras de un mayor consenso político.

"Dinamarca no es un amo severo", reconoce Hanna Jensen, otra cofundadora del partido del Progreso. Pero "tiene sus propias motivaciones, necesidades e intereses, sé que intentan tener en cuenta nuestras necesidades, motivaciones y deseos pero a menudo entran en colisión".

Este conflicto de intereses ha quedado patente en una disputa sobre cuotas pesqueras al comienzo de los años 2010, cuando Dinamarca se unió al boicot impuesto por la UE (de la que las islas Feroe no forman parte) al pescado feroés.

El episodio ha dejado huella en este territorio que vive esencialmente del mar.

Gracias a la pesca, a la agricultua y al turismo, las islas Feroe gozan de gran prosperidad económica, y eso a pesar de que el esperado maná petrolero se hace desear. Una realidad que contrasta con las dificultades de Groenlandia, otra provincia danesa.

El desempleo es casi inexistente y el Producto Interior Bruto por habitante supera al de Dinamarca. Las autoridades feroesas son tan optimistas que pidieron a Copenhague reducir hasta 642 millones de coronas (86 millones de euros, 99 millones de dólares) la subvención anual (frente a los 982 millones de 2001) para así mermar su influencia en la economía.

- Una población dividida -

El sentimiento de identidad nacional surgió a finales del siglo XIX, pero hubo que esperar a 1937 para que el feroés se convirtiera en lengua.

La Segunda Guerra Mundial acrecentó este sentimiento cuando las islas Feroe, invadidas por el ejército británico, tuvieron que autogestionarse dado que Dinamarca estaba controlada por los nazis.

En 1946, un referéndum otorgó la victoria por corto margen a los independendistas. Copenhague reaccionó disolviendo el Løgting, el parlamento feroés.

En el puerto de Tórshavn, entre callejuelas y casas de cubiertas vegetales, las opiniones discrepan.

"No me plantea ningún problema estar unido a Dinamarca", afirma Øssur Hovland, un profesor jubilado de 71 años. "Somos 50.000 personas, es más práctico estar en el seno de una nación de 5 millones de habitantes".

En su goleta, Birgir Enni, de 69 años, disiente: "Estamos tan lejos de todo y tenemos de todo en abundancia. No necesitamos nada ni a nadie". 

AFP

"Hace 600 años que Dinamarca nos ocupa. ¡Basta ya!". En su vieja goleta restaurada, Birgir Enni no se anda con rodeos sobre la aspiración de buena parte de la población de las islas Feroe: soltar amarras.

En el Atlántico Norte, a más de 1.100 km de la potencia tutelar, este archipiélago autónomo desde 1948 posee una bandera (una cruz roja ribeteada de azul sobre fondo blanco), una lengua derivada del nórdico antiguo que hablaban los vikingos y sus propias instituciones y cultura.

La idea de independizarse gana adeptos en este territorio situado entre fiordos y montañas pobladas de ovejas y envueltas en nieblina.

"No somos daneses, nunca seremos daneses, no podemos ser daneses, somos feroeses, punto y se acabó", sostiene el ministro de Relaciones Exteriores y Comercio, Poul Michelsen, líder del partido del Progreso, una pequeña formación separatista.

"La independencia se forja a diario. Cada día, nos acercamos a ella asumiendo cada vez más responsabilidades. La distancia entre Dinamarca y las Feroe aumenta naturalmente", explica en su oficina de Tórshavn, la capital.

Después de la transferencia programada de los asuntos migratorios a las autoridades provinciales, Copenhague sólo controlará los temas de defensa y algunos aspectos de política exterior, monetaria y judicial.

- Economía floreciente -

El gobierno local -una alianza de derecha, izquierda, independistas e unionistas- redacta actualmente una Constitución, un compendio que supuestamente capta la esencia feroesa y que algunos ven como la última pieza del puzle que permitirá la emancipación.

El texto, que consagrará el derecho de los feroeses a la autodeterminación, debía ser sometido a referéndum en abril pero se postergó en aras de un mayor consenso político.

"Dinamarca no es un amo severo", reconoce Hanna Jensen, otra cofundadora del partido del Progreso. Pero "tiene sus propias motivaciones, necesidades e intereses, sé que intentan tener en cuenta nuestras necesidades, motivaciones y deseos pero a menudo entran en colisión".

Este conflicto de intereses ha quedado patente en una disputa sobre cuotas pesqueras al comienzo de los años 2010, cuando Dinamarca se unió al boicot impuesto por la UE (de la que las islas Feroe no forman parte) al pescado feroés.

El episodio ha dejado huella en este territorio que vive esencialmente del mar.

Gracias a la pesca, a la agricultua y al turismo, las islas Feroe gozan de gran prosperidad económica, y eso a pesar de que el esperado maná petrolero se hace desear. Una realidad que contrasta con las dificultades de Groenlandia, otra provincia danesa.

El desempleo es casi inexistente y el Producto Interior Bruto por habitante supera al de Dinamarca. Las autoridades feroesas son tan optimistas que pidieron a Copenhague reducir hasta 642 millones de coronas (86 millones de euros, 99 millones de dólares) la subvención anual (frente a los 982 millones de 2001) para así mermar su influencia en la economía.

- Una población dividida -

El sentimiento de identidad nacional surgió a finales del siglo XIX, pero hubo que esperar a 1937 para que el feroés se convirtiera en lengua.

La Segunda Guerra Mundial acrecentó este sentimiento cuando las islas Feroe, invadidas por el ejército británico, tuvieron que autogestionarse dado que Dinamarca estaba controlada por los nazis.

En 1946, un referéndum otorgó la victoria por corto margen a los independendistas. Copenhague reaccionó disolviendo el Løgting, el parlamento feroés.

En el puerto de Tórshavn, entre callejuelas y casas de cubiertas vegetales, las opiniones discrepan.

"No me plantea ningún problema estar unido a Dinamarca", afirma Øssur Hovland, un profesor jubilado de 71 años. "Somos 50.000 personas, es más práctico estar en el seno de una nación de 5 millones de habitantes".

En su goleta, Birgir Enni, de 69 años, disiente: "Estamos tan lejos de todo y tenemos de todo en abundancia. No necesitamos nada ni a nadie".