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Añangu: ejemplo de emprendimiento y ecoturismo en el corazón del Yasuní

Redacción

mguaman

|

Miércoles 04 de Septiembre de 2013 - 13:19
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Seguimos el viaje por el corazón del Yasuní. Ya vimos como las mujeres en Añangu manejan la red de turismo comunitario.
 
Todavía hay mucho más que ver y experimentar en Añangu, antes de que el río nos lleve a una nueva comunidad dentro del Yasuní. 
 
Gloria es una turista que llegó con un terrible problema. Su cuerpo no produce leche y acaba de tener un bebé. Entonces busca al chamán para que le ayude y haga volver a su seno el alimento de su bebé.
 
Juan tiene 80 años, es chamán y desde su juventud ha sido el médico que cura. Interpreta o traduce las señales de la naturaleza y por ello se ha ganado el respeto de todos.
 
Otro de los guías comunitarios es Mariano, quien guía por un brazo de río, sin motores que impulsen la embarcación. Aquí, el remo se toma por turnos y la navegación es larga. 
 
De pronto la selva cobra vida. En una orilla, una boa retoza satisfecha y cerca de ella, dos nutrias gigantes también descansan. Ambas especies están en peligro de extinción.
 
La laguna de Añangu se abre ante nosotros y en el fondo se descubre la joya entre los proyectos turísticos comunitarios de todos los que bordean al Yasuní. En el muelle nos recibe Miguel Andy, quien está al frente del Napo Wildlife Center, el más grande y la mejor alternativa de un eco-hotel de lujo en la Amazonía del Ecuador. Este proyecto de ecoturismo incluye la conservación de aproximadamente más de 82 millas cuadradas (53.500 acres - más de 21.400 héctareas) de la selva tropical más antigua del Amazonas en el Parque Nacional Yasuní, la más importante reserva de Biosfera de la UNESCO y la mayor extensión de selva tropical en el Ecuador.
 
Miguel Andy, gerente general Napo Wildlife Center, cuenta que cada detalle de lo que hoy es el hotel, fue trasladado durante años en rutas diarias de dos horas, cada una a pura fuerza de remo para no perturbar la paz de la selva y añadió que tienen 15 años en la zona y en todo ese tiempo, no han maltratado el ecosistema.
 
Esta comunidad deja buenas enseñanzas. Poco a poco y casi en silencio, la comunidad Kichwa de Añangu ha logrado probar que un proyecto turístico comunitario que respete el entorno natural, si es posible. Todo es cuestión de proponérselo y de ejecutarlo con mucho esfuerzo, responsabilidad ambiental y buena voluntad.
 

Seguimos el viaje por el corazón del Yasuní. Ya vimos como las mujeres en Añangu manejan la red de turismo comunitario.

 

Todavía hay mucho más que ver y experimentar en Añangu, antes de que el río nos lleve a una nueva comunidad dentro del Yasuní. 

 

Gloria es una turista que llegó con un terrible problema. Su cuerpo no produce leche y acaba de tener un bebé. Entonces busca al chamán para que le ayude y haga volver a su seno el alimento de su bebé.

 

Juan tiene 80 años, es chamán y desde su juventud ha sido el médico que cura. Interpreta o traduce las señales de la naturaleza y por ello se ha ganado el respeto de todos.

 

Otro de los guías comunitarios es Mariano, quien guía por un brazo de río, sin motores que impulsen la embarcación. Aquí, el remo se toma por turnos y la navegación es larga. 

 

De pronto la selva cobra vida. En una orilla, una boa retoza satisfecha y cerca de ella, dos nutrias gigantes también descansan. Ambas especies están en peligro de extinción.

 

La laguna de Añangu se abre ante nosotros y en el fondo se descubre la joya entre los proyectos turísticos comunitarios de todos los que bordean al Yasuní. En el muelle nos recibe Miguel Andy, quien está al frente del Napo Wildlife Center, el más grande y la mejor alternativa de un eco-hotel de lujo en la Amazonía del Ecuador. Este proyecto de ecoturismo incluye la conservación de aproximadamente más de 82 millas cuadradas (53.500 acres - más de 21.400 héctareas) de la selva tropical más antigua del Amazonas en el Parque Nacional Yasuní, la más importante reserva de Biosfera de la UNESCO y la mayor extensión de selva tropical en el Ecuador.

 

Miguel Andy, gerente general Napo Wildlife Center, cuenta que cada detalle de lo que hoy es el hotel, fue trasladado durante años en rutas diarias de dos horas, cada una a pura fuerza de remo para no perturbar la paz de la selva y añadió que tienen 15 años en la zona y en todo ese tiempo, no han maltratado el ecosistema.

 

Esta comunidad deja buenas enseñanzas. Poco a poco y casi en silencio, la comunidad Kichwa de Añangu ha logrado probar que un proyecto turístico comunitario que respete el entorno natural, si es posible. Todo es cuestión de proponérselo y de ejecutarlo con mucho esfuerzo, responsabilidad ambiental y buena voluntad.

 

Formulario vía emBluemail
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