¿Cómo han cambiado los amotinamientos en Ecuador?

En 2020 se registraron 9 motines y 22 hechos violentos.

Actualmente según las autoridades el hacinamiento en cárceles llega al 30%. Foto: Jhosue Vite.
2 Marzo, 2021, 10:00 am
Por: Gisella Rojas 
El historial de amotinamientos en el país ha cambiado. Ayer 1 de marzo se confirmó un nuevo disturbio en la cárcel regional de Cotopaxi, tras haber motines simultáneos el pasado 23 de febrero, en las cárceles de Cuenca, Latacunga, y en dos centros de la provincia del Guayas. El hecho se convirtió en la mayor tragedia carcelaria en la historia del país dejando un total de 81 fallecidos.  
 
Ante la situación, algunas preguntas intentan entender el problema de raíz: ¿qué se considera como amotinamiento? ¿cuántos se han registrado? ¿siempre fueron tan violentos? Al buscar la definición más básica, la Real Academia Española (RAE), lo define como un “levantamiento colectivo de presos contra la autoridad penitenciaria”.  Para Vianca Gavilanes, coordinadora de Gestión de la Fundación Dignidad,  dedicada a defender y promover los derechos de personas en contextos de encierro, señala que la definición internacional de motín es “el rechazo a la autoridad penitenciaria por parte  de las personas privadas de libertad, siempre busca la liberación, es decir, una fuga masiva, o busca el control del centro penitenciario”, explica. 
 
Sin embargo, existen hechos violentos, que no buscan ni lo uno, ni lo otro, pero que igual suelen ser clasificados por las autoridades como motines, cuando según Gavilanes, son ataques carcelarios ligados a otras problemáticas. “Desde el 2020 se empezaron a ver muchísimo más los ‘mal llamados amotinamientos’ a ataques de cárceles,  lo cual invisibiliza los motivos, y la situación real de lo que ha sucedido en los centros penitenciarios”, dice. 
 
 
Así, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), en el 2018, contabilizó siete ataques en centros penitenciarios, mientras que, en 2019 hubo ocho ataques, seis en Guayaquil, y dos en Latacunga.  Asimismo, en el 2020 según un monitoreo realizado por la Fundación Dignidad a los datos del SNAI, se registraron nueve motines y 22 hechos violentos, entre asesinatos, fugas y requisas en las cárceles del país. 
 
Ante los datos, Gavilanes alega que “de los nueve amotinamientos (registrados en 2020), igual, existe un subregistro, pues hay diferencias muy marcadas en estos amotinamientos, pues algunos responden a necesidades de las personas privadas de libertad, como huelgas de hambre que se hicieron durante el 2020 por la falta de atención durante la pandemia, y otros son riñas y peleas. Están clasificando todo alrededor de la violencia carcelaria como motín”, asegura. 
 
Ecuavisa solicitó una entrevista con Edmundo Moncayo, director general del Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de Libertad y a Adolescentes Infractores (SNAI), sobre el tema, pero hasta el cierre de este reportaje no hubo respuesta. 
 

¿Han cambiado los amotinamientos? 
 
Sí, nunca antes habían sido tan violentos.  Jorge Núñez, antropólogo y quien ha trabajado con prisioneros y ex prisioneros por 20 años, manifiesta que “lo que se puede observar en la historia de amotinamientos en cárceles ecuatorianas es que varían sustancialmente previo a la reforma de 2014 y después de la reforma”. 
 
Núñez, de hecho, en 2004 participó en un motín que duró 48 horas y fue pacífico. “Los elementos que habían en ese motín eran muy claros: había un pliego de peticiones por parte de un comité de internos, había un tiempo que iba a durar el motín, y era básicamente abrir un espacio de negociación con la autoridad”, recuerda. 
 
Sin embargo, con la reforma, enfatiza el antropólogo, hubo tres factores que cambiaron la configuración de los motines, “primero se desmoviliza los comités de internos, entonces el pliego de peticiones desaparece, segundo, en la reforma de 2014, se construye tres mega cárceles y son construidas en zonas rurales, entonces, se crea una distancia geográfica. Tercero, se corta el vínculo humano que había en las cárceles, solo tres días de visita, poco contacto con las univerisadades, las ONG (...) en las nuevas reformas la población penitenciaria queda aislada”.  Estos son los detonantes, dice, para que los motines del 23 de febrero hayan sido, “extremadamente violentos (..) han cambiado, no eran pabellones tratando de matarse en sí”. 
 
Concuerda con ello, Gavilanes, para ella el último motín es un estallido, “reducir toda la problemática penitenciaria como han señalado la autoridades a solo un problema entre bandas criminales, nos parece que invisibiliza toda la problemática del sistema penitenciario, es deslindarse de responsabilidades cuando deben de garantizar la vida de las personas privadas de libertad”. 
 
El historial de amotinamientos en el país ha cambiado. Ayer 1 de marzo se confirmó un nuevo disturbio en la cárcel regional de Cotopaxi, tras haber motines simultáneos el pasado 23 de febrero, en las cárceles de Cuenca, Latacunga, y en dos centros de la provincia del Guayas. El hecho se convirtió en la mayor tragedia carcelaria en la historia del país dejando un total de 81 fallecidos.  
 
Ante la situación, algunas preguntas intentan entender el problema de raíz: ¿qué se considera como amotinamiento? ¿cuántos se han registrado? ¿siempre fueron tan violentos? Al buscar la definición más básica, la Real Academia Española (RAE), lo define como un “levantamiento colectivo de presos contra la autoridad penitenciaria”.  Para Vianca Gavilanes, coordinadora de Gestión de la Fundación Dignidad,  dedicada a defender y promover los derechos de personas en contextos de encierro, señala que la definición internacional de motín es “el rechazo a la autoridad penitenciaria por parte  de las personas privadas de libertad, siempre busca la liberación, es decir, una fuga masiva, o busca el control del centro penitenciario”, explica. 
 
Sin embargo, existen hechos violentos, que no buscan ni lo uno, ni lo otro, pero que igual suelen ser clasificados por las autoridades como motines, cuando según Gavilanes, son ataques carcelarios ligados a otras problemáticas. “Desde el 2020 se empezaron a ver muchísimo más los ‘mal llamados amotinamientos’ a ataques de cárceles,  lo cual invisibiliza los motivos, y la situación real de lo que ha sucedido en los centros penitenciarios”, dice. 
 
 
Así, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH), en el 2018, contabilizó siete ataques en centros penitenciarios, mientras que, en 2019 hubo ocho ataques, seis en Guayaquil, y dos en Latacunga.  Asimismo, en el 2020 según un monitoreo realizado por la Fundación Dignidad a los datos del SNAI, se registraron nueve motines y 22 hechos violentos, entre asesinatos, fugas y requisas en las cárceles del país. 
 
Ante los datos, Gavilanes alega que “de los nueve amotinamientos (registrados en 2020), igual, existe un subregistro, pues hay diferencias muy marcadas en estos amotinamientos, pues algunos responden a necesidades de las personas privadas de libertad, como huelgas de hambre que se hicieron durante el 2020 por la falta de atención durante la pandemia, y otros son riñas y peleas. Están clasificando todo alrededor de la violencia carcelaria como motín”, asegura. 
 
Ecuavisa solicitó una entrevista con Edmundo Moncayo, director general del Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de Libertad y a Adolescentes Infractores (SNAI), sobre el tema, pero hasta el cierre de este reportaje no hubo respuesta. 
 

¿Han cambiado los amotinamientos? 
 
Sí, nunca antes habían sido tan violentos.  Jorge Núñez, antropólogo y quien ha trabajado con prisioneros y ex prisioneros por 20 años, manifiesta que “lo que se puede observar en la historia de amotinamientos en cárceles ecuatorianas es que varían sustancialmente previo a la reforma de 2014 y después de la reforma”. 
 
Núñez, de hecho, en 2004 participó en un motín que duró 48 horas y fue pacífico. “Los elementos que habían en ese motín eran muy claros: había un pliego de peticiones por parte de un comité de internos, había un tiempo que iba a durar el motín, y era básicamente abrir un espacio de negociación con la autoridad”, recuerda. 
 
Sin embargo, con la reforma, enfatiza el antropólogo, hubo tres factores que cambiaron la configuración de los motines, “primero se desmoviliza los comités de internos, entonces el pliego de peticiones desaparece, segundo, en la reforma de 2014, se construye tres mega cárceles y son construidas en zonas rurales, entonces, se crea una distancia geográfica. Tercero, se corta el vínculo humano que había en las cárceles, solo tres días de visita, poco contacto con las univerisadades, las ONG (...) en las nuevas reformas la población penitenciaria queda aislada”.  Estos son los detonantes, dice, para que los motines del 23 de febrero hayan sido, “extremadamente violentos (..) han cambiado, no eran pabellones tratando de matarse en sí”. 
 
Concuerda con ello, Gavilanes, para ella el último motín es un estallido, “reducir toda la problemática penitenciaria como han señalado la autoridades a solo un problema entre bandas criminales, nos parece que invisibiliza toda la problemática del sistema penitenciario, es deslindarse de responsabilidades cuando deben de garantizar la vida de las personas privadas de libertad”. 
 

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