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Hoy Soy: Vendedora de hallullas

Redacción

jzapata

|

Viernes 27 de Marzo de 2015 - 22:13
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  • Dallyana Passailaigue viajó hasta Alóag para convertirse en vendedora de hallullas.
Dallyana Passailaigue viajó hasta Alóag para convertirse en vendedora de hallullas.

Hoy Soy: Vendedora de hallullas por ecuavisa

Un grupo de madres, en su mayoría solteras, crearon la asociación de comerciantes minoristas "El Obelisco" que agrupa a mujeres trabajadoras y sacrificadas que venden hallullas en Alóag, punto de conjunción de importantes y circuladas vías.
 
A la 1H00 salimos hacia Aloag, en busca de mujeres que trabajan (noche y día) para llevar el alimento a su hogar.
 
Rosa Pila, una madre con 50 años de trabajo, y  Ligia Quishpe, su hija, con 15, tienen un negocio familiar. 
 
En los hornos ubicados en la parte trasera de su casa, ellas hacen y venden, hallullas. Beatriz, la hermana, es quien mezcla los ingredientes.
 
El proceso es minucioso, toma 40 minutos fusionar la mezcla, darle la forma a la hallulla requiere técnica, luego se las coloca en las bandejas y se las mete en el horno. demoran dos horas en cocinarse.
 
La elaboración de las hallullas toma 6 horas en total, desde la preparación de la masa, hasta que salen del horno.
 
El gallo anuncia el paso de las horas, y cuando son las 5.30 de la mañana, tenemos listas 2 tandas, es decir, 800 hallullas o "pan duro", como las llaman en la Costa.
 
A las 6h00, Ligia toma la posta para hacerse cargo de las ventas, jornada larga que requiere de gran esfuerzo físico. en el camino, aproveché para preguntarle, ¿Qué la motiva?
 
Ligia Quishpe: "mis hijos, son el motor de mi vida, cuando me desanimo pienso en mis hijos, por ellos".
 
Ella arma su puestito en el que también vende yogurt y dulce de leche. a paso apresurado se acerca a los conductores que se detienen en la carretera en busca de alimento. Ligia tiene dos hijos, no tiene el apoyo de un hombre en el hogar.
 
Constaté que la venta no es fácil, a veces se vende, a veces no, y hay competencia.
 
De dólar en dólar van pasando las horas, el colectivo avanza con nosotras y toca regresar al punto de partida, en un carro "al flete", o tomar otro bus, que cuesta 0.25 centavos de dólar.
 
Este trabajo implica algunos riesgos: la inclemencia del clima, la mala actitud de ciertos conductores y el riesgo de ser atropelladas o de accidentarse al bajarse del bus, al vuelo.
 
A las 10h00 nos fuimos a Tambillo a reforzar las ventas. La ida incluye cruce de calles peligrosas, uso de transporte público, de pasos desniveles. Para llegar a otro ambiente, uno más "cargado".
 
A las 18h00, ya no nos daban las piernas. Trabajar de 6h00 a 18h00, de lunes a sábado. 30 dólares representan un buen día, y 10, uno malo. Ligia pertenece a la asociación de comerciantes minoristas "El Obelisco" junto con 40 mujeres, organizadas, la mayoría madres solteras.

Hoy Soy: Vendedora de hallullas por ecuavisa

Un grupo de madres, en su mayoría solteras, crearon la asociación de comerciantes minoristas "El Obelisco" que agrupa a mujeres trabajadoras y sacrificadas que venden hallullas en Alóag, punto de conjunción de importantes y circuladas vías.

 

A la 1H00 salimos hacia Aloag, en busca de mujeres que trabajan (noche y día) para llevar el alimento a su hogar.

 

Rosa Pila, una madre con 50 años de trabajo, y  Ligia Quishpe, su hija, con 15, tienen un negocio familiar. 

 

En los hornos ubicados en la parte trasera de su casa, ellas hacen y venden, hallullas. Beatriz, la hermana, es quien mezcla los ingredientes.

 

El proceso es minucioso, toma 40 minutos fusionar la mezcla, darle la forma a la hallulla requiere técnica, luego se las coloca en las bandejas y se las mete en el horno. demoran dos horas en cocinarse.

 

La elaboración de las hallullas toma 6 horas en total, desde la preparación de la masa, hasta que salen del horno.

 

El gallo anuncia el paso de las horas, y cuando son las 5.30 de la mañana, tenemos listas 2 tandas, es decir, 800 hallullas o "pan duro", como las llaman en la Costa.

 

A las 6h00, Ligia toma la posta para hacerse cargo de las ventas, jornada larga que requiere de gran esfuerzo físico. en el camino, aproveché para preguntarle, ¿Qué la motiva?

 

Ligia Quishpe: "mis hijos, son el motor de mi vida, cuando me desanimo pienso en mis hijos, por ellos".

 

Ella arma su puestito en el que también vende yogurt y dulce de leche. a paso apresurado se acerca a los conductores que se detienen en la carretera en busca de alimento. Ligia tiene dos hijos, no tiene el apoyo de un hombre en el hogar.

 

Constaté que la venta no es fácil, a veces se vende, a veces no, y hay competencia.

 

De dólar en dólar van pasando las horas, el colectivo avanza con nosotras y toca regresar al punto de partida, en un carro "al flete", o tomar otro bus, que cuesta 0.25 centavos de dólar.

 

Este trabajo implica algunos riesgos: la inclemencia del clima, la mala actitud de ciertos conductores y el riesgo de ser atropelladas o de accidentarse al bajarse del bus, al vuelo.

 

A las 10h00 nos fuimos a Tambillo a reforzar las ventas. La ida incluye cruce de calles peligrosas, uso de transporte público, de pasos desniveles. Para llegar a otro ambiente, uno más "cargado".

 

A las 18h00, ya no nos daban las piernas. Trabajar de 6h00 a 18h00, de lunes a sábado. 30 dólares representan un buen día, y 10, uno malo. Ligia pertenece a la asociación de comerciantes minoristas "El Obelisco" junto con 40 mujeres, organizadas, la mayoría madres solteras.

Formulario vía emBluemail
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