Víctor Assaf no perdió el brazo, ganó una vida de lujo

El deportista adaptado logró el tercer lugar en la competencia Wheelwod.

  • El deportista adaptado logró el tercer lugar en la competencia Wheelwod. Foto: Ecuavisa
20 Septiembre, 2019, 3:47 pm
Por: Alejandro Bellolio 

Las alas que tiene en su torso reflejan la fuerza que tuvo para salir de un momento muy difícil de su vida, el más duro de sus 30 años de existencia.


Víctor Assaf perdió el brazo derecho en un accidente el 22 de septiembre del 2012. Han pasado casi 7 años, pero la claridad con la que lo describe hace parecer que fue ayer. "Eran las dos, dos y media. Yo salía de una competencia de strongman (que se basa más en fuerza y potencia), me subí a mi moto con mi casco y todo lo que necesitas para subirte en una, me acuerdo que salí súper rápido", recuerda mientras hace una pausa al mismo tiempo que sus ojos se cristalizan. No llora, solo sigue con la historia.


"Salí desde Plaza Lagos, pasé todo Samborondón, el puente de la unidad nacional, llego al paso desnivel del hemiciclo de las banderas, que es una curva bien cerrada, incluso varias personas han tenido accidentes ahí; a lo que voy subiendo, siento, por la velocidad en la que venía, como la moto me lleva hacia la derecha, cerca al barandal. En ese momento bajo los cambios, me quedo en neutro y trato de fluir, fluir, fluir. Cuando me quedo en neutro las uniones del puente hacen que se me levante la llanta y cuando me pasa eso fluyo, fluyo, fluyo, no puse mucha fuerza para evitar el efecto de catapulta e irme volando de la moto. A lo que levanto la cabeza, lo único que veo es el poste al frente de mi rostro. Mi reacción fue mover la cabeza y el poste choca directo con mi hombro", indica mientras señala la parte del hombro donde recibió el impacto, pero no deja de contar la historia, él fluye.


"El arrancamiento del nervio es instantáneo. Es como cuando te arrancas el pelo (...) y el nervio es mucho más fino que la hebra del cabello. Entonces se arranca el nervio, la moto me jala un poco más hacia adelante y me parto la mandíbula en tres partes diferentes. Caigo al piso, donde me quedé de 30 a 40 minutos, hubo gente de la competencia (donde había participado) que me vio y me ayudó. Yo estuve consciente durante ese tiempo, por el shock por momentos me desmayaba y me volvía a levantar, pero cuando me preguntaban algo, yo respondía".

 


 

Desde ese instante no volvería a sentir su brazo derecho, el que más usaba, su extremidad más hábil. Ese golpe también sería el inicio de una etapa que él denomina “de oscuridad”. Ocho meses encerrado en su cuarto recuperándose, aislándose, donde el ejercicio ya no era físico sino mental.



"No salía de mi cuarto, no comía, pasaba medicado todo el tiempo", explica con seriedad en su rostro.

 

Hasta que un día a las 4 de la mañana todo cambió. Una conversación con él mismo en el espejo fue la terapia que necesitaba para volver a ver la 'luz'. Esa charla de aproximadamente 3 horas tuvo temas variados, cosas buenas, malas, sucias, de todo. Pero una sola decisión.



"Elegí levantarme, me pregunté si esa iba a hacer mi actitud para siempre o si iba a hacer algo al respecto, cambiar mi forma de pensar y ser", cuenta. Víctor detiene el relato para abrir una botella de jugo, piensa unos segundos y continúa.


"Me acuerdo que salí a las 7 de la mañana del baño buscando mi ropa para entrenar. Mi mamá, mi hermana, mi mamá, mi abuela y mi hermano mayor me decían '¿qué estás haciendo?'. A lo que yo respondí 'ya no aguanto más, necesito salir de aquí ya. Me voy a entrenar'".


 

No lo pensó, no importaba que habían pasado 8 meses sin hacer actividad física, que su brazo no funcionaba. Él solo quería entrenar. Seguir hacia adelante. El regreso no fue fácil, las caras de sorpresa, los comentarios como "eres un fantasma" y su propio desconocimiento de cómo entrenar con un solo brazo marcaron ese primer día.



"Nadie sabía cómo reaccionar en ese momento, estaba sin dientes, con el brazo cogido, pero todavía se veía. Para algunos fue incómodo, para otros raro, pero para mí fue un 'no me interesa más que lo que quiero hacer' y se ha vuelto así desde ese día". Assaf se detiene y mientras escucha una nueva pregunta, toma del jugo que había abierto. Necesitaba refrescarse tras un arduo entrenamiento y un diálogo cada vez más profundo.



Fue un punto de inflexión, de ahí para adelante todo fue aprendizaje. Certificaciones, entrenamientos, competencias, todo ha ayudado a crecer a este deportista.

 

Atrás quedaron las palabras del neurocirujano durante su estadía en el hospital: "Tendrás que dedicarte a otra cosa". Él hizo de esto su carrera, su vida, es coach y competidor. Incluso recientemente consiguió el tercer lugar en la competencia internacional Wheelwod Games, una que reúne a todos los deportistas adaptados del mundo. Además, se encuentra en la preparación para otro certamen de su categoría, llamado Wodapalooza.


 

Víctor no solo busca ayudarse, sino ser inspiración para los demás. "Inténtalo, si me estás viendo contáctate conmigo, estaré dispuesto a ayudarte", dice mientras ve fijo a la cámara. "Si hay personas que no lo hacen es porque ni siquiera lo han intentado creo que por miedo, la naturaleza humana siempre te lleva a tratar de hacer lo que te dijeron que no puedes. Intenta, intenta, intenta", agrega mientras chasquea los dedos.



Ese es el mensaje que él traslada. No considera que lo que hace es impresionante, es lo mismo que pueden hacer los demás solo que él lo hace con un brazo porque lo ha trabajado. Se viene otra pregunta y aprovecha para secarse el sudor con la camiseta que lleva puesta.



"Ver a otras personas que participan en las competencias te hace pensar mucho siendo uno de ellos. Hay personas con prótesis, sin una mano, ciegos, eso que ves creo que es suficiente para que te den ganas de hacer las cosas". Mientras cuenta eso, abre los ojos con asombro y se acomoda su cabello.

 

Víctor no se queja, no extraña su brazo, no piensa en que pudo haber hecho otra maniobra para salvarlo, está feliz así. "He hecho mi vida 7 años normal y me ha ido de lujo. A mí no me pasó nada, no perdí nada, más bien gané mucho", afirma con una sonrisa mientras enfatiza que, a lo mejor, si no le pasaba el accidente no estaría en el lugar que se encuentra.

 

La charla va llegando a su final y él repite su frase motivacional: "Sigue intentándolo, sigue hacia adelante". Assaf sueña con la misma facilidad con la que habla y es por eso que su siguiente objetivo son los Juegos Paralímpicos, en la disciplina de lanzamiento de bala, javalina y disco. Ahora, vuelve a mirar a la cámara para pedir ayuda: "Si alguien me está viendo, por favor, ayúdame a lograrlo, no te traeré una medalla, te llenaré de medallas".



La entrevista se acaba, Víctor hace algunos ejercicios para demostrar lo que puede hacer. Levanta pesas, salta la cuerda y levanta bolsas pesadas, vuelve a mostrar su fuerza, no solo la física sino mental. Esa fuerza que él lleva graficada en su cuerpo en forma de alas desde que sufrió el accidente.

Las alas que tiene en su torso reflejan la fuerza que tuvo para salir de un momento muy difícil de su vida, el más duro de sus 30 años de existencia.

Víctor Assaf perdió el brazo derecho en un accidente el 22 de septiembre del 2012. Han pasado casi 7 años, pero la claridad con la que lo describe hace parecer que fue ayer. "Eran las dos, dos y media. Yo salía de una competencia de strongman (que se basa más en fuerza y potencia), me subí a mi moto con mi casco y todo lo que necesitas para subirte en una, me acuerdo que salí súper rápido", recuerda mientras hace una pausa al mismo tiempo que sus ojos se cristalizan. No llora, solo sigue con la historia.

"Salí desde Plaza Lagos, pasé todo Samborondón, el puente de la unidad nacional, llego al paso desnivel del hemiciclo de las banderas, que es una curva bien cerrada, incluso varias personas han tenido accidentes ahí; a lo que voy subiendo, siento, por la velocidad en la que venía, como la moto me lleva hacia la derecha, cerca al barandal. En ese momento bajo los cambios, me quedo en neutro y trato de fluir, fluir, fluir. Cuando me quedo en neutro las uniones del puente hacen que se me levante la llanta y cuando me pasa eso fluyo, fluyo, fluyo, no puse mucha fuerza para evitar el efecto de catapulta e irme volando de la moto. A lo que levanto la cabeza, lo único que veo es el poste al frente de mi rostro. Mi reacción fue mover la cabeza y el poste choca directo con mi hombro", indica mientras señala la parte del hombro donde recibió el impacto, pero no deja de contar la historia, él fluye.

"El arrancamiento del nervio es instantáneo. Es como cuando te arrancas el pelo (...) y el nervio es mucho más fino que la hebra del cabello. Entonces se arranca el nervio, la moto me jala un poco más hacia adelante y me parto la mandíbula en tres partes diferentes. Caigo al piso, donde me quedé de 30 a 40 minutos, hubo gente de la competencia (donde había participado) que me vio y me ayudó. Yo estuve consciente durante ese tiempo, por el shock por momentos me desmayaba y me volvía a levantar, pero cuando me preguntaban algo, yo respondía".

 

 

Desde ese instante no volvería a sentir su brazo derecho, el que más usaba, su extremidad más hábil. Ese golpe también sería el inicio de una etapa que él denomina “de oscuridad”. Ocho meses encerrado en su cuarto recuperándose, aislándose, donde el ejercicio ya no era físico sino mental.

"No salía de mi cuarto, no comía, pasaba medicado todo el tiempo", explica con seriedad en su rostro.

 

Hasta que un día a las 4 de la mañana todo cambió. Una conversación con él mismo en el espejo fue la terapia que necesitaba para volver a ver la 'luz'. Esa charla de aproximadamente 3 horas tuvo temas variados, cosas buenas, malas, sucias, de todo. Pero una sola decisión.

"Elegí levantarme, me pregunté si esa iba a hacer mi actitud para siempre o si iba a hacer algo al respecto, cambiar mi forma de pensar y ser", cuenta. Víctor detiene el relato para abrir una botella de jugo, piensa unos segundos y continúa.

"Me acuerdo que salí a las 7 de la mañana del baño buscando mi ropa para entrenar. Mi mamá, mi hermana, mi mamá, mi abuela y mi hermano mayor me decían '¿qué estás haciendo?'. A lo que yo respondí 'ya no aguanto más, necesito salir de aquí ya. Me voy a entrenar'".

 

No lo pensó, no importaba que habían pasado 8 meses sin hacer actividad física, que su brazo no funcionaba. Él solo quería entrenar. Seguir hacia adelante. El regreso no fue fácil, las caras de sorpresa, los comentarios como "eres un fantasma" y su propio desconocimiento de cómo entrenar con un solo brazo marcaron ese primer día.

"Nadie sabía cómo reaccionar en ese momento, estaba sin dientes, con el brazo cogido, pero todavía se veía. Para algunos fue incómodo, para otros raro, pero para mí fue un 'no me interesa más que lo que quiero hacer' y se ha vuelto así desde ese día". Assaf se detiene y mientras escucha una nueva pregunta, toma del jugo que había abierto. Necesitaba refrescarse tras un arduo entrenamiento y un diálogo cada vez más profundo.

Fue un punto de inflexión, de ahí para adelante todo fue aprendizaje. Certificaciones, entrenamientos, competencias, todo ha ayudado a crecer a este deportista.

 

Atrás quedaron las palabras del neurocirujano durante su estadía en el hospital: "Tendrás que dedicarte a otra cosa". Él hizo de esto su carrera, su vida, es coach y competidor. Incluso recientemente consiguió el tercer lugar en la competencia internacional Wheelwod Games, una que reúne a todos los deportistas adaptados del mundo. Además, se encuentra en la preparación para otro certamen de su categoría, llamado Wodapalooza.

 

Víctor no solo busca ayudarse, sino ser inspiración para los demás. "Inténtalo, si me estás viendo contáctate conmigo, estaré dispuesto a ayudarte", dice mientras ve fijo a la cámara. "Si hay personas que no lo hacen es porque ni siquiera lo han intentado creo que por miedo, la naturaleza humana siempre te lleva a tratar de hacer lo que te dijeron que no puedes. Intenta, intenta, intenta", agrega mientras chasquea los dedos.

Ese es el mensaje que él traslada. No considera que lo que hace es impresionante, es lo mismo que pueden hacer los demás solo que él lo hace con un brazo porque lo ha trabajado. Se viene otra pregunta y aprovecha para secarse el sudor con la camiseta que lleva puesta.

"Ver a otras personas que participan en las competencias te hace pensar mucho siendo uno de ellos. Hay personas con prótesis, sin una mano, ciegos, eso que ves creo que es suficiente para que te den ganas de hacer las cosas". Mientras cuenta eso, abre los ojos con asombro y se acomoda su cabello.

 

Víctor no se queja, no extraña su brazo, no piensa en que pudo haber hecho otra maniobra para salvarlo, está feliz así. "He hecho mi vida 7 años normal y me ha ido de lujo. A mí no me pasó nada, no perdí nada, más bien gané mucho", afirma con una sonrisa mientras enfatiza que, a lo mejor, si no le pasaba el accidente no estaría en el lugar que se encuentra.

 

La charla va llegando a su final y él repite su frase motivacional: "Sigue intentándolo, sigue hacia adelante". Assaf sueña con la misma facilidad con la que habla y es por eso que su siguiente objetivo son los Juegos Paralímpicos, en la disciplina de lanzamiento de bala, javalina y disco. Ahora, vuelve a mirar a la cámara para pedir ayuda: "Si alguien me está viendo, por favor, ayúdame a lograrlo, no te traeré una medalla, te llenaré de medallas".

La entrevista se acaba, Víctor hace algunos ejercicios para demostrar lo que puede hacer. Levanta pesas, salta la cuerda y levanta bolsas pesadas, vuelve a mostrar su fuerza, no solo la física sino mental. Esa fuerza que él lleva graficada en su cuerpo en forma de alas desde que sufrió el accidente.

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