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¿Qué pasa en tu cerebro cuando estás enamorado?

Redacción

jzapata

|

Domingo 22 de Febrero de 2015 - 12:00
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  • El amor una combinación de la neuroquímica y de las vivencias personales.
El amor una combinación de la neuroquímica y de las vivencias personales.
El amor es una bestia complicada. Y a pesar de que durante siglos la literatura, el arte y la música han afirmado el romance, en realidad también hay un poco de ciencia de en el amor
 
El amor, de hecho, es producto del corazón y del cerebro - una combinación de la neuroquímica y de las vivencias personales, las hormonas y los neurotransmisores nos hacen sentir ciertas emociones, y las historias que vivimos nos cuentan acerca de esas emociones.
 
Hoy en día, nos referiremos a la antropóloga biológica Helen Fisher , que estudia la evolución de las emociones humanas y las complejidades del cerebro en el amor. Fisher explora la ciencia del amor sin perder el sentido del romance, que arroja a la luz ideas sobre algunas de las formas complejas en que el cerebro y el corazón divergen.
 
En la charla que la doctora Fisher dio a de la Asociación Americana de Psiquiatría Sexo, Sexualidad en 2004, sintetizó brillantemente - con sólida evidencia científica y desde una perspectiva interdisciplinaria - que los antidepresivos pueden poner en peligro el amor romántico.
 
Fisher señala que el amor no es una emoción, es "un sistema de motivación, es una unidad, es una parte del sistema de recompensa del cerebro." Se caracteriza típicamente por la alta dopamina y la norepinefrina, pero además por la baja de serotonina, que es responsable del pensamiento obsesivo unido al amor romántico. Esto fue confirmado por Fisher en sus estudios de resonancia magnética funcional. 
 
Pero los antidepresivos mejoran la serotonina embotan las emociones, entre ellas la preciosa euforia de romance que es necesaria para el crecimiento y la perseverancia del amor romántico.
 
La doctora Fisher ofrece tres componentes clave sobre el amor, que implica diferentes sistemas cerebrales conectados.
 
La lujuria:  impulsada por los andrógenos y estrógenos, el ansia de satisfacción sexual
 
La atracción: impulsada por los altos niveles de dopamina y norepinefrina y la serotonina baja. El amor romántico o apasionado, que se caracteriza por la euforia cuando las cosas van bien. Los cambios de humor terribles cuando algo sale mal.  Estas conexiones también predisponen el pensamiento obsesivo, e intenso sobre el anhelo de la otra persona
 
La compatibilidad: impulsada por las hormonas oxitocina y vasopresina. Ofrecen el sentido de calma, paz y estabilidad que uno siente con una pareja a largo plazo.
 
Fisher señala que los antidepresivos mejoran la serotonina pero también inhiben otros mecanismos de adaptación evolutiva para la selección de pareja, como sentir un orgasmo.
 
"Con el orgasmo, una de las principales cosas que sucede es que los niveles de oxitocina y vasopresina suben enormemente en el cerebro. Estas son sustancias químicas que nos hacen sentir bien. Están asociados con la vinculación social, formación de la pareja, y la igualdad. Así que cuando los hombres y las mujeres toman medicamentos estimulantes de serotonina y no logran alcanzar el orgasmo, pueden dejar de estimular no sólo a ellos, sino a sus parejas también. Este mecanismo neural, asociada con el apego pareja, se convierte en un disparador del fracaso ", señalo la especialista.
 
Fisher cita en su estudio el caso de una mujer casada de 35 años de edad, quien tenía depresión recurrente y trastorno de ansiedad. Cuando empezó a tomar medicamentos para mejorar su serotonina, su libido disminuyó considerablemente, lo que la hizo incapaz de alcanzar orgasmos. También se mostró incapaz de pensar críticamente, y dio un salto emocional para asumir que esto significaba que ya no amaba a su marido y finalmente tomó la decisión de divorciarse. 
 
Cuando ella dejó de tomar la medicación recuperó lentamente su deseo sexual normal y su capacidad de conectarse con su marido, dejando tras la idea del divorcio.
 
Para estar seguros, Fisher es cuidadosa en señalar que ella no está en contra de la medicación estimulante de serotonina para los pacientes con depresión severa que son una amenaza para su propia vida. 
 
Sin embargo, ella sí apunta a una relación costo-beneficio que perjudica al amor en muchos casos y en algunos habría que elegir entre el amor y la vida de uno.
 
"Voy a decirlo una vez más: no estamos recomendando que los pacientes que sufran graves enfermedades psicológicas se abstengan de tomar antidepresivos que mejoran la serotonina. Lo que estamos tratando de decir es que estos medicamentos afectan el umbral de otros mecanismos biológicos y en ocasiones puede poner en peligro los mecanismos evolutivos inconscientes para la selección de la pareja, para el amor romántico, y para la unión", precisó Fisher.
 
La ironía es que en nuestra búsqueda para controlar el dolor, que a menudo termina por negarnos a nosotros mismos  de la alegría, medicar nos puede alejar de vivir la intensidad del amor. La pregunta que surge es, si el amor no es realmente lo que nuestros cerebro pide o lo que nuestro cuerpo demanda, entonces ¿qué es?

 
Con información de brainpickings.org
 
 

El amor es una bestia complicada. Y a pesar de que durante siglos la literatura, el arte y la música han afirmado el romance, en realidad también hay un poco de ciencia de en el amor

 

El amor, de hecho, es producto del corazón y del cerebro - una combinación de la neuroquímica y de las vivencias personales, las hormonas y los neurotransmisores nos hacen sentir ciertas emociones, y las historias que vivimos nos cuentan acerca de esas emociones.

 

Hoy en día, nos referiremos a la antropóloga biológica Helen Fisher , que estudia la evolución de las emociones humanas y las complejidades del cerebro en el amor. Fisher explora la ciencia del amor sin perder el sentido del romance, que arroja a la luz ideas sobre algunas de las formas complejas en que el cerebro y el corazón divergen.

 

En la charla que la doctora Fisher dio a de la Asociación Americana de Psiquiatría Sexo, Sexualidad en 2004, sintetizó brillantemente - con sólida evidencia científica y desde una perspectiva interdisciplinaria - que los antidepresivos pueden poner en peligro el amor romántico.

 

Fisher señala que el amor no es una emoción, es "un sistema de motivación, es una unidad, es una parte del sistema de recompensa del cerebro." Se caracteriza típicamente por la alta dopamina y la norepinefrina, pero además por la baja de serotonina, que es responsable del pensamiento obsesivo unido al amor romántico. Esto fue confirmado por Fisher en sus estudios de resonancia magnética funcional. 

 

Pero los antidepresivos mejoran la serotonina embotan las emociones, entre ellas la preciosa euforia de romance que es necesaria para el crecimiento y la perseverancia del amor romántico.

 

La doctora Fisher ofrece tres componentes clave sobre el amor, que implica diferentes sistemas cerebrales conectados.

 

La lujuria:  impulsada por los andrógenos y estrógenos, el ansia de satisfacción sexual

 

La atracción: impulsada por los altos niveles de dopamina y norepinefrina y la serotonina baja. El amor romántico o apasionado, que se caracteriza por la euforia cuando las cosas van bien. Los cambios de humor terribles cuando algo sale mal.  Estas conexiones también predisponen el pensamiento obsesivo, e intenso sobre el anhelo de la otra persona

 

La compatibilidad: impulsada por las hormonas oxitocina y vasopresina. Ofrecen el sentido de calma, paz y estabilidad que uno siente con una pareja a largo plazo.

 

Fisher señala que los antidepresivos mejoran la serotonina pero también inhiben otros mecanismos de adaptación evolutiva para la selección de pareja, como sentir un orgasmo.

 

"Con el orgasmo, una de las principales cosas que sucede es que los niveles de oxitocina y vasopresina suben enormemente en el cerebro. Estas son sustancias químicas que nos hacen sentir bien. Están asociados con la vinculación social, formación de la pareja, y la igualdad. Así que cuando los hombres y las mujeres toman medicamentos estimulantes de serotonina y no logran alcanzar el orgasmo, pueden dejar de estimular no sólo a ellos, sino a sus parejas también. Este mecanismo neural, asociada con el apego pareja, se convierte en un disparador del fracaso ", señalo la especialista.

 

Fisher cita en su estudio el caso de una mujer casada de 35 años de edad, quien tenía depresión recurrente y trastorno de ansiedad. Cuando empezó a tomar medicamentos para mejorar su serotonina, su libido disminuyó considerablemente, lo que la hizo incapaz de alcanzar orgasmos. También se mostró incapaz de pensar críticamente, y dio un salto emocional para asumir que esto significaba que ya no amaba a su marido y finalmente tomó la decisión de divorciarse. 

 

Cuando ella dejó de tomar la medicación recuperó lentamente su deseo sexual normal y su capacidad de conectarse con su marido, dejando tras la idea del divorcio.

 

Para estar seguros, Fisher es cuidadosa en señalar que ella no está en contra de la medicación estimulante de serotonina para los pacientes con depresión severa que son una amenaza para su propia vida. 

 

Sin embargo, ella sí apunta a una relación costo-beneficio que perjudica al amor en muchos casos y en algunos habría que elegir entre el amor y la vida de uno.

 

"Voy a decirlo una vez más: no estamos recomendando que los pacientes que sufran graves enfermedades psicológicas se abstengan de tomar antidepresivos que mejoran la serotonina. Lo que estamos tratando de decir es que estos medicamentos afectan el umbral de otros mecanismos biológicos y en ocasiones puede poner en peligro los mecanismos evolutivos inconscientes para la selección de la pareja, para el amor romántico, y para la unión", precisó Fisher.

 

La ironía es que en nuestra búsqueda para controlar el dolor, que a menudo termina por negarnos a nosotros mismos  de la alegría, medicar nos puede alejar de vivir la intensidad del amor. La pregunta que surge es, si el amor no es realmente lo que nuestros cerebro pide o lo que nuestro cuerpo demanda, entonces ¿qué es?

 

Con información de brainpickings.org

 

 

Formulario vía emBluemail
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