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Coreógrafo ecuatoriano Ernesto Ortiz experimenta fusión entre danza y vídeo

Redacción

mguaman

|

Lunes 09 de Septiembre de 2013 - 8:44
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Al coreógrafo ecuatoriano Ernesto Ortiz se le acabó la paciencia con lo convencional y ha decido echar a andar un proyecto que fusiona la danza y el vídeo, un mestizaje con el que también cuestiona el tradicional escenario de las tablas.
 
Con este proyecto, busca encontrar nuevas formas de creación y sacar el arte de la danza de las salas para llevarla a la web.
 
Explicó que su obra, "Bésame", es una trilogía de imágenes rodadas en sitios no convencionales, donde el ojo de la cámara es el principal actor de las escenas.
 
Aunque Ortiz empezó a ejecutar su proyecto hace algunos meses, cree que en diciembre próximo lo tendrá concluido. Se trata de una pieza de unos siete minutos de duración en los que mostrará que la danza es "sólo un elemento más en el espacio".
 
Es un proyecto ambicioso de creación artística que no busca dinero ni fama y rompe con el molde tradicional aristotélico del arte escénico: "inicio-nudo-desenlace".
 
El proyecto se encuentra en la producción de la segunda parte de la trilogía, grabada en unas calles de Quito, donde Ortiz, ataviado con un viejo vestido de novia, espera que los transeúntes se acercaran para compartir un momento de afecto.
 
El productor del filme, por su parte, capta con la cámara la situación, pero también detalles de la escena, sin un guión preestablecido o reglas, pues se trata de liberar la creatividad, agregó Ortiz.
 
El primer apartado del filme, en cambio, la hizo en una galería instalada en una antigua casa de la ciudad andina de Cuenca, donde el formato conjugó el baile, la luz y las sombras.
 
La tercera etapa de la trilogía, según Ortiz, podría grabarse, tal vez, en un escenario convencional o en otro lugar, y es que señaló que el proyecto es totalmente improvisado, aunque ello no supone un trabajo empírico.
 
"Improvisar no es hacer cualquier cosa, improvisar es estar totalmente preparado con las herramientas que uno tiene para aprovechar el azar", apostilló.
 
"El objetivo es ir descubriendo y aprender en el camino (...) Experimentar para encontrar elementos nuevos" que puedan contribuir en el desarrollo del arte, aseguró Ortiz, que es también profesor de danza en Cuenca.
 
"No hay un objetivo de consumo, no está pensado en un público en específico, es sólo un producto de experimentación para reflexionar sobre el proceso de creación artística y no en el producto", insistió.
 
Lo que persigue es profundizar en una nueva matriz artística que permita desarrollar la composición coreográfica, ya que considera que "las artes escénicas en Ecuador están estancadas".
 
Para Ortiz, "las artes son el espacio precisamente donde se tiene que liberar la mente", tanto del artista como del público, que también debería "reaccionar, no ser pasivo, no esperar que todo nos lo cuenten". 
Fuente: EFE

Al coreógrafo ecuatoriano Ernesto Ortiz se le acabó la paciencia con lo convencional y ha decido echar a andar un proyecto que fusiona la danza y el vídeo, un mestizaje con el que también cuestiona el tradicional escenario de las tablas.

 

Con este proyecto, busca encontrar nuevas formas de creación y sacar el arte de la danza de las salas para llevarla a la web.

 

Explicó que su obra, "Bésame", es una trilogía de imágenes rodadas en sitios no convencionales, donde el ojo de la cámara es el principal actor de las escenas.

 

Aunque Ortiz empezó a ejecutar su proyecto hace algunos meses, cree que en diciembre próximo lo tendrá concluido. Se trata de una pieza de unos siete minutos de duración en los que mostrará que la danza es "sólo un elemento más en el espacio".

 

Es un proyecto ambicioso de creación artística que no busca dinero ni fama y rompe con el molde tradicional aristotélico del arte escénico: "inicio-nudo-desenlace".

 

El proyecto se encuentra en la producción de la segunda parte de la trilogía, grabada en unas calles de Quito, donde Ortiz, ataviado con un viejo vestido de novia, espera que los transeúntes se acercaran para compartir un momento de afecto.

 

El productor del filme, por su parte, capta con la cámara la situación, pero también detalles de la escena, sin un guión preestablecido o reglas, pues se trata de liberar la creatividad, agregó Ortiz.

 

El primer apartado del filme, en cambio, la hizo en una galería instalada en una antigua casa de la ciudad andina de Cuenca, donde el formato conjugó el baile, la luz y las sombras.

 

La tercera etapa de la trilogía, según Ortiz, podría grabarse, tal vez, en un escenario convencional o en otro lugar, y es que señaló que el proyecto es totalmente improvisado, aunque ello no supone un trabajo empírico.

 

"Improvisar no es hacer cualquier cosa, improvisar es estar totalmente preparado con las herramientas que uno tiene para aprovechar el azar", apostilló.

 

"El objetivo es ir descubriendo y aprender en el camino (...) Experimentar para encontrar elementos nuevos" que puedan contribuir en el desarrollo del arte, aseguró Ortiz, que es también profesor de danza en Cuenca.

 

"No hay un objetivo de consumo, no está pensado en un público en específico, es sólo un producto de experimentación para reflexionar sobre el proceso de creación artística y no en el producto", insistió.

 

Lo que persigue es profundizar en una nueva matriz artística que permita desarrollar la composición coreográfica, ya que considera que "las artes escénicas en Ecuador están estancadas".

 

Para Ortiz, "las artes son el espacio precisamente donde se tiene que liberar la mente", tanto del artista como del público, que también debería "reaccionar, no ser pasivo, no esperar que todo nos lo cuenten". 

Formulario vía emBluemail
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