Río de Janeiro enfrenta a sus 'elefantes blancos' 6 meses después de los JJ.OO.

Varias estructuras utilizadas para el evento deportivo están abandonadas y sin uso.

Así se ve la cancha de tenis del parque olímpico que fue cubierta de arena para usarla en el volley de playa. Foto: AFP
Así luce el velodromo Olímpico luego de seis meses de finalizado los JJ.OO. Foto: AFP
La cobertura exterior del estadio acuático olímpico se cae de a poco tras estar si uso. Foto: AFP
Las sillas de la parte superior del Arena Carioca 1, donde se disputó basket, has sido removidas. Foto: AFP
Así luce el interior del Arena Carioca 2 que recibió las disciplinas de Judo y Lucha. Foto: AFP
Este es el exterior del Arena Carioca 2 que recibió las disciplinas de Judo y Lucha. Foto: AFP
18 Febrero, 2017, 11:33 am
Por: Redacción 
Los organizadores de Rio 2016 prometieron que no habría elefantes blancos al terminar los Juegos. Pero seis meses después crecen las dudas sobre el futuro de las instalaciones olímpicas, pese a ciertos legados positivos, como la mejoras en el sistema de transporte urbano. 
 
El césped marchito en el famoso estadio Maracaná o los apartamentos sin vender en la treintena de torres de la Ciudad de los Atletas, proyectada para convertirse en un barrio lujoso, muestran en cambio que muchos compromisos contraídos antes de los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica han quedado sin cumplir. 
 
En espera de la extensa y fastidiosa tarea de desmontar las estructuras temporales, el Parque Olímpico no acoge prácticamente ningún acontecimiento deportivo desde el fin de los Juegos Paralímpicos, el 18 de septiembre.
 
Abierto al público desde el 21 de enero, esa vasta área donde se realizaron las populares competencias de natación, gimnasia o básquetbol tampoco atrae a muchos visitantes.
 
El paisaje es desolador: materiales de construcción abandonados, asientos apilados y alcantarillas a medio cerrar. La piscina de precalentamiento donde hace seis meses Michael Phelps se preparaba para sus hazañas olímpicas se ha convertido en un criadero de mosquitos. 
 
El 20 de agosto, en la víspera de la ceremonia de clausura, el entonces alcalde de Rio de Janeiro, Eduardo Paes, prometió que no habría "elefantes blancos".
 
Con este objetivo lanzó una licitación para que el Parque sea administrado por una sociedad privada, pero ningún candidato confiable se presentó y la alcaldía decidió en diciembre otorgar su gestión al ministerio de Deportes. 
 
Entre tanto tuvieron lugar elecciones municipales y las nuevas autoridades, en funciones desde enero, piden tiempo para negociar todos los contratos.
 
La Arena del Futuro - construida con prefabricados - debería transformarse en cuatro escuelas para los barrios pobres de Rio, pero la alcaldía afirma que "el presupuesto se está revisando, así como los lugares y los plazos de construcción".
 
"Como ciudadano estoy muy preocupado. Aprendí a desconfiar de los políticos. Si estas escuelas no ven la luz será un verdadero fracaso", afirma Gustavo Martins, arquitecto a cargo del proyecto original. 
 
Según el Comité Olímpico Brasileño (COB), todas las instalaciones permanentes tienen potencial de transformarse en centros de excelencia para la práctica deportiva de alto nivel pero, otra vez, tampoco hay algún proyecto sólido hasta ahora.
 
"Debemos tener una reunión con el ministerio de Deportes la próxima semana y esperamos poder utilizar las instalaciones en el segundo semestre de este año", dice el director ejecutivo del COB, Agberto Guimaraes. 
AFP
Los organizadores de Rio 2016 prometieron que no habría elefantes blancos al terminar los Juegos. Pero seis meses después crecen las dudas sobre el futuro de las instalaciones olímpicas, pese a ciertos legados positivos, como la mejoras en el sistema de transporte urbano. 
 
El césped marchito en el famoso estadio Maracaná o los apartamentos sin vender en la treintena de torres de la Ciudad de los Atletas, proyectada para convertirse en un barrio lujoso, muestran en cambio que muchos compromisos contraídos antes de los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica han quedado sin cumplir. 
 
En espera de la extensa y fastidiosa tarea de desmontar las estructuras temporales, el Parque Olímpico no acoge prácticamente ningún acontecimiento deportivo desde el fin de los Juegos Paralímpicos, el 18 de septiembre.
 
Abierto al público desde el 21 de enero, esa vasta área donde se realizaron las populares competencias de natación, gimnasia o básquetbol tampoco atrae a muchos visitantes.
 
El paisaje es desolador: materiales de construcción abandonados, asientos apilados y alcantarillas a medio cerrar. La piscina de precalentamiento donde hace seis meses Michael Phelps se preparaba para sus hazañas olímpicas se ha convertido en un criadero de mosquitos. 
 
El 20 de agosto, en la víspera de la ceremonia de clausura, el entonces alcalde de Rio de Janeiro, Eduardo Paes, prometió que no habría "elefantes blancos".
 
Con este objetivo lanzó una licitación para que el Parque sea administrado por una sociedad privada, pero ningún candidato confiable se presentó y la alcaldía decidió en diciembre otorgar su gestión al ministerio de Deportes. 
 
Entre tanto tuvieron lugar elecciones municipales y las nuevas autoridades, en funciones desde enero, piden tiempo para negociar todos los contratos.
 
La Arena del Futuro - construida con prefabricados - debería transformarse en cuatro escuelas para los barrios pobres de Rio, pero la alcaldía afirma que "el presupuesto se está revisando, así como los lugares y los plazos de construcción".
 
"Como ciudadano estoy muy preocupado. Aprendí a desconfiar de los políticos. Si estas escuelas no ven la luz será un verdadero fracaso", afirma Gustavo Martins, arquitecto a cargo del proyecto original. 
 
Según el Comité Olímpico Brasileño (COB), todas las instalaciones permanentes tienen potencial de transformarse en centros de excelencia para la práctica deportiva de alto nivel pero, otra vez, tampoco hay algún proyecto sólido hasta ahora.
 
"Debemos tener una reunión con el ministerio de Deportes la próxima semana y esperamos poder utilizar las instalaciones en el segundo semestre de este año", dice el director ejecutivo del COB, Agberto Guimaraes.