Inicio ·Deportes · Artículo

Perfil de José Pekerman, el hombre que promete llevar a Colombia al Mundial

Redacción

gpinasco

|

Viernes 06 de Septiembre de 2013 - 15:14
compártelo
El técnico, nacido el 3 de septiembre de 1949 en la localidad de Villa Domínguez, provincia de Entre Ríos (Argentina), está concentrado en Barranquilla, en el norte de Colombia, con los 26 jugadores que llamó para los próximos dos partidos de las eliminatorias, en los que Colombia puede asegurar su clasificación para el Mundial de Brasil 2014. 
 
Desde su infancia en la ciudad de Ibicuy, en la provincia de Entre Ríos, sus padres, Óscar y Raquel, supieron transmitirles a él y a su hermano, Luis, la pasión por el trabajo. Su familia buscó mejor fortuna en una ciudad un poco más animada a orillas del río Paraná. Allí sobraban los potreros para comenzar a dar las primeras patadas al balón con escasos cinco años. Recién a los siete, la familia se trasladó a Buenos Aires, donde sus padres montaron un bar, que le dejó más que un doctorado. Una escuela de la vida que le enseñó sin darse cuenta aquello de que el hombre es dueño de sus silencios y rehén de sus palabras. Por eso ,Pékerman transitó por la vida como un hombre libre y hasta podría decirse que millonario, aun cuando la moneda no sobraba y tenía que salir a deambular Buenos Aires al timón de un taxi, en busca de sustento para la familia. Su riqueza no radica en otro lugar que no sea su humildad y su apertura al sacrificio.
 
Por eso a nadie debería sorprender que Pékerman sea argentino pero que no ejerza de tal. No es histriónico ni charlatán. Tiene domado el ego como pocos de sus compatriotas, y gracias a su silencioso trabajo de décadas, se convirtió en el entrenador que descubrió la mayor cantidad de cracs argentinos que poblaron las formaciones europeas y latinoamericanas. En otro tiempo eran Silvano Espíndola o Fernando Redondo los que llevaban la impronta de su labor como técnico y descubridor de talentos en el Argentinos Juniors, donde pasó buena parte de su vida deportiva. Después fueron el ‘Cano’ Ibagaza o Gastón Pezzuti, a los que terminó de formar en el seleccionado juvenil argentino campeón mundial en Catar.
 
Más tarde, Juan Román Riquelme o Walter Samuel, en Malasia. O el Kun Agüero, en Argentina. Tres campeonatos del mundo con juveniles que terminaron por catapultarlo a los primeros planos internacionales. Siempre junto a su otra “familia”, su equipo de trabajo, con Hugo Tocalli y Néstor Lorenzo, al que llevó como jugador hasta la primera división de Argentinos Juniors.
 
Todos ellos viven agradecidos con José, aun cuando no lo exterioricen. Y es que de él aprendieron la pasión por el silencio, el bajo perfil y, sobre todo, la humildad.
 
“José lo hace todo muy simple. Nos inculcó siempre el trabajo. Es un tipo muy profesional que como técnico sabe explotar lo mejor de cada jugador y siempre te deja una reflexión. A mí aquella experiencia con él en la selección juvenil me marcó para siempre”, recordó Walter Coyette, exjugador de Lanús.
 
Su llegada a Argentinos Juniors
El Pékerman futbolista se fue gestando en los campitos del conurbano bonaerense. Más precisamente en Martín Coronado y San Martín. Era un mediocampista batallador, pero con mejor pie que muchos otros. Allí se había trasladado la familia desde Ibicuy, y ya por entonces cursaba la escuela primaria, ayudaba a sus padres como mesero y hacía lo que más le gustaba: jugar al fútbol.
 
Un día se cruzó en su vida Argentinos Juniors. José jugaba en el equipo de su barrio y al enfrentar a la séptima división de Argentinos, un allegado lo contactó para que se sumara a sus filas. Desde entonces ese club siempre estuvo en su horizonte y, por qué no, en su corazón.
 
Ni los entrenamientos lograron alejarlo del bachillerato y de sus estudios de kinesiología (en realidad, quería graduarse de educación física, pero no había horario nocturno, lo que lo hizo desistir).
Y es que el destino tiene sus recovecos. En las clases de kinesiología se reencontró con Matilde, una compañera de la escuela estatal número 21 de Martín Coronado, con quien se casó años después.
 
En la primera división de Argentinos debutó en 1966. Allí compartió el plantel con Osvaldo ‘Chiche’ Sosa, Ribaudo, Hugo Pena y Horacio Cordero. Fue en 1973 cuando su rodilla comenzó a traerle más problemas de los normales y un año después fue transferido a Independiente Medellín, donde jugó 101 partidos, convirtió 15 goles y vio nacer a Vanesa, la primera de sus dos hijas. Aquella primera experiencia en Colombia duró hasta 1977, cuando las lesiones lo forzaron a abandonar lo que más le gustaba, con tan solo 28 años.
 
Ya había comenzado la Argentina de los tiempos difíciles, bajo las botas de la dictadura militar y con un mundial de fútbol para taparlo todo, incluso el gigantesco esquema de represión y torturas que caracterizó al país por aquel entonces.
 
La finanzas de José y de Matilde estaban diezmadas, pero la voluntad y su apego al trabajo eran más fuertes. Un Renault 12, como todo su capital, le sirvió para transformarse en chofer de taxi. Por un tiempo, el fútbol había quedado reducido a las charlas con los pasajeros.
 
Fue Ricardo Trigilli, otra gloria de Argentinos Juniors en los años 50 –a quien tuvo de técnico cuando militaba en ese equipo–, el que lo introdujo en la conducción técnica, en 1981. Primero en Estudiantes de Buenos Aires en segunda división y luego en Chacarita Juniors, y siempre como ayudante de campo del ‘Tano’, como el mundo del fútbol conocía a Trigilli. Todos eran equipos humildes, que se ajustaban a su personalidad. Así siguieron hasta que ambos recalaron en “su casa”: Argentinos Juniors.
 
Cuando ambos terminaron esa etapa, Pékerman continuó, pero en las divisiones inferiores del club, donde empezó a construir esa inmensa factoría de talentos que lleva su impronta.
 
Redondo, el ‘Pipa’ Gancedo, Juan Pablo Sorín y Diego Placente, junto a otros muchos nombres, pasaron por su óptica. De allí al período más exitoso de la selección juvenil argentina hubo mucho, pero mucho trabajo silencioso y apasionado. Mucha conducta y ejemplos como materia prima para elaborar un prestigio y tres mundiales: el de Catar, en 1995; el de Malasia, en el 97, y el de Argentina, en el 2001. No eran por entonces pocos los clubes que lo buscaban para que dirigiera la primera división.
 
“Sabía que lo suyo eran los jóvenes. Podía moldearlos a la medida de sus pretensiones y era consciente de que cuando diera el paso con los primeros equipos mayores, regresar a los jóvenes iba a ser imposible”, cuenta uno de los exfutbolistas que más lo frecuenta cuando pasa por Buenos Aires.
Así fue que cuando se hizo cargo de la Selección argentina en el 2004 ya no tenía opción de decir que no. Venía de trabajar como coordinador de selecciones y ya los juveniles eran una rica historia. Clasificó a la Selección para el Mundial de Alemania del 2006, para el que convocó a un Lionel Messi, quien daba sus primeros pasos de gigante en el fútbol mayor, pero los penales no le fueron favorables en los cuartos de final.
 
“Sus equipos se definen por la simpleza y por el orden dentro de la cancha. Pero tanto para José como para todo su cuerpo técnico, debe haber primero orden en el grupo para que haya orden dentro del campo. Y para trabajar al grupo utiliza mucho herramientas de la psicología”, asegura Adrián Banegas, exjugador del Vélez Sársfield y el Rácing Club.
 
Además del fracaso deportivo, la personalidad de Pékerman no cuajaba mucho ni con la dirigencia del fútbol argentino ni con lo que la sociedad pretendía en materia futbolística. Sus épicos eran demasiado ordenados, demasiado laboriosos y solidarios, con la dosis de disciplina táctica necesaria y siempre buscando el arco rival. 
 
Sin embargo, la selección de Falcao y Teófilo Gutiérrez, dos personalidades tan disímiles y complementarias al mismo tiempo, parece interpretar al pie de la letra esa pieza teatral escrita por José. Un hombre familiarizado con los mundiales que parece haber encontrado en Colombia una orquesta que se ajusta a su filosofía.
 
Fuente: El Tiempo
 

El técnico, nacido el 3 de septiembre de 1949 en la localidad de Villa Domínguez, provincia de Entre Ríos (Argentina), está concentrado en Barranquilla, en el norte de Colombia, con los 26 jugadores que llamó para los próximos dos partidos de las eliminatorias, en los que Colombia puede asegurar su clasificación para el Mundial de Brasil 2014. 

 

Desde su infancia en la ciudad de Ibicuy, en la provincia de Entre Ríos, sus padres, Óscar y Raquel, supieron transmitirles a él y a su hermano, Luis, la pasión por el trabajo. Su familia buscó mejor fortuna en una ciudad un poco más animada a orillas del río Paraná. Allí sobraban los potreros para comenzar a dar las primeras patadas al balón con escasos cinco años. Recién a los siete, la familia se trasladó a Buenos Aires, donde sus padres montaron un bar, que le dejó más que un doctorado. Una escuela de la vida que le enseñó sin darse cuenta aquello de que el hombre es dueño de sus silencios y rehén de sus palabras. Por eso ,Pékerman transitó por la vida como un hombre libre y hasta podría decirse que millonario, aun cuando la moneda no sobraba y tenía que salir a deambular Buenos Aires al timón de un taxi, en busca de sustento para la familia. Su riqueza no radica en otro lugar que no sea su humildad y su apertura al sacrificio.

 

Por eso a nadie debería sorprender que Pékerman sea argentino pero que no ejerza de tal. No es histriónico ni charlatán. Tiene domado el ego como pocos de sus compatriotas, y gracias a su silencioso trabajo de décadas, se convirtió en el entrenador que descubrió la mayor cantidad de cracs argentinos que poblaron las formaciones europeas y latinoamericanas. En otro tiempo eran Silvano Espíndola o Fernando Redondo los que llevaban la impronta de su labor como técnico y descubridor de talentos en el Argentinos Juniors, donde pasó buena parte de su vida deportiva. Después fueron el ‘Cano’ Ibagaza o Gastón Pezzuti, a los que terminó de formar en el seleccionado juvenil argentino campeón mundial en Catar.

 

Más tarde, Juan Román Riquelme o Walter Samuel, en Malasia. O el Kun Agüero, en Argentina. Tres campeonatos del mundo con juveniles que terminaron por catapultarlo a los primeros planos internacionales. Siempre junto a su otra “familia”, su equipo de trabajo, con Hugo Tocalli y Néstor Lorenzo, al que llevó como jugador hasta la primera división de Argentinos Juniors.

 

Todos ellos viven agradecidos con José, aun cuando no lo exterioricen. Y es que de él aprendieron la pasión por el silencio, el bajo perfil y, sobre todo, la humildad.

 

“José lo hace todo muy simple. Nos inculcó siempre el trabajo. Es un tipo muy profesional que como técnico sabe explotar lo mejor de cada jugador y siempre te deja una reflexión. A mí aquella experiencia con él en la selección juvenil me marcó para siempre”, recordó Walter Coyette, exjugador de Lanús.

 

Su llegada a Argentinos Juniors

El Pékerman futbolista se fue gestando en los campitos del conurbano bonaerense. Más precisamente en Martín Coronado y San Martín. Era un mediocampista batallador, pero con mejor pie que muchos otros. Allí se había trasladado la familia desde Ibicuy, y ya por entonces cursaba la escuela primaria, ayudaba a sus padres como mesero y hacía lo que más le gustaba: jugar al fútbol.

 

Un día se cruzó en su vida Argentinos Juniors. José jugaba en el equipo de su barrio y al enfrentar a la séptima división de Argentinos, un allegado lo contactó para que se sumara a sus filas. Desde entonces ese club siempre estuvo en su horizonte y, por qué no, en su corazón.

 

Ni los entrenamientos lograron alejarlo del bachillerato y de sus estudios de kinesiología (en realidad, quería graduarse de educación física, pero no había horario nocturno, lo que lo hizo desistir).

Y es que el destino tiene sus recovecos. En las clases de kinesiología se reencontró con Matilde, una compañera de la escuela estatal número 21 de Martín Coronado, con quien se casó años después.

 

En la primera división de Argentinos debutó en 1966. Allí compartió el plantel con Osvaldo ‘Chiche’ Sosa, Ribaudo, Hugo Pena y Horacio Cordero. Fue en 1973 cuando su rodilla comenzó a traerle más problemas de los normales y un año después fue transferido a Independiente Medellín, donde jugó 101 partidos, convirtió 15 goles y vio nacer a Vanesa, la primera de sus dos hijas. Aquella primera experiencia en Colombia duró hasta 1977, cuando las lesiones lo forzaron a abandonar lo que más le gustaba, con tan solo 28 años.

 

Ya había comenzado la Argentina de los tiempos difíciles, bajo las botas de la dictadura militar y con un mundial de fútbol para taparlo todo, incluso el gigantesco esquema de represión y torturas que caracterizó al país por aquel entonces.

 

La finanzas de José y de Matilde estaban diezmadas, pero la voluntad y su apego al trabajo eran más fuertes. Un Renault 12, como todo su capital, le sirvió para transformarse en chofer de taxi. Por un tiempo, el fútbol había quedado reducido a las charlas con los pasajeros.

 

Fue Ricardo Trigilli, otra gloria de Argentinos Juniors en los años 50 –a quien tuvo de técnico cuando militaba en ese equipo–, el que lo introdujo en la conducción técnica, en 1981. Primero en Estudiantes de Buenos Aires en segunda división y luego en Chacarita Juniors, y siempre como ayudante de campo del ‘Tano’, como el mundo del fútbol conocía a Trigilli. Todos eran equipos humildes, que se ajustaban a su personalidad. Así siguieron hasta que ambos recalaron en “su casa”: Argentinos Juniors.

 

Cuando ambos terminaron esa etapa, Pékerman continuó, pero en las divisiones inferiores del club, donde empezó a construir esa inmensa factoría de talentos que lleva su impronta.

 

Redondo, el ‘Pipa’ Gancedo, Juan Pablo Sorín y Diego Placente, junto a otros muchos nombres, pasaron por su óptica. De allí al período más exitoso de la selección juvenil argentina hubo mucho, pero mucho trabajo silencioso y apasionado. Mucha conducta y ejemplos como materia prima para elaborar un prestigio y tres mundiales: el de Catar, en 1995; el de Malasia, en el 97, y el de Argentina, en el 2001. No eran por entonces pocos los clubes que lo buscaban para que dirigiera la primera división.

 

“Sabía que lo suyo eran los jóvenes. Podía moldearlos a la medida de sus pretensiones y era consciente de que cuando diera el paso con los primeros equipos mayores, regresar a los jóvenes iba a ser imposible”, cuenta uno de los exfutbolistas que más lo frecuenta cuando pasa por Buenos Aires.

Así fue que cuando se hizo cargo de la Selección argentina en el 2004 ya no tenía opción de decir que no. Venía de trabajar como coordinador de selecciones y ya los juveniles eran una rica historia. Clasificó a la Selección para el Mundial de Alemania del 2006, para el que convocó a un Lionel Messi, quien daba sus primeros pasos de gigante en el fútbol mayor, pero los penales no le fueron favorables en los cuartos de final.

 

“Sus equipos se definen por la simpleza y por el orden dentro de la cancha. Pero tanto para José como para todo su cuerpo técnico, debe haber primero orden en el grupo para que haya orden dentro del campo. Y para trabajar al grupo utiliza mucho herramientas de la psicología”, asegura Adrián Banegas, exjugador del Vélez Sársfield y el Rácing Club.

 

Además del fracaso deportivo, la personalidad de Pékerman no cuajaba mucho ni con la dirigencia del fútbol argentino ni con lo que la sociedad pretendía en materia futbolística. Sus épicos eran demasiado ordenados, demasiado laboriosos y solidarios, con la dosis de disciplina táctica necesaria y siempre buscando el arco rival. 

 

Sin embargo, la selección de Falcao y Teófilo Gutiérrez, dos personalidades tan disímiles y complementarias al mismo tiempo, parece interpretar al pie de la letra esa pieza teatral escrita por José. Un hombre familiarizado con los mundiales que parece haber encontrado en Colombia una orquesta que se ajusta a su filosofía.

 

Fuente: El Tiempo

 

Formulario vía emBluemail
SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES
Le recomendamos