En la Trinitaria no se tira la toalla

Las boxeadoras que ganaron oro y plata para Guayas pelean contra el olvido.

Diangy Valencia y Katherine Briones, campeonas de box y alumnas del 'Destructor' Preciado en la isla Trinitaria. Foto: Efraín Castellanos
9 Marzo, 2016, 3:14 pm
Por: Redacción 
Por: Alina Manrique
 
 
De cara al estero, en la cooperativa Independencia Dos de la Isla Trinitaria de Guayaquil, se levanta un semillero de campeones de box. Una construcción de una planta, con tres salones y amplios ventanales que miran al brazo de mar, evidentemente pensada para prácticas de canotaje. Está en un malecón propicio para que los niños y niñas del sector se proyecten más allá de las fronteras naturales, más allá de Guayaquil. Es el sueño por el que Jecson Preciado se despierta cada día.
 
“Es lo que sé hacer. No como ni duermo cuando ellos están en competencia. Me pongo más nervioso que ellos”. Fundador y profesor de los casi 50 niños de entre 10 y 16 años que asisten a la Trinibox, el famoso pugilista apodado ‘Destructor’ ocupa sus días en dar clases gratuitas a los adolescentes, mayoritariamente afro, que hay en la zona. Tras casi un año de trabajo, los resultados alientan a todos en el barrio.
 
En los décimos Juegos Nacionales de Menores de Carpuela, Imbabura, los alumnos de Jecson Preciado se llevaron seis de las diez medallas que obtuvo Guayas. La provincia se ubicó primera en la tabla general, con 382 puntos.
 
La chica de oro de Independencia Dos vive a pocas cuadras de la escuela. Se llama Katherine Briones, tiene 13 años y por el momento no entrena porque sufrió una lesión en el brazo durante una práctica. Su madre, Cruz Angulo, no aprueba que se exponga a un golpe. A Cruz le gusta el box femenino y no lo esconde, pero está orgullosa de su hija mientras se mantenga estudiando.
 
Katherine se ha propuesto recuperarse para volver a entrenar, pero también está lista para empezar el nuevo año lectivo en un colegio diferente. No ha decidido qué carrera seguirá, así que prefiere recordar con emoción lo vivido el año pasado, cuando viajó hasta Carpuela, Imbabura para competir con los mejores atletas de 23 provincias. El último de 24 días, tuvo piscinazo y parrillada incluida. En la gala especial para los atletas, pudieron ver un show con artistas locales. “A mí me gusta (el box) y voy a seguir”, comenta, resuelta.
 
Diangy Valencia también estuvo en Carpuela y obtuvo medalla de plata. Es otra de los campeones que han surgido en la escuela del profesor Preciado; entró al mundo del box siguiendo a su amiga y compañera de colegio, Katherine, “por novelería”. Ahora anima a más niñas a sumergirse en un deporte de contacto, para vencer a los vicios que amenazan a los adolescentes de la isla. La página www.inspirasdignidad.com cuenta la historia de la Trinibox, hoy abierta para todos. 
 
Destructor y sus alumnos se paran tiesos frente a lo que venga. No tienen vendas, zapatos apropiados, ni siquiera una lona que sirva como cuadrilátero. Tampoco reciben más alimentación que la que sus padres pueden conseguir para ellos, ni difusión de su trabajo, ni apoyos privados. A veces deben reunir centavos para comprar fundas de agua. Pero siguen asistiendo a las clases diarias, de lunes a viernes, y a veces, después de sudarla, se lanzan al agua del estero que quién sabe cuándo estará limpia. No tirarán la toalla.
 
 
Por: Alina Manrique
 
 
De cara al estero, en la cooperativa Independencia Dos de la Isla Trinitaria de Guayaquil, se levanta un semillero de campeones de box. Una construcción de una planta, con tres salones y amplios ventanales que miran al brazo de mar, evidentemente pensada para prácticas de canotaje. Está en un malecón propicio para que los niños y niñas del sector se proyecten más allá de las fronteras naturales, más allá de Guayaquil. Es el sueño por el que Jecson Preciado se despierta cada día.
 
“Es lo que sé hacer. No como ni duermo cuando ellos están en competencia. Me pongo más nervioso que ellos”. Fundador y profesor de los casi 50 niños de entre 10 y 16 años que asisten a la Trinibox, el famoso pugilista apodado ‘Destructor’ ocupa sus días en dar clases gratuitas a los adolescentes, mayoritariamente afro, que hay en la zona. Tras casi un año de trabajo, los resultados alientan a todos en el barrio.
 
En los décimos Juegos Nacionales de Menores de Carpuela, Imbabura, los alumnos de Jecson Preciado se llevaron seis de las diez medallas que obtuvo Guayas. La provincia se ubicó primera en la tabla general, con 382 puntos.
 
La chica de oro de Independencia Dos vive a pocas cuadras de la escuela. Se llama Katherine Briones, tiene 13 años y por el momento no entrena porque sufrió una lesión en el brazo durante una práctica. Su madre, Cruz Angulo, no aprueba que se exponga a un golpe. A Cruz le gusta el box femenino y no lo esconde, pero está orgullosa de su hija mientras se mantenga estudiando.
 
Katherine se ha propuesto recuperarse para volver a entrenar, pero también está lista para empezar el nuevo año lectivo en un colegio diferente. No ha decidido qué carrera seguirá, así que prefiere recordar con emoción lo vivido el año pasado, cuando viajó hasta Carpuela, Imbabura para competir con los mejores atletas de 23 provincias. El último de 24 días, tuvo piscinazo y parrillada incluida. En la gala especial para los atletas, pudieron ver un show con artistas locales. “A mí me gusta (el box) y voy a seguir”, comenta, resuelta.
 
Diangy Valencia también estuvo en Carpuela y obtuvo medalla de plata. Es otra de los campeones que han surgido en la escuela del profesor Preciado; entró al mundo del box siguiendo a su amiga y compañera de colegio, Katherine, “por novelería”. Ahora anima a más niñas a sumergirse en un deporte de contacto, para vencer a los vicios que amenazan a los adolescentes de la isla. La página www.inspirasdignidad.com cuenta la historia de la Trinibox, hoy abierta para todos. 
 
Destructor y sus alumnos se paran tiesos frente a lo que venga. No tienen vendas, zapatos apropiados, ni siquiera una lona que sirva como cuadrilátero. Tampoco reciben más alimentación que la que sus padres pueden conseguir para ellos, ni difusión de su trabajo, ni apoyos privados. A veces deben reunir centavos para comprar fundas de agua. Pero siguen asistiendo a las clases diarias, de lunes a viernes, y a veces, después de sudarla, se lanzan al agua del estero que quién sabe cuándo estará limpia. No tirarán la toalla.
 
 
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