Cómo sobrevivir a la humillación en el trabajo

Cómo sobrevivir a la humillación en el trabajo
9 Mayo, 2014, 6:56 am
Por: Redacción 

 

Krawcheck no califica el comportamiento de cruel, sino de mucho peor que eso. "Aún después de todos estos años puedo sentir el escozor de esa humillación", escribió.

Al final, Krawcheck se armó de valor y fue a la oficina del analista a preguntarle qué podía hacer ella para mejorar. Él la despachó de inmediato diciendo que no era su jefe. "Y continuó con actuando igual cada vez que yo hablaba en la reunión matutina".

Para sobrevivir a la humillación Krawcheck hizo varias cosas:

"Fui a la oficina de mi jefe para que me diera su feedback, sin importar lo doloroso que fuera. También pedí a los demás que hicieran comentarios sobre mi desempeño. Pregunté cómo podía mejorar casi siempre que tuve la oportunidad", escribió. "Seguí hablando en las reuniones matutinas. No ignoré la desaprobación del 'analista' y, aún más importante, trabajé increíblemente duro para lograr el éxito en mi trabajo".

No, no parecía justo, señaló Krawcheck, "pero me ayudó a destacarme de la competencia… y seguramente tuve éxito más rápidamente debido a esa experiencia".

Michelle Mastrobattista, directora de comunicaciones digitales de Solomon McCown& Co

Unos años después de que Michelle Mastrobattista terminara la universidad, recibió una oferta laboral soñada: "ser la ejecutiva de cuentas de una agencia de mercadeo de entretenimiento que trabajaba con grandes compañías como Fiji water, Philips y Volkswagen".

"Eso combinaba a la perfección mis intereses en el mercadeo y el entretenimiento. Amaba ese trabajo", escribió en un texto tiulado "Por qué todos deberían ser despedidos al menos una vez" ("Why Everyone Should Be Laid Off at Least Once").

"Todo era genial hasta que, un día, me despidieron", escribió. "Es el peor sentimiento del mundo. Me sentí una fracasada. Para empeorar las cosas, mi jefe tuvo que llevarme a casa porque ese día fui a trabajar con el auto de la compañía. No tenía mis llaves y recuerdo que estaba sentada en la entrada de mi casa llorando con una caja llena de mis pertenencias".

 

"Pero no todo estaba perdido", añadió Mastrobattista. De hecho, fue algo bueno. "Creo que todos debemos ser despedidos al menos una vez en nuestra carrera. El lado positivo de haber sido despedida fue que me obligó a dar el próximo paso y a continuar aprendiendo".

Pronto, Mastrobattista consiguió otro empleo. Si bien era en un puesto inferior al que tenía, su jefe la dejaba hacer trabajo adicional y sus responsabilidades crecieron. Después de varios trabajos, fundó el departamento de redes sociales de un startup de mercadeo.

"Finalmente había hallado mi lugar", escribió. "Mi senda al éxito no se parecía en nada a lo que había imaginado. Era una ondulante ruta llena de subidas y bajadas que me ayudó a formarme como soy hoy en día. Lo importante es qué obtienes de cada experiencia y cómo lo aplicas a cada cosa que haces".

 

 

Tomada de la BBC

 

Krawcheck no califica el comportamiento de cruel, sino de mucho peor que eso. "Aún después de todos estos años puedo sentir el escozor de esa humillación", escribió.

Al final, Krawcheck se armó de valor y fue a la oficina del analista a preguntarle qué podía hacer ella para mejorar. Él la despachó de inmediato diciendo que no era su jefe. "Y continuó con actuando igual cada vez que yo hablaba en la reunión matutina".

Para sobrevivir a la humillación Krawcheck hizo varias cosas:

"Fui a la oficina de mi jefe para que me diera su feedback, sin importar lo doloroso que fuera. También pedí a los demás que hicieran comentarios sobre mi desempeño. Pregunté cómo podía mejorar casi siempre que tuve la oportunidad", escribió. "Seguí hablando en las reuniones matutinas. No ignoré la desaprobación del 'analista' y, aún más importante, trabajé increíblemente duro para lograr el éxito en mi trabajo".

No, no parecía justo, señaló Krawcheck, "pero me ayudó a destacarme de la competencia… y seguramente tuve éxito más rápidamente debido a esa experiencia".

Michelle Mastrobattista, directora de comunicaciones digitales de Solomon McCown& Co

Unos años después de que Michelle Mastrobattista terminara la universidad, recibió una oferta laboral soñada: "ser la ejecutiva de cuentas de una agencia de mercadeo de entretenimiento que trabajaba con grandes compañías como Fiji water, Philips y Volkswagen".

"Eso combinaba a la perfección mis intereses en el mercadeo y el entretenimiento. Amaba ese trabajo", escribió en un texto tiulado "Por qué todos deberían ser despedidos al menos una vez" ("Why Everyone Should Be Laid Off at Least Once").

"Todo era genial hasta que, un día, me despidieron", escribió. "Es el peor sentimiento del mundo. Me sentí una fracasada. Para empeorar las cosas, mi jefe tuvo que llevarme a casa porque ese día fui a trabajar con el auto de la compañía. No tenía mis llaves y recuerdo que estaba sentada en la entrada de mi casa llorando con una caja llena de mis pertenencias".

 

"Pero no todo estaba perdido", añadió Mastrobattista. De hecho, fue algo bueno. "Creo que todos debemos ser despedidos al menos una vez en nuestra carrera. El lado positivo de haber sido despedida fue que me obligó a dar el próximo paso y a continuar aprendiendo".

Pronto, Mastrobattista consiguió otro empleo. Si bien era en un puesto inferior al que tenía, su jefe la dejaba hacer trabajo adicional y sus responsabilidades crecieron. Después de varios trabajos, fundó el departamento de redes sociales de un startup de mercadeo.

"Finalmente había hallado mi lugar", escribió. "Mi senda al éxito no se parecía en nada a lo que había imaginado. Era una ondulante ruta llena de subidas y bajadas que me ayudó a formarme como soy hoy en día. Lo importante es qué obtienes de cada experiencia y cómo lo aplicas a cada cosa que haces".