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Uruguay es observatorio piloto de adaptación al cambio climático

Redacción

bbc

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Martes 02 de Julio de 2013 - 21:56
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Sequías e inundaciones en Uruguay. Los fenómenos extremos ya son más frecuentes.

El impacto futuro del cambio climático puede ser incierto, pero la frecuencia mayor de eventos extremos ya es una realidad a la que es preciso adaptarse.

Ese es el mensaje central que transmite a los gobiernos latinoamericanos Walter Baethgen, director para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional sobre Clima y Sociedad, IRI, de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.
Baethgen ha venido trabajando con varios gobiernos de la región en el tema de adaptación al cambio climático y participa en Uruguay de un proyecto pionero: transformar a todo el país en un observatorio, para mostrar al mundo cómo enfrentar en forma concreta el cambio climático.
BBC Mundo conversó con Baethgen sobre el proyecto en Uruguay.

¿Qué proponen a los gobiernos de América Latina en materia de adaptación al cambio climático?

El problema es que el mejor conocimiento científico sobre cambio climático que se le ofrecía a quienes están en política eran escenarios de muy largo plazo, para el año 2080 o 2100, y con un gran nivel de incertidumbre.

Walter Baethgen: "Hay mucho por hacer en América Latina que es posible".

Y eso lo que genera es parálisis, porque el tomador de decisiones que se enfrenta con esa información realmente no sabe qué hacer.
Entonces el grupo nuestro del IRI de la Universidad de Columbia lo que planteó fue lo siguiente: una de las cosas que sabemos que está pasando y que va a pasar es que la variabilidad climática -o sea lo que cambia el clima de un año a otro- va a seguir aumentando.
Nuestra premisa es que todo lo que hagamos para ayudar a que una sociedad se adapte mejor a la variabilidad de hoy va a resultar en un sociedad con mejor capacidad de adaptación a lo que traiga el cambio climático en el futuro.

¿La mayor variabilidad ya es una realidad?

En Uruguay, por ejemplo, en los últimos 100 años las lluvias de primavera y verano han aumentado, pero también la frecuencia de grandes tormentas. No es que llueva más días de manera normal, sino que es más común que existan grandes tormentas con grandes lluvias.

El 70% de la tierra en Uruguay está bajo pasturas, muchas naturales.

Al mismo tiempo ha ido aumentando el número de días consecutivos sin lluvias, que es lo que más afecta la producción de pasturas.
Cuando hay muchos días sin llover, aunque caigan 70 mm el agua no se aprovecha, porque si llueve más de lo que es capaz de absorber el suelo, esa agua escurre y puede acabar desbordando ríos.
La evidencia científica en distintos países coincide en que una de las cosas que podemos esperar en el futuro es que eventos extremos y dañinos como sequías, inundaciones y huracanes sean más frecuentes.

¿Qué tipo de acciones recomiendan a los países para adaptarse a esta variabilidad?

Soy director de este programa de la universidad de Columbia para América Latina y el Caribe y en varios lugares de la región estamos haciendo actividades con este enfoque. Le llamamos gestión de riesgos climáticos.

La gran alegría, la gran sorpresa que encontré en Uruguay es que cuatro ministerios clave –Cancillería, Energía, Medio Ambiente y Agricultura- están muy bien alineados, con muchas ganas de hacer algo en forma coordinada para mejorar la adaptación al cambio climático y tambien la mitigación, es decir, la reducción de emisiones.
Hasta tal punto que manejamos la idea de que Uruguay sea una especie de observatorio para la región o el mundo: que pueda mostrar cómo enfrentar en forma concreta el tema del cambio climático.
Lo que es realmente bueno es que hay un programa de país. Uruguay, por ser un país agropecuario, está empezando con este esfuerzo en el sector agropecuario, pero en pasos inmediatamente posteriores la idea es que todo el país sirva como un observatorio también en otras áreas, como la salud pública.
Un "pais observatorio" en que se piensa demostrar al mundo cómo Uruguay está encarando concretamente el tema de adaptación.

¿Qué ventajas ofrece Uruguay para ser un país observatorio?

Hay muchas cosas, tiene una institucionalidad muy fuerte, un sistema político y económico estable. Es un país chico, donde es relativamente más fácil establecer algo a nivel de país. Y se da la coyuntura que mencioné de que todos los ministerios involucrados con producción y medio ambiente están alineados.
Además, tiene un sector académico muy bueno.

¿Qué acciones concretas se estan llevando a cabo en Uruguay?

En el sector agropecuario, la idea es demostrar qué se puede hacer en dos sentidos.
Desde el punto de vista de la mitigación de gases de efecto invernadero, la idea es aprovechar los residuos de la producción de leche y generar energía para ahorrar combustibles fósiles.
En el tema de adaptación, el país está invirtiendo para que los agricultores medianos y pequeños se queden en la zonas rurales, ayudándolos a que sean menos vulnerables al clima.

¿Puede darnos algunos ejemplos?

En el verano hay déficit de agua. El problema es que el sistema de riego precisa escala, un productor chico difícilmente puede justificar una inversión.

Producir biogás a partir de residuos en la producción lechera permite reducir emisiones.

¿Pero qué pasa si juntamos un grupo de productores y hacemos un proyecto de riego multipredial? De golpe todos esos productores que tenían una espada de Damocles colgando, de que cada vez que viene el verano tienen el peligro de perder sus pasturas, ahora pueden tener acceso a un un sistema que riegue un área común a donde puedan acceder con sus animales.
El otro ejemplo que es bien interesante, es que en Uruguay el 70 % de la tierra todavía está bajo pasturas, muchas naturales. Eso desde el punto de vista de la biodiversidad es espectacular. Ese campo natural está muy adaptado, contiene especies que se recuperan bien después de una sequía.
Asegurémonos entonces de que estos campos naturales estén bien manejados. Por ejemplo, alternando la producción de soja con cultivos como maíz y sorgo, en los que después de la cosecha queda mucho residuo que devuelve al suelo el carbono.
Con un fondo GEF (Global Environmental Facility, Recurso Ambiental Global del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) también se va a implementar proyectos piloto de seguros para pequeños y medianos agricultores. Porque uno puede hacer todo bien, pero de repente cae una sequía intensa y todo se ve dañado.

Las negociaciones internacionales sobre reducción de emisiones siguen estancadas. ¿Usted igual mantiene su esperanza en materia de adaptación?

Que en Cancún no se avance todo lo que queremos no debería frenarnos en mejorar nuestra capacidad de adaptación. Hay mucho para hacer para que un país pueda desarrollarse adaptado a los riesgos climáticos y reduciendo emisiones.
Hay mucho para hacer en América Latina y en el mundo que es concreto y es posible.
Soy optimista y tiendo a ser muy pragmático. El mensaje que trato de darles a los gobiernos con los que trabajamos, es "no nos quedemos esperando".

Sequías e inundaciones en Uruguay. Los fenómenos extremos ya son más frecuentes.

El impacto futuro del cambio climático puede ser incierto, pero la frecuencia mayor de eventos extremos ya es una realidad a la que es preciso adaptarse.

Ese es el mensaje central que transmite a los gobiernos latinoamericanos Walter Baethgen, director para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional sobre Clima y Sociedad, IRI, de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Baethgen ha venido trabajando con varios gobiernos de la región en el tema de adaptación al cambio climático y participa en Uruguay de un proyecto pionero: transformar a todo el país en un observatorio, para mostrar al mundo cómo enfrentar en forma concreta el cambio climático. BBC Mundo conversó con Baethgen sobre el proyecto en Uruguay.

¿Qué proponen a los gobiernos de América Latina en materia de adaptación al cambio climático?

El problema es que el mejor conocimiento científico sobre cambio climático que se le ofrecía a quienes están en política eran escenarios de muy largo plazo, para el año 2080 o 2100, y con un gran nivel de incertidumbre.

Walter Baethgen: "Hay mucho por hacer en América Latina que es posible".

Y eso lo que genera es parálisis, porque el tomador de decisiones que se enfrenta con esa información realmente no sabe qué hacer. Entonces el grupo nuestro del IRI de la Universidad de Columbia lo que planteó fue lo siguiente: una de las cosas que sabemos que está pasando y que va a pasar es que la variabilidad climática -o sea lo que cambia el clima de un año a otro- va a seguir aumentando. Nuestra premisa es que todo lo que hagamos para ayudar a que una sociedad se adapte mejor a la variabilidad de hoy va a resultar en un sociedad con mejor capacidad de adaptación a lo que traiga el cambio climático en el futuro.

¿La mayor variabilidad ya es una realidad?

En Uruguay, por ejemplo, en los últimos 100 años las lluvias de primavera y verano han aumentado, pero también la frecuencia de grandes tormentas. No es que llueva más días de manera normal, sino que es más común que existan grandes tormentas con grandes lluvias.

El 70% de la tierra en Uruguay está bajo pasturas, muchas naturales.

Al mismo tiempo ha ido aumentando el número de días consecutivos sin lluvias, que es lo que más afecta la producción de pasturas. Cuando hay muchos días sin llover, aunque caigan 70 mm el agua no se aprovecha, porque si llueve más de lo que es capaz de absorber el suelo, esa agua escurre y puede acabar desbordando ríos. La evidencia científica en distintos países coincide en que una de las cosas que podemos esperar en el futuro es que eventos extremos y dañinos como sequías, inundaciones y huracanes sean más frecuentes.

¿Qué tipo de acciones recomiendan a los países para adaptarse a esta variabilidad?

Soy director de este programa de la universidad de Columbia para América Latina y el Caribe y en varios lugares de la región estamos haciendo actividades con este enfoque. Le llamamos gestión de riesgos climáticos.

La gran alegría, la gran sorpresa que encontré en Uruguay es que cuatro ministerios clave –Cancillería, Energía, Medio Ambiente y Agricultura- están muy bien alineados, con muchas ganas de hacer algo en forma coordinada para mejorar la adaptación al cambio climático y tambien la mitigación, es decir, la reducción de emisiones. Hasta tal punto que manejamos la idea de que Uruguay sea una especie de observatorio para la región o el mundo: que pueda mostrar cómo enfrentar en forma concreta el tema del cambio climático. Lo que es realmente bueno es que hay un programa de país. Uruguay, por ser un país agropecuario, está empezando con este esfuerzo en el sector agropecuario, pero en pasos inmediatamente posteriores la idea es que todo el país sirva como un observatorio también en otras áreas, como la salud pública. Un "pais observatorio" en que se piensa demostrar al mundo cómo Uruguay está encarando concretamente el tema de adaptación.

¿Qué ventajas ofrece Uruguay para ser un país observatorio?

Hay muchas cosas, tiene una institucionalidad muy fuerte, un sistema político y económico estable. Es un país chico, donde es relativamente más fácil establecer algo a nivel de país. Y se da la coyuntura que mencioné de que todos los ministerios involucrados con producción y medio ambiente están alineados. Además, tiene un sector académico muy bueno.

¿Qué acciones concretas se estan llevando a cabo en Uruguay?

En el sector agropecuario, la idea es demostrar qué se puede hacer en dos sentidos. Desde el punto de vista de la mitigación de gases de efecto invernadero, la idea es aprovechar los residuos de la producción de leche y generar energía para ahorrar combustibles fósiles. En el tema de adaptación, el país está invirtiendo para que los agricultores medianos y pequeños se queden en la zonas rurales, ayudándolos a que sean menos vulnerables al clima.

¿Puede darnos algunos ejemplos?

En el verano hay déficit de agua. El problema es que el sistema de riego precisa escala, un productor chico difícilmente puede justificar una inversión.

Producir biogás a partir de residuos en la producción lechera permite reducir emisiones.

¿Pero qué pasa si juntamos un grupo de productores y hacemos un proyecto de riego multipredial? De golpe todos esos productores que tenían una espada de Damocles colgando, de que cada vez que viene el verano tienen el peligro de perder sus pasturas, ahora pueden tener acceso a un un sistema que riegue un área común a donde puedan acceder con sus animales. El otro ejemplo que es bien interesante, es que en Uruguay el 70 % de la tierra todavía está bajo pasturas, muchas naturales. Eso desde el punto de vista de la biodiversidad es espectacular. Ese campo natural está muy adaptado, contiene especies que se recuperan bien después de una sequía. Asegurémonos entonces de que estos campos naturales estén bien manejados. Por ejemplo, alternando la producción de soja con cultivos como maíz y sorgo, en los que después de la cosecha queda mucho residuo que devuelve al suelo el carbono. Con un fondo GEF (Global Environmental Facility, Recurso Ambiental Global del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) también se va a implementar proyectos piloto de seguros para pequeños y medianos agricultores. Porque uno puede hacer todo bien, pero de repente cae una sequía intensa y todo se ve dañado.

Las negociaciones internacionales sobre reducción de emisiones siguen estancadas. ¿Usted igual mantiene su esperanza en materia de adaptación?

Que en Cancún no se avance todo lo que queremos no debería frenarnos en mejorar nuestra capacidad de adaptación. Hay mucho para hacer para que un país pueda desarrollarse adaptado a los riesgos climáticos y reduciendo emisiones. Hay mucho para hacer en América Latina y en el mundo que es concreto y es posible. Soy optimista y tiendo a ser muy pragmático. El mensaje que trato de darles a los gobiernos con los que trabajamos, es "no nos quedemos esperando".

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