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Conozca las historias tras la tragedia en Nepal

Redacción

jesuarez

|

Martes 28 de Abril de 2015 - 20:02
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  • NEPAL.- Los equipos de prensa, presentes en Nepal, recogen historias de quienes se han quedado sin hogar. Foto: EFE
NEPAL.- Los equipos de prensa, presentes en Nepal, recogen historias de quienes se han quedado sin hogar. Foto: EFE NEPAL.- Los equipos de prensa, presentes en Nepal, recogen historias de quienes se han quedado sin hogar. Foto: EFE
Los equipos de prensa, presentes en Nepal, recogen historias de quienes se han quedado sin hogar, los que han sido separados de sus familias por el sismo y de otros que han logrado salvarse inexplicablemente de morir.
 
Luego del terremoto las clases sociales desaparecieron en este pueblo de las afueras de Katmandú. Donde antes había un vecindario de clase media, luego del temblor se convirtió prácticamente en un lugar donde se observa la indigencia. Hay improvisadas tiendas por doquier y los damnificados están desorientados, no saben qué hacer, a donde acudir o si alguien vendrá a ayudarlos.
 
“Aquí ya no quedan más que ruinas. En serio, estoy viviendo en una choza. La gente que está en casas de piedra están algo mejor que nosotros”, declaró una perjudicada. 
 
La situación es desoladora: no hay agua, los alimentos escasean, y entre la confusión y los daños, han perdido casi todas sus pertenencias.
 
 
Yo ya me quedé sin comida y no tengo más ropa que esta que tengo puesta”, afirmó otra moradora. 
 
La situación no es muy diferente incluso en la capital Katmandú. En este sitio, donde ahora sólo hay escombros, estaba un edificio de 4 pisos del que ya no queda nada. Las familias se han instalado en tiendas de campaña improvisadas, pasan las horas juntos para protegerse. Sin embargo, hasta el clima se vuelve una dificultad cuando se vive y se duerme sin puertas ni ventanas.
 
A ellos se unen otros como Johanna, que llegó desde un pueblo a 180 kilómetros de Katmandú
 
Ya no tenemos casa. Nos faltan sabanas y muchos están enfermos. Necesitamos ayuda”, pidió Johanna. 
 
El hospital BIR está en el corazón de la ciudad y es un ejemplo de lo que ocurre en casi todas las casas de salud. No solamente se atiende a miles de heridos sin parar. En la casa de salud los cirujanos son al mismo consejeros, intérpretes y hasta ayudan a que los pacientes encuentren a quienes se separaron en medio de la emergencia.
 
Capítulo aparte es el que ocurre en las montañas. Los muchos excursionistas que estaban escalando en la zona, se vieron de repente atrapados en medio de derrumbes y algunos recién logran ser rescatados. Cuando finalmente regresan a la seguridad, insisten en que se salvaron de milagro.
 
Avanzábamos por un camino y de último minuto escogimos entre dos rutas. Nos fuimos por la más alta y creo que eso salvó nuestras vidas porque estábamos sobre la montaña y no nos cayeron rocas”, declaró una sobreviviente. 
 
En medio de esto se desarrollan historias de solidaridad. Un payaso profesional de Estados Unidos, se dedica a tiempo completo a entretener a los niños nepalíes. Una forma de hacerles olvidar al menos por un rato, la dura realidad que están enfrentando.
 

Los equipos de prensa, presentes en Nepal, recogen historias de quienes se han quedado sin hogar, los que han sido separados de sus familias por el sismo y de otros que han logrado salvarse inexplicablemente de morir.

 

Luego del terremoto las clases sociales desaparecieron en este pueblo de las afueras de Katmandú. Donde antes había un vecindario de clase media, luego del temblor se convirtió prácticamente en un lugar donde se observa la indigencia. Hay improvisadas tiendas por doquier y los damnificados están desorientados, no saben qué hacer, a donde acudir o si alguien vendrá a ayudarlos.

 

“Aquí ya no quedan más que ruinas. En serio, estoy viviendo en una choza. La gente que está en casas de piedra están algo mejor que nosotros”, declaró una perjudicada. 

 

La situación es desoladora: no hay agua, los alimentos escasean, y entre la confusión y los daños, han perdido casi todas sus pertenencias.

 

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Yo ya me quedé sin comida y no tengo más ropa que esta que tengo puesta”, afirmó otra moradora. 

 

La situación no es muy diferente incluso en la capital Katmandú. En este sitio, donde ahora sólo hay escombros, estaba un edificio de 4 pisos del que ya no queda nada. Las familias se han instalado en tiendas de campaña improvisadas, pasan las horas juntos para protegerse. Sin embargo, hasta el clima se vuelve una dificultad cuando se vive y se duerme sin puertas ni ventanas.

 

A ellos se unen otros como Johanna, que llegó desde un pueblo a 180 kilómetros de Katmandú

 

Ya no tenemos casa. Nos faltan sabanas y muchos están enfermos. Necesitamos ayuda”, pidió Johanna. 

 

El hospital BIR está en el corazón de la ciudad y es un ejemplo de lo que ocurre en casi todas las casas de salud. No solamente se atiende a miles de heridos sin parar. En la casa de salud los cirujanos son al mismo consejeros, intérpretes y hasta ayudan a que los pacientes encuentren a quienes se separaron en medio de la emergencia.

 

Capítulo aparte es el que ocurre en las montañas. Los muchos excursionistas que estaban escalando en la zona, se vieron de repente atrapados en medio de derrumbes y algunos recién logran ser rescatados. Cuando finalmente regresan a la seguridad, insisten en que se salvaron de milagro.

 

Avanzábamos por un camino y de último minuto escogimos entre dos rutas. Nos fuimos por la más alta y creo que eso salvó nuestras vidas porque estábamos sobre la montaña y no nos cayeron rocas”, declaró una sobreviviente. 

 

En medio de esto se desarrollan historias de solidaridad. Un payaso profesional de Estados Unidos, se dedica a tiempo completo a entretener a los niños nepalíes. Una forma de hacerles olvidar al menos por un rato, la dura realidad que están enfrentando.

 

 

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