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¿Es una madre narcisista? Conozca cuán dañino puede ser para su hija

Redacción

gpinasco

|

Miércoles 06 de Mayo de 2015 - 16:09
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  • Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose.
Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose.
Nadie nunca espera que el principal enemigo de una niña, durante su adolescencia e incluso adultez, sea su madre. 
 
Normalmente, la relación entre madre-hija se establece desde que la mujer queda embarazada. Después del parto, esa conexión debe ser amorosa e incondicional. 
 
La psicoterapeuta Karyl McBride se hizo cargo de este tema luego de constatar que cada vez que leía bibliografía sobre la maternidad, ella sentía un gran vacío. Su propia experiencia la llevó, entonces, a escribir un libro en el cual abordó la realidad no esperada de "Madres que no saben amar" (Urano).
 
 
"Esta casa no será nunca lo que tú quieres que sea"; "no importa lo que te esfuerces, tu cuerpo nunca será perfecto"; "siempre fuiste una retrasada en matemática, ahora eres negada en economía"; "no te das cuenta que eres una fracasada, cómo quieres que te quieran". Aunque no se crea, son frases que muchas mujeres han escuchado en boca de su madre y son ejemplo de la relación anormal que termina dañando la autoestima de esa hija, que se sentirá insegura.
 
Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose, nunca sienta que lo ha hecho suficientemente bien, ni que merece ser reconocida.
 
 
Pero esto tiene un nombre y el problema psicológico que da origen a esta relación se llama narcicismo, un narcicismo de las madres que por lo general daña más a las hijas que a los hijos. Esto porque la madre ve en su hija una extensión de sí misma en lugar de una persona independiente.
 
Una mujer que tiene una madre narcisista tiene que reconocer esos rasgos en su progenitora. Éstos son:
 
- Tienen una idea grandiosa de su propia importancia, es decir, exageran sus logros y talentos y esperan que los otros se los reconozcan.
 
- Están obsesionadas con fantasías de éxito, poder y belleza ilimitado.
 
- Cree que son especiales y únicas.
 
- Requieren una admiración excesiva.
 
- Creen que están en su derecho; es decir, debe haber un trato especial hacia ellas.
 
- Son explotadoras interpersonales o sea se aprovechan de los demás para alcanzar sus metas.
 
- Carecen de empatía; no están dispuestas a reconocer los sentimientos y necesidades de los otros.
 
- Con frecuencia envidian a otros y creen que los otros las envidian.
 
- Muestran arrogancia, actitudes o modales altaneros.
 
 
Con características así es difícil que una hija logre una conexión especial con su madre y las consecuencias no se dejan esperan: esa hija tratará bajo todos los medios de ganarse el amor de su progenitora, obtener su atención y nunca sentirá que es capaz de complacerla.
 
Y el daño se va expandiendo, porque esa madre siempre pondrá sus opiniones por sobre las de la hija, nunca la apoyará para que sea independiente, y toda la familia girará en torno a ella.
 
Si uno pregunta ¿dónde está el padre? La respuesta evidente es que ese esposo también gira en torno a la madre, porque una narcisista necesita un cónyuge que le permita ser el centro de atención si se desea que ese matrimonio sobreviva.
 
Las madres narcisistas puede clasificarse en absorbentes, o sea, una que quiere dominar todos los aspectos de la vida de su hija; o en negligentes, aquellas que abandonarán sus funciones de madre negando contención emocional.
 
En la mayoría de los casos, esa hija en su adultez será muy autoexigente, pero se saboteará a ella misma y no velará por su propio cuidado. Es más, algunas incluso llegarán a pensar que se están convirtiendo en sus madres.
 
La buena noticia es que este daño se puede reparar y esto pasa por tomar conciencia del problema, aceptar las limitaciones de esa madre, no culparse, separarse psicológicamente de ella, darse permiso para llorar y vivir el duelo. Todo es posible. 

Nadie nunca espera que el principal enemigo de una niña, durante su adolescencia e incluso adultez, sea su madre. 

 

Normalmente, la relación entre madre-hija se establece desde que la mujer queda embarazada. Después del parto, esa conexión debe ser amorosa e incondicional. 

 

La psicoterapeuta Karyl McBride se hizo cargo de este tema luego de constatar que cada vez que leía bibliografía sobre la maternidad, ella sentía un gran vacío. Su propia experiencia la llevó, entonces, a escribir un libro en el cual abordó la realidad no esperada de "Madres que no saben amar" (Urano).

 

Lea: LA CRUEL CARTA A UNA MADRE PARA QUE DEJE DE HABLAR DE SU HIJA

 

"Esta casa no será nunca lo que tú quieres que sea"; "no importa lo que te esfuerces, tu cuerpo nunca será perfecto"; "siempre fuiste una retrasada en matemática, ahora eres negada en economía"; "no te das cuenta que eres una fracasada, cómo quieres que te quieran". Aunque no se crea, son frases que muchas mujeres han escuchado en boca de su madre y son ejemplo de la relación anormal que termina dañando la autoestima de esa hija, que se sentirá insegura.

 

Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose, nunca sienta que lo ha hecho suficientemente bien, ni que merece ser reconocida.

 

 

Pero esto tiene un nombre y el problema psicológico que da origen a esta relación se llama narcicismo, un narcicismo de las madres que por lo general daña más a las hijas que a los hijos. Esto porque la madre ve en su hija una extensión de sí misma en lugar de una persona independiente.

 

Una mujer que tiene una madre narcisista tiene que reconocer esos rasgos en su progenitora. Éstos son:

 

- Tienen una idea grandiosa de su propia importancia, es decir, exageran sus logros y talentos y esperan que los otros se los reconozcan.

 

- Están obsesionadas con fantasías de éxito, poder y belleza ilimitado.

 

- Cree que son especiales y únicas.

 

- Requieren una admiración excesiva.

 

- Creen que están en su derecho; es decir, debe haber un trato especial hacia ellas.

 

- Son explotadoras interpersonales o sea se aprovechan de los demás para alcanzar sus metas.

 

- Carecen de empatía; no están dispuestas a reconocer los sentimientos y necesidades de los otros.

 

- Con frecuencia envidian a otros y creen que los otros las envidian.

 

- Muestran arrogancia, actitudes o modales altaneros.

 

Lea: CASO DE NIÑO DE 4 AÑOS QUE APUÑALÓ A SU MADRE ESCANDALIZA A REINO UNIDO

 

Con características así es difícil que una hija logre una conexión especial con su madre y las consecuencias no se dejan esperan: esa hija tratará bajo todos los medios de ganarse el amor de su progenitora, obtener su atención y nunca sentirá que es capaz de complacerla.

 

Y el daño se va expandiendo, porque esa madre siempre pondrá sus opiniones por sobre las de la hija, nunca la apoyará para que sea independiente, y toda la familia girará en torno a ella.

 

Si uno pregunta ¿dónde está el padre? La respuesta evidente es que ese esposo también gira en torno a la madre, porque una narcisista necesita un cónyuge que le permita ser el centro de atención si se desea que ese matrimonio sobreviva.

 

Las madres narcisistas puede clasificarse en absorbentes, o sea, una que quiere dominar todos los aspectos de la vida de su hija; o en negligentes, aquellas que abandonarán sus funciones de madre negando contención emocional.

 

En la mayoría de los casos, esa hija en su adultez será muy autoexigente, pero se saboteará a ella misma y no velará por su propio cuidado. Es más, algunas incluso llegarán a pensar que se están convirtiendo en sus madres.

 

La buena noticia es que este daño se puede reparar y esto pasa por tomar conciencia del problema, aceptar las limitaciones de esa madre, no culparse, separarse psicológicamente de ella, darse permiso para llorar y vivir el duelo. Todo es posible. 

 

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