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Una luchadora de 10 meses que batalla contra un grave defecto congénito

Redacción

gpinasco

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Martes 31 de Marzo de 2015 - 15:19
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  • En un inicio, los diagnósticos médicos eran desalentadores, sin embargo, con el apoyo de su familia Valentina ha salido adelante.
En un inicio, los diagnósticos médicos eran desalentadores, sin embargo, con el apoyo de su familia Valentina ha salido adelante. En un inicio, los diagnósticos médicos eran desalentadores, sin embargo, con el apoyo de su familia Valentina ha salido adelante.
'Valentina' es una pequeña luchadora a la que le diagnosticaron Mielomeningocele, el tipo más grave de espina bífida, un defecto de nacimiento en el que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento. 
 
En un inicio los diagnósticos médicos eran desalentadores, sin embargo, con el apoyo de su familia la niña ha salido adelante. 
 
Tres veces a la semana ella debe asistir a fisioterapia. Su madre, su padre y su hermano mayor la acompañan. 
 
Con una sonrisa que transmite dulzura, sus ojos reflejan inocencia y ternura. Su madre, Valery Ayala, cuenta que a las 25 semanas de embarazo, su hija fue diagnosticada con este defecto: “Toda la médula, las meninges y los nervios estaban expuestos al líquido amniótico por completo y no había ni piel, ni músculo que lo recubra”. 
 
 
Valery y su esposo buscaron opciones para ayudar a Valentina y así decidieron operarla en Brasil: “Existía una operación intraútero que se hace en estos casos y que lo que hacen es cerrar este defecto dentro del útero de la madre”. 
 
Durante la terapia, Valentina recibe estímulos para que pueda girar. Con ayuda se sienta y se mantiene firme. Uno de los riesgos de la cirugía era que pierda la sensibilidad en sus piernas y pies, sin embargo, al sentir texturas demuestra que esto no sucedió. 
 
Freddy Hernández, fisioterapeuta de la Fundación Triada comenta: “El trabajo con Valentina tiene que ver más con evaluación constante para saber si las condiciones de sensibilidad, de motricidad, de movimiento, son las más adecuadas”. 
 
Felipe ante, padre de Valentina, no puede contener su emoción al ver el avance de la pequeña y comenta: “Creo que los avances son muy alentadores y eso nos pone muy felices y nos da más fuerzas para seguir adelante”. 
 
 
Para Valery y su familia, todo el esfuerzo tuvo su recompensa. “Verla a Valentina ahora, sonreír, reírse, que está bien, que todo lo que nos dijeron los doctores al principio no está sucediendo hace que todo esto haya valido la pena”. 
 
Valentina tiene 10 meses de edad, ha superado las expectativas médicas y está casi a la par en el desarrollo de niños de su edad. 
 
En este mes se celebró el primer Día Mundial de los Defectos Congénitos, pero en Ecuador no hay fundaciones dedicadas al tratamiento de la espina bífida; el anhelo de Valery, es formar una. 
 

'Valentina' es una pequeña luchadora a la que le diagnosticaron Mielomeningocele, el tipo más grave de espina bífida, un defecto de nacimiento en el que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento. 

 

En un inicio los diagnósticos médicos eran desalentadores, sin embargo, con el apoyo de su familia la niña ha salido adelante. 

 

Tres veces a la semana ella debe asistir a fisioterapia. Su madre, su padre y su hermano mayor la acompañan. 

 

Con una sonrisa que transmite dulzura, sus ojos reflejan inocencia y ternura. Su madre, Valery Ayala, cuenta que a las 25 semanas de embarazo, su hija fue diagnosticada con este defecto: “Toda la médula, las meninges y los nervios estaban expuestos al líquido amniótico por completo y no había ni piel, ni músculo que lo recubra”. 

 

Lea: LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA DE LA NIÑA CON PIEL DE REPTIL

 

Valery y su esposo buscaron opciones para ayudar a Valentina y así decidieron operarla en Brasil: “Existía una operación intraútero que se hace en estos casos y que lo que hacen es cerrar este defecto dentro del útero de la madre”. 

 

Durante la terapia, Valentina recibe estímulos para que pueda girar. Con ayuda se sienta y se mantiene firme. Uno de los riesgos de la cirugía era que pierda la sensibilidad en sus piernas y pies, sin embargo, al sentir texturas demuestra que esto no sucedió. 

 

Freddy Hernández, fisioterapeuta de la Fundación Triada comenta: “El trabajo con Valentina tiene que ver más con evaluación constante para saber si las condiciones de sensibilidad, de motricidad, de movimiento, son las más adecuadas”. 

 

Felipe ante, padre de Valentina, no puede contener su emoción al ver el avance de la pequeña y comenta: “Creo que los avances son muy alentadores y eso nos pone muy felices y nos da más fuerzas para seguir adelante”. 

 

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Para Valery y su familia, todo el esfuerzo tuvo su recompensa. “Verla a Valentina ahora, sonreír, reírse, que está bien, que todo lo que nos dijeron los doctores al principio no está sucediendo hace que todo esto haya valido la pena”. 

 

Valentina tiene 10 meses de edad, ha superado las expectativas médicas y está casi a la par en el desarrollo de niños de su edad. 

 

En este mes se celebró el primer Día Mundial de los Defectos Congénitos, pero en Ecuador no hay fundaciones dedicadas al tratamiento de la espina bífida; el anhelo de Valery, es formar una. 

 

 

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