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La historia de una madre que le dio la vida dos veces a su hijo

Redacción

mguaman

|

Jueves 07 de Mayo de 2015 - 15:10
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  • Es el amor de una madre a un hijo, ese amor incondicional, sin barreras, sin condiciones.
Es el amor de una madre a un hijo, ese amor incondicional, sin barreras, sin condiciones.
Judith Brazzero tiene 74 años y hace 30 le devolvió la vida a su hijo, al donarle un riñón.
 
Judith Brazzero y su hijo Mauricio Eguez, no solo están unidos por un lazo de sangre. Ellos son amigos, cómplices, y compañeros de lucha.
 
Hace 30 años, un accidente casi termina con la vida de Mauricio, cuando apenas tenía 11 años sus riñones fueron gravemente lacerados. Durante mucho tiempo estuvo realizándose diálisis, pero solo un trasplante lo salvaría de la muerte. Su madre a pesar de su delicado estado de salud fue su donante.
 
Judith junto con su esposo agotaron todos los recursos para la operación de su hijo, desde entonces dedicó todo su tiempo a cuidar de él, pues el tratamiento médico para una persona con un trasplante es de por vida. Diez años duró el riñón de Judith en el cuerpo de Mauricio, luego el calvario empezó nuevamente al buscar otro donante.
 
Afortunadamente, Mauricio encontró otro donante y hasta el momento ha recibido tres trasplantes con éxito. Hace tres años, lo acompañamos precisamente a su última operación.
 
Judith ha dedicado su vida entera a cuidar de sus tres hijos. Es una gran pintora, dice que a través de la pintura desahoga sus penas y alegrías. Hoy se siente retribuida y recompensada por la dedicación de toda una vida a Mauricio.
 
Es el amor de una madre a un hijo, ese amor incondicional, sin barreras, sin condiciones.

Judith Brazzero tiene 74 años y hace 30 le devolvió la vida a su hijo, al donarle un riñón.

 

Judith Brazzero y su hijo Mauricio Eguez, no solo están unidos por un lazo de sangre. Ellos son amigos, cómplices, y compañeros de lucha.

 

Hace 30 años, un accidente casi termina con la vida de Mauricio, cuando apenas tenía 11 años sus riñones fueron gravemente lacerados. Durante mucho tiempo estuvo realizándose diálisis, pero solo un trasplante lo salvaría de la muerte. Su madre a pesar de su delicado estado de salud fue su donante.

 

Judith junto con su esposo agotaron todos los recursos para la operación de su hijo, desde entonces dedicó todo su tiempo a cuidar de él, pues el tratamiento médico para una persona con un trasplante es de por vida. Diez años duró el riñón de Judith en el cuerpo de Mauricio, luego el calvario empezó nuevamente al buscar otro donante.

 

Afortunadamente, Mauricio encontró otro donante y hasta el momento ha recibido tres trasplantes con éxito. Hace tres años, lo acompañamos precisamente a su última operación.

 

Judith ha dedicado su vida entera a cuidar de sus tres hijos. Es una gran pintora, dice que a través de la pintura desahoga sus penas y alegrías. Hoy se siente retribuida y recompensada por la dedicación de toda una vida a Mauricio.

 

Es el amor de una madre a un hijo, ese amor incondicional, sin barreras, sin condiciones.

 

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