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Peninsulares acudieron al tradicional "Baño de la Cruz"

Redacción

jesuarez

|

Miércoles 01 de Abril de 2015 - 16:40
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  • SANTA ELENA.- La procesión inició en la catedral de Santa Elena y finalizó en el balneario de Ballenita. Fotos: Web
SANTA ELENA.- La procesión inició en la catedral de Santa Elena y finalizó en el balneario de Ballenita. Fotos: Web SANTA ELENA.- La procesión inició en la catedral de Santa Elena y finalizó en el balneario de Ballenita. Fotos: Web
A propósito de la Semana Mayor, en la península de Santa Elena se desarrolló la tradicional procesión del “Baño de la Cruz”. Cientos de fieles expresaron su religiosidad en un recorrido que los llevó desde Santa Elena hasta el balneario de Ballenita. 
 
En esta iglesia de palo, iglesia de pescadores, la fe se construye con redes, la religión no se astilla.
 
Cuenta la leyenda que la tradicional caminata viene de un tiempo de conquista y evangelizaciones. 
 
Se dice que fue el propio Francisco Pizarro quien puso una cruz en Ballenita para consagrar ese mar y a quienes sus aguas bañaran. 
 
En silencio, elevando plegarias, bajo el sol peninsular, fueron sosteniendo la cruz o quizás es ella la que los mantiene a flote.
 
Los feligreses acudieron desde poblados como Ancón, Chanduy, Muey, Las Tunas. Llegaron de todos lados. 
 
Unos fueron hacer una acto de penitencia y otros como Luis Soriano, simplemente para agradecer. 
 
“Específicamente la unión de mi familia. Es algo de lo que hoy en día, no todos podemos gozar”, explicó Soriano. 
 
Hay moradores que, por algún motivo no pueden participar, y se asoman. Desde lo alto de sus casas, ellos rezan. Eso también cuenta como penitencia y ellos lo saben.
 
 
Se pudo ver peninsulares que caminaban llevando consigo crucifijos, sosteniendo una creencia que no se rompe, que no se cansa. 
 
Es una creencia que se vive, como afirmó María Yagual, participante de la penitencia. 
 
“Desde que yo era una niña, que me bautizaron, desde que mis padres me enseñaron la religión católica y con esa voy a morir, soy católica toda la vida. Nadie me va a convencer para apartarme de Dios”, reflexionó Yagual, mientras caminaba.
 
Hay un Cristo por cada fiel, uno por cada actividad. Un Cristo para cada pecado y en él promesa de redención, renacimiento en su agua y en su luz.
 
“Cuando a la cruz se la baña en el mar o en el agua, significa que nosotros empezamos una vida nueva”, expuso el padre José Antonio Guerrero, vicario general de Santa Elena. 
 
La procesión llegó hasta el mar de Ballenita, que fue albergue de fe. El madero hizo su ingreso victorioso en el mar, en medio de una suerte de algarabía de los pobladores, que levantaban la cruz, aunque cayera mil veces. 
 

A propósito de la Semana Mayor, en la península de Santa Elena se desarrolló la tradicional procesión del “Baño de la Cruz”. Cientos de fieles expresaron su religiosidad en un recorrido que los llevó desde Santa Elena hasta el balneario de Ballenita. 

 

En esta iglesia de palo, iglesia de pescadores, la fe se construye con redes, la religión no se astilla.

 

Cuenta la leyenda que la tradicional caminata viene de un tiempo de conquista y evangelizaciones. 

 

Se dice que fue el propio Francisco Pizarro quien puso una cruz en Ballenita para consagrar ese mar y a quienes sus aguas bañaran. 

 

En silencio, elevando plegarias, bajo el sol peninsular, fueron sosteniendo la cruz o quizás es ella la que los mantiene a flote.

 

Los feligreses acudieron desde poblados como Ancón, Chanduy, Muey, Las Tunas. Llegaron de todos lados. 

 

Unos fueron hacer una acto de penitencia y otros como Luis Soriano, simplemente para agradecer. 

 

“Específicamente la unión de mi familia. Es algo de lo que hoy en día, no todos podemos gozar”, explicó Soriano. 

 

Hay moradores que, por algún motivo no pueden participar, y se asoman. Desde lo alto de sus casas, ellos rezan. Eso también cuenta como penitencia y ellos lo saben.

 

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Se pudo ver peninsulares que caminaban llevando consigo crucifijos, sosteniendo una creencia que no se rompe, que no se cansa. 

 

Es una creencia que se vive, como afirmó María Yagual, participante de la penitencia. 

 

“Desde que yo era una niña, que me bautizaron, desde que mis padres me enseñaron la religión católica y con esa voy a morir, soy católica toda la vida. Nadie me va a convencer para apartarme de Dios”, reflexionó Yagual, mientras caminaba.

 

Hay un Cristo por cada fiel, uno por cada actividad. Un Cristo para cada pecado y en él promesa de redención, renacimiento en su agua y en su luz.

 

“Cuando a la cruz se la baña en el mar o en el agua, significa que nosotros empezamos una vida nueva”, expuso el padre José Antonio Guerrero, vicario general de Santa Elena. 

 

La procesión llegó hasta el mar de Ballenita, que fue albergue de fe. El madero hizo su ingreso victorioso en el mar, en medio de una suerte de algarabía de los pobladores, que levantaban la cruz, aunque cayera mil veces. 

 

 

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