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12 años en busca de los cuerpos que enterró en una fosa durante la guerra

Redacción

gpinasco

|

Sábado 03 de Mayo de 2014 - 20:00
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  • Brian Cleaver dirige la excavación en busca de 42 militares norvietnamitas caídos en la batalla de Coral-Balmoral en 1968. Fotos: EFE.
El veterano de guerra australiano Brian Cleaver ha viajado doce veces a Vietnam desde 2002 en busca de una fosa en la que enterraron a 42 soldados norvietnamitas caídos en la batalla de Coral-Balmoral en 1968.
 
Cleaver, de 66 años, quiere limpiar su conciencia y ayudar a los familiares de los caídos a identificar sus restos para darles sepultura propia.
 
Más de cuatro décadas después, al veterano le siguen persiguiendo los fantasmas de aquellos 25 días fatídicos, el estrépito de los disparos y el miedo que pasó cuando le mandaron proteger un carro de combate con su rifle encasquillado.
 
"Yo sólo tenía 20 años. Éramos unos 700 soldados contra 3.000. Fue horroroso. Hay imágenes que revivo en mi mente todos los días", reconoce a Efe el veterano en un hotel de Ho Chi Minh (antigua Saigón).
 
Volvió a Australia después de un año de servicio, pero su mente nunca se libró del infierno vietnamita: a veces rompía a llorar en cualquier situación, otras veces se encerraba en sí mismo y no hablaba con nadie. Le diagnosticaron síndrome de estrés postraumático.
 
"Pensé muchas veces en volver a Vietnam, pero nunca me atrevía. Finalmente, en 2002 me decidí, creí que podía ser bueno para mí, para aliviar mis traumas y fue una buena decisión", relata.
 
En aquella primera visita, Cleaver se comportó como un turista más en Ho Chi Minh hasta que reunió el valor para pedirle a su guía que le llevara a Binh Duong, al lugar de la batalla, a unos 50 kilómetros de la ciudad.
 
"Recuerdo que estaba como anestesiado, sabiendo que volvía a un lugar que conocí como el escenario de un baño de sangre, de una lucha durísima. En aquel tiempo era un campo abierto, pero cuando volví lo habían convertido en una plantación de caucho", recuerda.
 
Era surrealista estar allí; era el mismo lugar pero era muy distinto al infierno que conocí", añade.
 
Hasta aquel momento, el veterano australiano jamás se había acordado de los 42 soldados vietcong que sepultaron en una fosa común, sin tiempo para tratar de identificarlos.
 
"Nunca pensé que seguirían allí, siempre imaginé que después de la guerra los identificarían y devolverían los restos a sus familiares. Fue hablando con las autoridades locales cuando supe que buscaban en la zona 41 hombres desaparecidos en combate y eso cuadraba con la fosa común de 42 hombres que yo recordaba", relata.
 
Un político local le pidió ayuda en la búsqueda y no dudó en aceptar.
 
Recopiló información de sus antiguos compañeros de armas y empuñó el pico y la pala para cavar todos los agujeros de bomba de la zona que identificó, en una búsqueda que admite que terminó convirtiéndose en una obsesión, un modo de limpiar su conciencia.
 
Desde 2007 ha contado con la colaboración de su compañero John Bryant, de 67 años, que combatió en la primera línea y que además fotografió el lugar, pese a la prohibición de sus superiores.
 
"Al principio, cuando Brian me llamó contándome su historia le dije que me daba igual. Luchamos, los matamos y los enterramos, no quería darle vueltas. Pero al cabo de un tiempo entendí que sus intenciones eran buenas y decidí venir a ayudarle. Desde 2007 he venido siete veces a Vietnam", explica Bryant.
 
Pese a sus esfuerzos y el apoyo tecnológico del Gobierno australiano en colaboración con una universidad de Hanoi, los resultados no son nada alentadores.
 
Aunque la búsqueda no ha dado los frutos esperados, ambos reconocen que volver al país y conocer a los vietnamitas, saber que les perdonan y tratar de ayudarles a encontrar los cuerpos les ha ayudado a conjurar sus demonios.
 
El momento de mayor optimismo se produjo en 2009, cuando encontraron los restos de un supuesto soldado vietnamita, pero no lograron averiguar si era uno de los caídos en aquella batalla ni hallaron otros restos en la zona.
 
Desde entonces, sus esperanzas se han ido desvaneciendo y en los últimos años Cleaver ha jurado que no volvería a Vietnam, que ya no tenía sentido, aunque siempre termina regresando.
 
"Hemos movido todas las piedras de más de 30 cráteres. Son más de 40 cuerpos, no debería ser tan difícil que aparecieran. Pero tienen que estar en algún sitio, los vietnamitas no los exhumarían sin decir nada, tienen demasiado miedo a los muertos", dice Cleaver.
 
A veces, él también se deja llevar por lo sobrenatural y expone su teoría sobre la imposible búsqueda: "Lucharon juntos, murieron juntos y fueron enterrados juntos. Es posible que después de más de 40 años, quieran descansar juntos para siempre, no quieren que los encontremos". 

El veterano de guerra australiano Brian Cleaver ha viajado doce veces a Vietnam desde 2002 en busca de una fosa en la que enterraron a 42 soldados norvietnamitas caídos en la batalla de Coral-Balmoral en 1968.

 

Cleaver, de 66 años, quiere limpiar su conciencia y ayudar a los familiares de los caídos a identificar sus restos para darles sepultura propia.

 

Más de cuatro décadas después, al veterano le siguen persiguiendo los fantasmas de aquellos 25 días fatídicos, el estrépito de los disparos y el miedo que pasó cuando le mandaron proteger un carro de combate con su rifle encasquillado.

 

"Yo sólo tenía 20 años. Éramos unos 700 soldados contra 3.000. Fue horroroso. Hay imágenes que revivo en mi mente todos los días", reconoce a Efe el veterano en un hotel de Ho Chi Minh (antigua Saigón).

 

Volvió a Australia después de un año de servicio, pero su mente nunca se libró del infierno vietnamita: a veces rompía a llorar en cualquier situación, otras veces se encerraba en sí mismo y no hablaba con nadie. Le diagnosticaron síndrome de estrés postraumático.

 

"Pensé muchas veces en volver a Vietnam, pero nunca me atrevía. Finalmente, en 2002 me decidí, creí que podía ser bueno para mí, para aliviar mis traumas y fue una buena decisión", relata.

 

En aquella primera visita, Cleaver se comportó como un turista más en Ho Chi Minh hasta que reunió el valor para pedirle a su guía que le llevara a Binh Duong, al lugar de la batalla, a unos 50 kilómetros de la ciudad.

 

"Recuerdo que estaba como anestesiado, sabiendo que volvía a un lugar que conocí como el escenario de un baño de sangre, de una lucha durísima. En aquel tiempo era un campo abierto, pero cuando volví lo habían convertido en una plantación de caucho", recuerda.

 

Era surrealista estar allí; era el mismo lugar pero era muy distinto al infierno que conocí", añade.

 

Hasta aquel momento, el veterano australiano jamás se había acordado de los 42 soldados vietcong que sepultaron en una fosa común, sin tiempo para tratar de identificarlos.

 

"Nunca pensé que seguirían allí, siempre imaginé que después de la guerra los identificarían y devolverían los restos a sus familiares. Fue hablando con las autoridades locales cuando supe que buscaban en la zona 41 hombres desaparecidos en combate y eso cuadraba con la fosa común de 42 hombres que yo recordaba", relata.

 

Un político local le pidió ayuda en la búsqueda y no dudó en aceptar.

 

Recopiló información de sus antiguos compañeros de armas y empuñó el pico y la pala para cavar todos los agujeros de bomba de la zona que identificó, en una búsqueda que admite que terminó convirtiéndose en una obsesión, un modo de limpiar su conciencia.

 

Desde 2007 ha contado con la colaboración de su compañero John Bryant, de 67 años, que combatió en la primera línea y que además fotografió el lugar, pese a la prohibición de sus superiores.

 

"Al principio, cuando Brian me llamó contándome su historia le dije que me daba igual. Luchamos, los matamos y los enterramos, no quería darle vueltas. Pero al cabo de un tiempo entendí que sus intenciones eran buenas y decidí venir a ayudarle. Desde 2007 he venido siete veces a Vietnam", explica Bryant.

 

Pese a sus esfuerzos y el apoyo tecnológico del Gobierno australiano en colaboración con una universidad de Hanoi, los resultados no son nada alentadores.

 

Aunque la búsqueda no ha dado los frutos esperados, ambos reconocen que volver al país y conocer a los vietnamitas, saber que les perdonan y tratar de ayudarles a encontrar los cuerpos les ha ayudado a conjurar sus demonios.

 

El momento de mayor optimismo se produjo en 2009, cuando encontraron los restos de un supuesto soldado vietnamita, pero no lograron averiguar si era uno de los caídos en aquella batalla ni hallaron otros restos en la zona.

 

Desde entonces, sus esperanzas se han ido desvaneciendo y en los últimos años Cleaver ha jurado que no volvería a Vietnam, que ya no tenía sentido, aunque siempre termina regresando.

 

"Hemos movido todas las piedras de más de 30 cráteres. Son más de 40 cuerpos, no debería ser tan difícil que aparecieran. Pero tienen que estar en algún sitio, los vietnamitas no los exhumarían sin decir nada, tienen demasiado miedo a los muertos", dice Cleaver.

 

A veces, él también se deja llevar por lo sobrenatural y expone su teoría sobre la imposible búsqueda: "Lucharon juntos, murieron juntos y fueron enterrados juntos. Es posible que después de más de 40 años, quieran descansar juntos para siempre, no quieren que los encontremos".