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Denuncias de abusos sexuales: ¿Una liberación o una carga?

Redacción

jesuarez

|

Jueves 08 de Febrero de 2018 - 17:08
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  • Muchas mujeres denunciaron que fueron cuestionadas tras declarar los acosos. Foto: Referencial/Archivo.
Muchas mujeres denunciaron que fueron cuestionadas tras declarar los acosos. Foto: Referencial/Archivo.
Estaba a punto de llegar el diario en el que se publicaba el relato de Leesa Perazzo de la violación que sufrió cuando tenía 16 años. Estaba aliviada. Y petrificada.
 
Nunca había contado su historia tan públicamente, pero pensó que podía ayudar a otras víctimas. No obstante, Perazzo, una concejal de la pequeña ciudad de Schenectady, temía que la gente pensase que estaba mintiendo para llamar la atención o que el incidente pasase a ser parte inseparable de su identidad pública.
 
Hablar del tema en público “fue algo aterrador y que te da fuerza al mismo tiempo”, declaró Perazzo, quien tiene 52 años. Las repercusiones que la preocupaban no se dieron. Y otras mujeres relataron sus propias experiencias y le agradecieron por haber dado la cara.
 
“Me cambió. Y estoy agradecida por ello”, dijo Perazzo.
 
Ahora, poco más de un año después, ella y otras víctimas de agresiones sexuales que hicieron las denuncias antes de que explotase el movimiento #yotambién, que envalentonó a multitudes de mujeres, se sienten alentadas con lo que hicieron y con el rumbo que han tomado las cosas.
 
Denunciar estos casos puede ser algo extremadamente liberador, según las víctimas, o las sobrevivientes, como prefieren que se les diga. Para Perazzo, hablar de la violación hizo que “dejase de sentirme estigmatizada”.
 
Paralelamente, ella y otras saben lo difícil y riesgoso que puede ser hablar de una violación en público y advierten que no todas las mujeres deben sentirse en la obligación de hacerlo.
 
“Vi como muchas mujeres se hacen más fuertes al decidir contar su historia”, afirma Trisha Meili, quien en el 2003 se identificó como sobreviviente en uno de los delitos sexuales más graves que se han visto en el país, la violación de una mujer que trotaba en el Central Park. Pero añadió que “no quiero que la gente se siente presionada para contar su historia”.
 
Mucho después de que Meili quedase en coma por la brutal violación y golpiza que sufrió y que pasase a ser un símbolo de las cosas que no funcionan en la ciudad, su familia no estaba muy convencida de que debía dar la cara. Pero esta ex ejecutiva bancara que pasó a trabajar para una organización sin fines de lucro decidió que quería ser conocida como algo más que una “sobreviviente a una violación”, “una sobreviviente a una lesión cerebral” o “la muchacha que fue violada cuando trotaba en el Central Park”.
 
Al final de cuenta, “me sintí orgullosa al decir que ‘si, soy todo eso... y también una persona que quiere y puede ser querida’”, expresó Meili, de 57 años, quien escribió un libro sobre su recuperación y se convirtió en una disertadora que motiva a la gente.
 
Alienta a las víctimas de agresiones sexuales a que les cuenten lo que le sucedió a alguien, ya sea en privado o en público.
 
El movimiento #yotambién (#MeToo en inglés) contribuyó a que una enorme cantidad de personas denunciasen violaciones o acosos. Algunas son actrices o estrellas del mundo del espectáculo, otras son ciudadanas comunes. Todas hablaron en público a pesar de exponerse a ser denigradas o amenazadas en las redes sociales o de ser tildadas de problemáticas o de personas que tratan de llamar la atención.
 
Después de un cuarto de siglo, Lauren Leach-Steffens recuerda que un ex novio le preguntó si no estaba exagerando la nota cuando decidió hablar en público de la violación que sufrió a manos de compañeros de la escuela cuando tenía 13 años. Dice que sintió que otros pensaron que ella era “la persona con el problema”.
 
Más adelante, ya como profesora de ciencias del comportamiento en la Northwest Missouri State University, les decía a los estudiantes que confiasen en ella: “Hablo abiertamente de esto, pero no sé si tú también deberías hacerlo”.
 
Puso como ejemplo el caso de más de 200 mujeres y niñas, incluidas ex gimnastas olímpicas, que fueron víctimas de abusos sexuales del médico deportivo Larry Nassar. Algunas pidieron permanecer en el anonimato. Otras no y dieron la cara.
 
“Cada vez que alguien las busque en Google, por el resto de sus vidas, verán las cosas enfermizas de las que estamos hablando ahora”, dijo una víctima, la ex gimnasta Marion Siebert. “Cuando busquen trabajo, cuando salgan por primera vez con alguien, no serán ellas las que deciden cuándo hablar de lo que pasó”.
 
La artista, escritora y activista Charlotte Farhan dice que le hizo bien contar en el 2016 que fue violada en una fiesta cuando tenía 15 años. Pero admite que fue bastante criticada en las redes.
 
Propone que la gente piense bien a quien le cuenta lo sucedido, sepa lo que espera de esa revelación y si está en condiciones de revivir el drama.
 
“Deben saber que no tienen que contar su historia para sobrevivir”, expresó Farhan, de 34 años, de Portsmouth, Inglaterra. “Sobreviviste. Eso es suficiente”.
AP

Estaba a punto de llegar el diario en el que se publicaba el relato de Leesa Perazzo de la violación que sufrió cuando tenía 16 años. Estaba aliviada. Y petrificada.

 

Nunca había contado su historia tan públicamente, pero pensó que podía ayudar a otras víctimas. No obstante, Perazzo, una concejal de la pequeña ciudad de Schenectady, temía que la gente pensase que estaba mintiendo para llamar la atención o que el incidente pasase a ser parte inseparable de su identidad pública.

 

Hablar del tema en público “fue algo aterrador y que te da fuerza al mismo tiempo”, declaró Perazzo, quien tiene 52 años. Las repercusiones que la preocupaban no se dieron. Y otras mujeres relataron sus propias experiencias y le agradecieron por haber dado la cara.

 

“Me cambió. Y estoy agradecida por ello”, dijo Perazzo.

 

Ahora, poco más de un año después, ella y otras víctimas de agresiones sexuales que hicieron las denuncias antes de que explotase el movimiento #yotambién, que envalentonó a multitudes de mujeres, se sienten alentadas con lo que hicieron y con el rumbo que han tomado las cosas.

 

Denunciar estos casos puede ser algo extremadamente liberador, según las víctimas, o las sobrevivientes, como prefieren que se les diga. Para Perazzo, hablar de la violación hizo que “dejase de sentirme estigmatizada”.

 

Paralelamente, ella y otras saben lo difícil y riesgoso que puede ser hablar de una violación en público y advierten que no todas las mujeres deben sentirse en la obligación de hacerlo.

 

“Vi como muchas mujeres se hacen más fuertes al decidir contar su historia”, afirma Trisha Meili, quien en el 2003 se identificó como sobreviviente en uno de los delitos sexuales más graves que se han visto en el país, la violación de una mujer que trotaba en el Central Park. Pero añadió que “no quiero que la gente se siente presionada para contar su historia”.

 

Mucho después de que Meili quedase en coma por la brutal violación y golpiza que sufrió y que pasase a ser un símbolo de las cosas que no funcionan en la ciudad, su familia no estaba muy convencida de que debía dar la cara. Pero esta ex ejecutiva bancara que pasó a trabajar para una organización sin fines de lucro decidió que quería ser conocida como algo más que una “sobreviviente a una violación”, “una sobreviviente a una lesión cerebral” o “la muchacha que fue violada cuando trotaba en el Central Park”.

 

Al final de cuenta, “me sintí orgullosa al decir que ‘si, soy todo eso... y también una persona que quiere y puede ser querida’”, expresó Meili, de 57 años, quien escribió un libro sobre su recuperación y se convirtió en una disertadora que motiva a la gente.

 

Alienta a las víctimas de agresiones sexuales a que les cuenten lo que le sucedió a alguien, ya sea en privado o en público.

 

El movimiento #yotambién (#MeToo en inglés) contribuyó a que una enorme cantidad de personas denunciasen violaciones o acosos. Algunas son actrices o estrellas del mundo del espectáculo, otras son ciudadanas comunes. Todas hablaron en público a pesar de exponerse a ser denigradas o amenazadas en las redes sociales o de ser tildadas de problemáticas o de personas que tratan de llamar la atención.

 

Después de un cuarto de siglo, Lauren Leach-Steffens recuerda que un ex novio le preguntó si no estaba exagerando la nota cuando decidió hablar en público de la violación que sufrió a manos de compañeros de la escuela cuando tenía 13 años. Dice que sintió que otros pensaron que ella era “la persona con el problema”.

 

Más adelante, ya como profesora de ciencias del comportamiento en la Northwest Missouri State University, les decía a los estudiantes que confiasen en ella: “Hablo abiertamente de esto, pero no sé si tú también deberías hacerlo”.

 

Puso como ejemplo el caso de más de 200 mujeres y niñas, incluidas ex gimnastas olímpicas, que fueron víctimas de abusos sexuales del médico deportivo Larry Nassar. Algunas pidieron permanecer en el anonimato. Otras no y dieron la cara.

 

“Cada vez que alguien las busque en Google, por el resto de sus vidas, verán las cosas enfermizas de las que estamos hablando ahora”, dijo una víctima, la ex gimnasta Marion Siebert. “Cuando busquen trabajo, cuando salgan por primera vez con alguien, no serán ellas las que deciden cuándo hablar de lo que pasó”.

 

La artista, escritora y activista Charlotte Farhan dice que le hizo bien contar en el 2016 que fue violada en una fiesta cuando tenía 15 años. Pero admite que fue bastante criticada en las redes.

 

Propone que la gente piense bien a quien le cuenta lo sucedido, sepa lo que espera de esa revelación y si está en condiciones de revivir el drama.

 

“Deben saber que no tienen que contar su historia para sobrevivir”, expresó Farhan, de 34 años, de Portsmouth, Inglaterra. “Sobreviviste. Eso es suficiente”.

 

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