El pueblo es el que debe juzgarme, afirma Lula en nuevo pronunciamiento

Redacción

tmenendez

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Sábado 15 de Julio de 2017 - 12:04
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  • BRASIL.- Según el expresidente de Brasil, no existen pruebas que justifiquen su condena a casi 10 años de prisión. Foto: AFP
BRASIL.- Según el expresidente de Brasil, no existen pruebas que justifiquen su condena a casi 10 años de prisión. Foto: AFP
El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) reiteró este 15 de julio de 2017 que no existen pruebas que justifiquen su condena a casi 10 años de cárcel por corrupción y afirmó que es el pueblo quien debe juzgarlo. 
 
"Mientras (los jueces y fiscales) no prueben nada contra mí, voy a recorrer este país para que ustedes me juzguen", dijo el exmandatario a un grupo de seguidores durante un acto del Partido de los Trabajadores (PT) en la región metropolitana de Sao Paulo. 
 
Es su segundo discurso público desde que el miércoles el juez Sergio Moro lo condenó a nueve años y medio de cárcel por corrupción y lavado de dinero; la acusación afirma que es el propietario de un apartamento tríplex en el balneario de Guarujá (Sao Paulo) ofrecido por la constructora OAS a cambio de su influencia para obtener contratos en Petrobras. 
 
El expresidente, que enfrenta otras cuatro causas penales, puede apelar la sentencia en libertad y sólo vería impedida su candidatura a las elecciones de 2018 si fuera condenado en segunda instancia.
 
Lula, ícono de la izquierda latinoamericana, atribuye la sentencia a una estrategia para sacarlo del mapa electoral. 
 
Me "están juzgando políticamente", reiteró este sábado arropado por partidarios que le devolvían aplausos coreando "¡Lula, guerrero del pueblo brasileño!". 
 
"Están juzgando nuestro gobierno, las cosas que hicimos en este país", añadió el exdirigente sindical que enfrentó a la dictadura militar (1964-85) y colocó a Brasil en el mapa mundial, logrando sacar a 30 millones de la pobreza.
 
Condenarlo a prisión y dejarlo fuera de la contienda electoral respondería, según Lula, a una estrategia más amplia para destruir al PT, que en 2016 cerró un ciclo de 13 años de gobierno cuando su sucesora y ahijada política, Dilma Rousseff, fue destituida por el Congreso acusada de manipular las cuentas públicas, y reemplazada por el conservador Michel Temer.
 
AFP

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) reiteró este 15 de julio de 2017 que no existen pruebas que justifiquen su condena a casi 10 años de cárcel por corrupción y afirmó que es el pueblo quien debe juzgarlo. 

 

"Mientras (los jueces y fiscales) no prueben nada contra mí, voy a recorrer este país para que ustedes me juzguen", dijo el exmandatario a un grupo de seguidores durante un acto del Partido de los Trabajadores (PT) en la región metropolitana de Sao Paulo. 

 

Es su segundo discurso público desde que el miércoles el juez Sergio Moro lo condenó a nueve años y medio de cárcel por corrupción y lavado de dinero; la acusación afirma que es el propietario de un apartamento tríplex en el balneario de Guarujá (Sao Paulo) ofrecido por la constructora OAS a cambio de su influencia para obtener contratos en Petrobras. 

 

El expresidente, que enfrenta otras cuatro causas penales, puede apelar la sentencia en libertad y sólo vería impedida su candidatura a las elecciones de 2018 si fuera condenado en segunda instancia.

 

Lula, ícono de la izquierda latinoamericana, atribuye la sentencia a una estrategia para sacarlo del mapa electoral. 

 

Me "están juzgando políticamente", reiteró este sábado arropado por partidarios que le devolvían aplausos coreando "¡Lula, guerrero del pueblo brasileño!". 

 

"Están juzgando nuestro gobierno, las cosas que hicimos en este país", añadió el exdirigente sindical que enfrentó a la dictadura militar (1964-85) y colocó a Brasil en el mapa mundial, logrando sacar a 30 millones de la pobreza.

 

Condenarlo a prisión y dejarlo fuera de la contienda electoral respondería, según Lula, a una estrategia más amplia para destruir al PT, que en 2016 cerró un ciclo de 13 años de gobierno cuando su sucesora y ahijada política, Dilma Rousseff, fue destituida por el Congreso acusada de manipular las cuentas públicas, y reemplazada por el conservador Michel Temer.