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Una semana después, Túnez busca aún al tercer terrorista de El Bardo

Redacción

jesuarez

|

Miércoles 25 de Marzo de 2015 - 17:04
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  • TÚNEZ.- Hace una semana, el atentado en el museo El Bardo acabó con la vida de 21 personas. Fotos: EFE
TÚNEZ.- Hace una semana, el atentado en el museo El Bardo acabó con la vida de 21 personas.  Fotos: EFE
Una semana después del atentado yihadista que segó la vida de 21 personas en el museo El Bardo de Túnez, 20 de ellas turistas extranjeros, las autoridades tunecinas prosiguen aún la búsqueda del único terrorista que logró huir de la escena del crimen.
 
Una persecución hasta la fecha infructuosa y que se realiza en medio de una profunda remodelación y purga de los servicios de seguridad nacionales, acusados de cometer una larga cadena de fallos que propició la masacre.
 
 
En los últimos días, el Gobierno dirigido por Habib Essid ha cesado a medio centenar de altos cargos, entre ellos los jefes de la Policía de El Bardo y Túnez capital, el responsable de la Brigada de Inteligencia y el encargado de Fronteras y Extranjería.
 
Asimismo, ha purgado a más de cuarenta cargos intermedios en el Ministerio de Interior y en las Fuerzas Armadas, después de que el martes admitiera la existencia de infiltrados y de una "policía paralela".
 
En declaraciones a la radio local, el jefe del Gobierno aseguró el martes que "se ha emprendido una estrategia completa para purgar el Ministerio del Interior de una policía paralela así como para reparar los fallos constatados", afirmó.
 
"Por eso, se ha efectuado una primera ola de destituciones entre cuadros superiores, que incluyó a los directores generales de la Seguridad Nacional, de la Seguridad Pública y el de Servicios Técnicos, que se ha ampliado en una segunda fase de despidos", agregó.
 
Al hilo de este argumento, Essid, que fue alto cargo del propio Ministerio del Interior en tiempos de la dictadura del derrocado Zine el Abedin Ben Ali, insistió en la necesidad de solventar las diferencias que existen en el departamento.
 
"Tiene que haber un entendimiento entre el ministro del Interior, Mohamed Ali Garsalli, y sus manos derechas, para que pueda tomar decisiones coherentes que sigan en una misma línea", afirmó.
 
La masacre ocurrió el pasado miércoles cuando un joven de unos veinte años abrió fuego contra un autobús en el aparcamiento del Museo del Bardo en el que viajaban unos 40 turistas, la mayoría de ellos de habla hispana.
 
En esa primera ráfaga perecieron siete personas, entre ellas un matrimonio de jubilados españoles.
 
Después, el terrorista y sus cómplices entraron en el Museo del Bardo, el más importante de Túnez, y tomaron a un número indeterminado de rehenes antes de ser acribillados a balazos por la Policía, acción en la que murieron otros trece turistas y una empleada tunecina.
 
La difusión de un vídeo en el que se veía a tres hombres armados en el interior del museo obligó a las autoridades tunecinas a admitir que uno de los atacantes había logrado huir, y aumentó las sospechas sobre los servicios de Seguridad.
 
Un error que se suma a una larga cadena de fallos, ya que la Policía tenía a uno de los atacantes fichados desde que regresó en diciembre de forma clandestina desde Libia pero no lo detuvo al no considerarlo peligroso.
 
Además, investigadores de Interior examinan porqué los agentes de Seguridad faltaban de sus lugares de trabajo en El Bardo y en el Parlamento en el momento de la masacre.
 
Las pistas apuntan hacia la región de Kasserine, un área montañosa en la frontera con Argelia en la que se concentran cientos de yihadistas tunecinos, pero también radicales procedentes de la mayoría de países del Sahel.
 
Una especie de lanzadera desde la que muchos de ellos viajan a Libia, Siria e Irak para sumarse a las filas del Estado Islámico, y en la que buscan refugio cuando regresan de combatir en Oriente Medio.
 
Túnez es el primer exportador mundial de yihadistas al EI, con cerca de 3.000 voluntarios, de los que unos 500 se creen que han regresado ya al país o se han instalado en la vecina Libia.
 
 
Algunos de ellos han sido encarcelados por el Gobierno tunecino, pero la mayoría están libres, ocultos en los barrios del cinturón de la pobreza en torno a la capital, en la citada región de Kasserine o en las provincias del sur, vecinas a Libia, donde el contrabando de productos pero también de armas y de personas es una de las pocas actividades económicas lucrativas para una población abandonada y empobrecida.
 
Es en estas zonas donde la Policía busca al fugado, sin descartar la posibilidad de que haya podido cruzar la frontera y regresar a Libia, explicaron fuentes de Seguridad.
 
"Las razones son varias, pero existe una que es evidente. Faltan formación y medios, los terroristas tienen mejor infraestructura que las fuerzas de Seguridad. Además de la purga, Túnez necesita ayuda urgente para combatir el terrorismo", explicó un responsable de Interior, que prefería no ser identificado.

Una semana después del atentado yihadista que segó la vida de 21 personas en el museo El Bardo de Túnez, 20 de ellas turistas extranjeros, las autoridades tunecinas prosiguen aún la búsqueda del único terrorista que logró huir de la escena del crimen.

 

Una persecución hasta la fecha infructuosa y que se realiza en medio de una profunda remodelación y purga de los servicios de seguridad nacionales, acusados de cometer una larga cadena de fallos que propició la masacre.

 

Lea también: Identificados los dos atacantes del atentado de Túnez

 

En los últimos días, el Gobierno dirigido por Habib Essid ha cesado a medio centenar de altos cargos, entre ellos los jefes de la Policía de El Bardo y Túnez capital, el responsable de la Brigada de Inteligencia y el encargado de Fronteras y Extranjería.

 

Asimismo, ha purgado a más de cuarenta cargos intermedios en el Ministerio de Interior y en las Fuerzas Armadas, después de que el martes admitiera la existencia de infiltrados y de una "policía paralela".

 

En declaraciones a la radio local, el jefe del Gobierno aseguró el martes que "se ha emprendido una estrategia completa para purgar el Ministerio del Interior de una policía paralela así como para reparar los fallos constatados", afirmó.

 

"Por eso, se ha efectuado una primera ola de destituciones entre cuadros superiores, que incluyó a los directores generales de la Seguridad Nacional, de la Seguridad Pública y el de Servicios Técnicos, que se ha ampliado en una segunda fase de despidos", agregó.

 

Al hilo de este argumento, Essid, que fue alto cargo del propio Ministerio del Interior en tiempos de la dictadura del derrocado Zine el Abedin Ben Ali, insistió en la necesidad de solventar las diferencias que existen en el departamento.

 

"Tiene que haber un entendimiento entre el ministro del Interior, Mohamed Ali Garsalli, y sus manos derechas, para que pueda tomar decisiones coherentes que sigan en una misma línea", afirmó.

 

La masacre ocurrió el pasado miércoles cuando un joven de unos veinte años abrió fuego contra un autobús en el aparcamiento del Museo del Bardo en el que viajaban unos 40 turistas, la mayoría de ellos de habla hispana.

 

En esa primera ráfaga perecieron siete personas, entre ellas un matrimonio de jubilados españoles.

 

Después, el terrorista y sus cómplices entraron en el Museo del Bardo, el más importante de Túnez, y tomaron a un número indeterminado de rehenes antes de ser acribillados a balazos por la Policía, acción en la que murieron otros trece turistas y una empleada tunecina.

 

La difusión de un vídeo en el que se veía a tres hombres armados en el interior del museo obligó a las autoridades tunecinas a admitir que uno de los atacantes había logrado huir, y aumentó las sospechas sobre los servicios de Seguridad.

 

Un error que se suma a una larga cadena de fallos, ya que la Policía tenía a uno de los atacantes fichados desde que regresó en diciembre de forma clandestina desde Libia pero no lo detuvo al no considerarlo peligroso.

 

Además, investigadores de Interior examinan porqué los agentes de Seguridad faltaban de sus lugares de trabajo en El Bardo y en el Parlamento en el momento de la masacre.

 

Las pistas apuntan hacia la región de Kasserine, un área montañosa en la frontera con Argelia en la que se concentran cientos de yihadistas tunecinos, pero también radicales procedentes de la mayoría de países del Sahel.

 

Una especie de lanzadera desde la que muchos de ellos viajan a Libia, Siria e Irak para sumarse a las filas del Estado Islámico, y en la que buscan refugio cuando regresan de combatir en Oriente Medio.

 

Túnez es el primer exportador mundial de yihadistas al EI, con cerca de 3.000 voluntarios, de los que unos 500 se creen que han regresado ya al país o se han instalado en la vecina Libia.

 

Lea además: Grupo yihadista EI reivindica el ataque contra turistas en Túnez

 

Algunos de ellos han sido encarcelados por el Gobierno tunecino, pero la mayoría están libres, ocultos en los barrios del cinturón de la pobreza en torno a la capital, en la citada región de Kasserine o en las provincias del sur, vecinas a Libia, donde el contrabando de productos pero también de armas y de personas es una de las pocas actividades económicas lucrativas para una población abandonada y empobrecida.

 

Es en estas zonas donde la Policía busca al fugado, sin descartar la posibilidad de que haya podido cruzar la frontera y regresar a Libia, explicaron fuentes de Seguridad.

 

"Las razones son varias, pero existe una que es evidente. Faltan formación y medios, los terroristas tienen mejor infraestructura que las fuerzas de Seguridad. Además de la purga, Túnez necesita ayuda urgente para combatir el terrorismo", explicó un responsable de Interior, que prefería no ser identificado.

 

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