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ONG británica en el punto de mira por el caso de "John el yihadista"

Redacción

mguaman

|

Lunes 02 de Marzo de 2015 - 8:39
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  • Emwazi, que se fue a Siria en 2012, fue apodado "John el yihadista" en alusión a John Lennon, por su acento inglés. Foto: Archivo
Emwazi, que se fue a Siria en 2012, fue apodado "John el yihadista" en alusión a John Lennon, por su acento inglés. Foto: Archivo
La organización no gubernamental Cage, conocida por su defensa de los detenidos de Guantánamo, se ha granjeado la ira de los británicos por culpar a las fuerzas de seguridad de haber provocado la radicalización de "John el yihadista".
 
Creada en 2004 y dirigida desde 2005 por un ex preso de Guantánamo, Moazzam Begg, Cage denuncia la vulneración de los derechos y las detenciones extrajudiciales en el marco de la "guerra contra el terrorismo" de los países occidentales, principalmente contra jóvenes musulmanes.
 
Pero sus detractores, con los tabloides británicos a la cabeza, la acusan de complacencia con la conducta de algunas de las personas que defiende.
 
Entre ellas figuran Omar Bakri, un predicador islamista de lo que se llama burlonamente Londonistan, encarcelado en Líbano, Djamel Beghal, figura del islamismo francés vinculado a los hermanos Kouachi, autores del atentado contra la revista Charlie Hebdo, o Michael Adebolajo, uno de los dos asesinos del soldado británico Lee Rigby, prácticamente decapitado a la luz del día en una calle de Londres en mayo de 2013.
 
Y sobre todo, Mohamed Emwazi, presentado por los medios y los expertos como John el yihadista, el hombre de negro que aparecía en los primeros videos de asesinatos de la organización Estado Islámico (EI) cortando cabezas de periodistas o cooperantes.
 
Emwazi, que se fue a Siria en 2012, fue apodado "John el yihadista" en alusión a John Lennon, por su acento inglés.
 
 
Cage causó indignación al afirmar que Emwazi era un "un joven hermoso" y "amable" -en palabras de Asim Qureshi, uno de sus responsables-, que se convirtió en lo que es hoy por culpa de la presión de los servicios de seguridad después de haber tratado de viajar a Somalia para sumarse a las milicias fundamentalistas de Al Shaabab.
 
Emwazi, nacido en Kuwait pero criado en Londres, fue interceptado en Tanzania, según él iba a un safari y volvió a Londres, donde los servicios secretos empezaron a acosarlo, según Cage, tratando de convertirlo en confidente y haciéndole saber regularmente que estaba vigilado.
 
Finalmente, en 2012 logró viajar a Siria para sumarse al EI.
 
"Tenemos hoy la prueba de que varios jóvenes británicos vieron sus vidas arruinadas por los servicios de seguridad", dijo Qureshi. 
 
Apología del terrorismo o libertad de expresión 
 
Las declaraciones de Qureshi fueron tildadas de "condenables" por Downing Street, de "completamente falsas" por un ex responsable de los servicios secretos del MI6 y de "apología del terrorismo" por el alcalde de Londres Boris Johnson, una figura del Partido Consevador. 
 
"Al parecer, ser devuelto a casa de uno de esos viajes e interrogado por los servicios secretos, dejó a Emwazi sin más alternativa que sumarse al Estado Islámico y decapitar a siete personas inocentes", escribió irónicamente el periodista Andrew Gilligan en el Sunday Telegraph, asegurando que la ONG Cage es un "lobby terrorista".
 
Para el profesor Bill Durodie, que preside el departamento de relaciones internacionales de la Universidad inglesa de Bath, hay que poner fin a la cultura victimista en el Reino Unido.
 
 
El profesor dijo a la AFP que los argumentos de Cage son "simplistas" porque "ignoran que la mayor parte de las personas que sufren no hacen sufrir a otras".
 
El director de Cage, Moazzam Begg, explica él mismo que usa su experiencia de preso en Guantánamo para lograr el reconocimiento de los abusos que sufren los musulmanes en todo el mundo.
 
Por su parte, la fundación caritativa Joseph Rowntree (JRCT), que donó 305.000 libras (421.000 euros, 470.000 dólares) a Cage entre 2007 y 2011, defendió su gesto y juzgó "legítimas" sus dudas sobre los servicios secretos.
 
Sin embargo, Amnistía Internacional, que en el pasado firmó manifiestos con Cage, marcó sus distancias este lunes al afirmar que "ahora sería improbable dadas las circunstancias" y las declaraciones de sus responsables, afirmó a la radio de la BBC Steve Crawshaw, uno de sus directivos.
Fuente: AFP

La organización no gubernamental Cage, conocida por su defensa de los detenidos de Guantánamo, se ha granjeado la ira de los británicos por culpar a las fuerzas de seguridad de haber provocado la radicalización de "John el yihadista".

 

Creada en 2004 y dirigida desde 2005 por un ex preso de Guantánamo, Moazzam Begg, Cage denuncia la vulneración de los derechos y las detenciones extrajudiciales en el marco de la "guerra contra el terrorismo" de los países occidentales, principalmente contra jóvenes musulmanes.

 

Pero sus detractores, con los tabloides británicos a la cabeza, la acusan de complacencia con la conducta de algunas de las personas que defiende.

 

Entre ellas figuran Omar Bakri, un predicador islamista de lo que se llama burlonamente Londonistan, encarcelado en Líbano, Djamel Beghal, figura del islamismo francés vinculado a los hermanos Kouachi, autores del atentado contra la revista Charlie Hebdo, o Michael Adebolajo, uno de los dos asesinos del soldado británico Lee Rigby, prácticamente decapitado a la luz del día en una calle de Londres en mayo de 2013.

 

Y sobre todo, Mohamed Emwazi, presentado por los medios y los expertos como John el yihadista, el hombre de negro que aparecía en los primeros videos de asesinatos de la organización Estado Islámico (EI) cortando cabezas de periodistas o cooperantes.

 

Emwazi, que se fue a Siria en 2012, fue apodado "John el yihadista" en alusión a John Lennon, por su acento inglés.

 

Lea: El EI difunde un video en el que ejecuta a una veintena de cristianos egipcios

 

Cage causó indignación al afirmar que Emwazi era un "un joven hermoso" y "amable" -en palabras de Asim Qureshi, uno de sus responsables-, que se convirtió en lo que es hoy por culpa de la presión de los servicios de seguridad después de haber tratado de viajar a Somalia para sumarse a las milicias fundamentalistas de Al Shaabab.

 

Emwazi, nacido en Kuwait pero criado en Londres, fue interceptado en Tanzania, según él iba a un safari y volvió a Londres, donde los servicios secretos empezaron a acosarlo, según Cage, tratando de convertirlo en confidente y haciéndole saber regularmente que estaba vigilado.

 

Finalmente, en 2012 logró viajar a Siria para sumarse al EI.

 

"Tenemos hoy la prueba de que varios jóvenes británicos vieron sus vidas arruinadas por los servicios de seguridad", dijo Qureshi. 

 

Apología del terrorismo o libertad de expresión 

 

Las declaraciones de Qureshi fueron tildadas de "condenables" por Downing Street, de "completamente falsas" por un ex responsable de los servicios secretos del MI6 y de "apología del terrorismo" por el alcalde de Londres Boris Johnson, una figura del Partido Consevador. 

 

"Al parecer, ser devuelto a casa de uno de esos viajes e interrogado por los servicios secretos, dejó a Emwazi sin más alternativa que sumarse al Estado Islámico y decapitar a siete personas inocentes", escribió irónicamente el periodista Andrew Gilligan en el Sunday Telegraph, asegurando que la ONG Cage es un "lobby terrorista".

 

Para el profesor Bill Durodie, que preside el departamento de relaciones internacionales de la Universidad inglesa de Bath, hay que poner fin a la cultura victimista en el Reino Unido.

 

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El profesor dijo a la AFP que los argumentos de Cage son "simplistas" porque "ignoran que la mayor parte de las personas que sufren no hacen sufrir a otras".

 

El director de Cage, Moazzam Begg, explica él mismo que usa su experiencia de preso en Guantánamo para lograr el reconocimiento de los abusos que sufren los musulmanes en todo el mundo.

 

Por su parte, la fundación caritativa Joseph Rowntree (JRCT), que donó 305.000 libras (421.000 euros, 470.000 dólares) a Cage entre 2007 y 2011, defendió su gesto y juzgó "legítimas" sus dudas sobre los servicios secretos.

 

Sin embargo, Amnistía Internacional, que en el pasado firmó manifiestos con Cage, marcó sus distancias este lunes al afirmar que "ahora sería improbable dadas las circunstancias" y las declaraciones de sus responsables, afirmó a la radio de la BBC Steve Crawshaw, uno de sus directivos.

 

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