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Madres con niños especiales desafían la adversidad con amor

Redacción

jesuarez

|

Miércoles 06 de Mayo de 2015 - 21:37
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  • GUAYAQUIL.- María Rosa Chóez y Raquel Santana son dos madres que residen en una zona popular de Guayaquil. Fotos: Captura Video.
GUAYAQUIL.- María Rosa Chóez y Raquel Santana son dos madres que residen en una zona popular de Guayaquil.  Fotos: Captura Video.
Esta es la historia sacrificada de las madres que tienen niños con capacidades especiales.
 
Es la realidad de muchas mujeres, quienes demuestran que el amor hacia un hijo no conoce limites ni circunstancias.
 
La rutina de María Rosa Chóez empieza en las madrugadas cuando se levanta a alistar a su única niña, la última de sus 4 hijos, para llevarla a las terapias. Gabriela de 9 años, tiene parálisis cerebral infantil.
 
Ellas viven en la zona popular de Guayaquil. Salen con prisa, pues ahí recién empieza su travesía.
 
En el camino, Rosa se encuentra con Raquel Santana, otra madre con una hija de 3 años con la misma capacidad especial de Gabriela. 
 
Recorren extensos tramos, con las niñas en brazos, para tomar una tricimoto. Una tarea que requiere vigor.
 
“La fuerza sale del corazón de una madre que adora a sus hijos”, indicó Raquel. 
 
Luego de la tricimoto toman el bus. Ellas tuvieron suerte y encontraron asientos. Les espera un viaje de una hora.
 
“La columna me duele bastante pero, ¿que más tengo que hacer? Es por mi hija, tengo que salir adelante” explicó María Rosa.
 
“Por ella yo he luchado y lucharé hasta que Dios me de fuerza”, reiteró Raquel.
 
Es miércoles y a Rosita le tocan las terapias en el Centro de Equinoterapia de la Prefectura de Guayas. María continúa con fuerza pues le toca cargar a Gabriela a la terapia física.
 
Luego acuden a la musical, donde recibe técnicas que le ayudan a mejorar su motricidad y culminan el recorrido con la terapia de natación.
 
Durante ocho años María Rosa ha dedicado todo su tiempo al cuidado de su hija.
 
-¿Cuál su máximo deseo? 
 
“Que Dios me de la vida larga para seguir haciendo la terapia a mi hija”, expresó María Rosa.
 
Ella está rodeada de mujeres valientes y luchadoras. Una de ellas es María Rodríguez, quien explicó que significa ser madre en estas circunstancias. 
 
“Para mi significa ser bendecida porque tengo cuatro hijos y a la vez, Dios me ha bendecido doblemente porque tengo un niño especial”, dijo firmemente María. 
 
Mujeres para quienes su principal motor son sus hijos, tienen una vida llena de esperanza, amor y dedicación a lado de quienes las convirtieron en madres.
 

Esta es la historia sacrificada de las madres que tienen niños con capacidades especiales.

 

Es la realidad de muchas mujeres, quienes demuestran que el amor hacia un hijo no conoce limites ni circunstancias.

 

La rutina de María Rosa Chóez empieza en las madrugadas cuando se levanta a alistar a su única niña, la última de sus 4 hijos, para llevarla a las terapias. Gabriela de 9 años, tiene parálisis cerebral infantil.

 

Ellas viven en la zona popular de Guayaquil. Salen con prisa, pues ahí recién empieza su travesía.

 

En el camino, Rosa se encuentra con Raquel Santana, otra madre con una hija de 3 años con la misma capacidad especial de Gabriela. 

 

Recorren extensos tramos, con las niñas en brazos, para tomar una tricimoto. Una tarea que requiere vigor.

 

“La fuerza sale del corazón de una madre que adora a sus hijos”, indicó Raquel. 

 

Luego de la tricimoto toman el bus. Ellas tuvieron suerte y encontraron asientos. Les espera un viaje de una hora.

 

“La columna me duele bastante pero, ¿que más tengo que hacer? Es por mi hija, tengo que salir adelante” explicó María Rosa.

 

“Por ella yo he luchado y lucharé hasta que Dios me de fuerza”, reiteró Raquel.

 

Es miércoles y a Rosita le tocan las terapias en el Centro de Equinoterapia de la Prefectura de Guayas. María continúa con fuerza pues le toca cargar a Gabriela a la terapia física.

 

Luego acuden a la musical, donde recibe técnicas que le ayudan a mejorar su motricidad y culminan el recorrido con la terapia de natación.

 

Durante ocho años María Rosa ha dedicado todo su tiempo al cuidado de su hija.

 

-¿Cuál su máximo deseo? 

 

“Que Dios me de la vida larga para seguir haciendo la terapia a mi hija”, expresó María Rosa.

 

Ella está rodeada de mujeres valientes y luchadoras. Una de ellas es María Rodríguez, quien explicó que significa ser madre en estas circunstancias. 

 

“Para mi significa ser bendecida porque tengo cuatro hijos y a la vez, Dios me ha bendecido doblemente porque tengo un niño especial”, dijo firmemente María. 

 

Mujeres para quienes su principal motor son sus hijos, tienen una vida llena de esperanza, amor y dedicación a lado de quienes las convirtieron en madres.

 

 

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