Inicio ·Mini Especiales · Artículo

Francisco llama a la unidad y a la humildad en misa en Quito

Redacción

tmenendez

|

Martes 07 de Julio de 2015 - 13:00
compártelo
  • QUITO, Ecuador.- El líder de la iglesia católica hizo énfasis en luchar por la inclusión a todos los niveles. Fotos: AFP
QUITO, Ecuador.- El líder de la iglesia católica hizo énfasis en luchar por la inclusión a todos los niveles. Fotos: AFP
Bajo el cielo nublado de Quito, el papa Francisco llegó a las 09h50 al encuentro con los fieles que lo aguardaban desde la noche anterior en el parque Bicentenario. Una hora antes se había reunido con los obispos en el mismo lugar. 
 
La pertinaz garúa se detuvo entonces para dar paso a una lluvia de flores que cobijó al sumo pontífice durante su recorrido a bordo del papamóvil. Un coro de 240 voces resonaba sobre el espacio que hasta hace pocos años era el aeropuerto de la capital ecuatoriana. 
 
La emoción desbordó el ambiente. Tanto, que quienes se habían quedado fuera lograron burlar las improvisadas puertas y causaron un desorden que fue mitigado por la Policía. Mientras, el papa Francisco detenía su viaje para acariciar a una adulta mayor cuya hija la identificó ante las cámaras de los periodistas como Liliana Rueda.
 
Llegó la primera lectura a cargo de Lucía Salgado de Freile, el salmo responsorial cantado por Andrés Lozano, perteneciente a un movimiento eclesial, y la novedad de un evangelio pronunciado en quichua por Alejandro Yuquilema, indígena de Chimborazo. El pasaje de San Juan 17, los versículos 11, 17 y 23; que narra el pedido de Jesús para que todos sean uno. 
 
A las 10h56 empezó la segunda homilía del papa Francisco en Ecuador: "Me imagino ese susurro de Jesús en la Última Cena como un grito en esta misa que celebramos en el Parque Bicentenario, el bicentenario de aquel grito de independencia…”. Y continuó: “Un grito nacido de la conciencia de la falta de libertades”.
 
El sermón del papa en Quito fue un llamado a la unidad que retumbó en los asistentes a la misa, entre quienes se encontraba el Presidente de la República, Rafael Correa. 
 
 
 
 
Francisco expresó su deseo de que los dos gritos concorden bajo el desafío de la evangelización. 
 
"A aquel grito de libertad prorrumpido hace más de 200 años, no le falto convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que solo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos,  la falta de comprensión de otros procesos libertarios”, dijo con tono firme el papa Francisco.
 
El líder de la iglesia católica hizo énfasis en luchar por la inclusión a todos los niveles, evitando egoísmos, promoviendo la comunicación y el diálogo. “La evangelización no consiste en hacer proselitismo, el proselitismo es una caricatura de la evangelización”, advirtió.  
 
Enseguida, el papa explicó el camino para la evangelización: la humildad. “Donándose, el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo (…) Eso es evangelizar. Esa es nuestra revolución, porque nuestra fe siempre es revolucionaria”. 
 
Lutgarda Lucero, Beatriz de Jesús Vilcaguano, el indígena Juan Huacal y Magdalena Vallejos participaron en las peticiones. Durante el rito de la paz, los devotos estrecharon manos con el cántico “Cordero de Dios” como fondo. Posteriormente, sacerdotes, diáconos, religiosos y 2 mil ministros dieron la comunión a los asistentes. 
 
El monseñor Fausto Trávez, Arzobispo de Quito, agradeció la presencia del papa con un muy ecuatoriano “Dios le pague”. En su bendición final, Francisco le respondió con otro agradecimiento “les agradezco por habernos reunido junto al altar del Señor, que nos pide que seamos verdaderamente hermanos”. Y volvió a pedir que recen por él y su pontificado. 
 
 
Los fieles del Bicentenario, con la emoción contenida, observaron la procesión de salida del papa Francisco y sus concelebrantes a las 12h03, mientras el cielo de Quito se contagiaba de esa mansedumbre. 
 
 
Según dio a conocer el ministro del Interior, José Serrano, en horas de la mañana, unas 800 mil personas participarían en el acto litúrgico.
 

Bajo el cielo nublado de Quito, el papa Francisco llegó a las 09h50 al encuentro con los fieles que lo aguardaban desde la noche anterior en el parque Bicentenario. Una hora antes se había reunido con los obispos en el mismo lugar. 

 

La pertinaz garúa se detuvo entonces para dar paso a una lluvia de flores que cobijó al sumo pontífice durante su recorrido a bordo del papamóvil. Un coro de 240 voces resonaba sobre el espacio que hasta hace pocos años era el aeropuerto de la capital ecuatoriana. 

 

La emoción desbordó el ambiente. Tanto, que quienes se habían quedado fuera lograron burlar las improvisadas puertas y causaron un desorden que fue mitigado por la Policía. Mientras, el papa Francisco detenía su viaje para acariciar a una adulta mayor cuya hija la identificó ante las cámaras de los periodistas como Liliana Rueda.

 

Llegó la primera lectura a cargo de Lucía Salgado de Freile, el salmo responsorial cantado por Andrés Lozano, perteneciente a un movimiento eclesial, y la novedad de un evangelio pronunciado en quichua por Alejandro Yuquilema, indígena de Chimborazo. El pasaje de San Juan 17, los versículos 11, 17 y 23; que narra el pedido de Jesús para que todos sean uno. 

 

A las 10h56 empezó la segunda homilía del papa Francisco en Ecuador: "Me imagino ese susurro de Jesús en la Última Cena como un grito en esta misa que celebramos en el Parque Bicentenario, el bicentenario de aquel grito de independencia…”. Y continuó: “Un grito nacido de la conciencia de la falta de libertades”.

 

El sermón del papa en Quito fue un llamado a la unidad que retumbó en los asistentes a la misa, entre quienes se encontraba el Presidente de la República, Rafael Correa. 

 

 

Papa Francisco: evangelizar, esa es nuestra revolución

 

 

Francisco expresó su deseo de que los dos gritos concorden bajo el desafío de la evangelización. 

 

"A aquel grito de libertad prorrumpido hace más de 200 años, no le falto convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que solo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos,  la falta de comprensión de otros procesos libertarios”, dijo con tono firme el papa Francisco.

 

El líder de la iglesia católica hizo énfasis en luchar por la inclusión a todos los niveles, evitando egoísmos, promoviendo la comunicación y el diálogo. “La evangelización no consiste en hacer proselitismo, el proselitismo es una caricatura de la evangelización”, advirtió.  

 

Enseguida, el papa explicó el camino para la evangelización: la humildad. “Donándose, el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo (…) Eso es evangelizar. Esa es nuestra revolución, porque nuestra fe siempre es revolucionaria”. 

 

Lutgarda Lucero, Beatriz de Jesús Vilcaguano, el indígena Juan Huacal y Magdalena Vallejos participaron en las peticiones. Durante el rito de la paz, los devotos estrecharon manos con el cántico “Cordero de Dios” como fondo. Posteriormente, sacerdotes, diáconos, religiosos y 2 mil ministros dieron la comunión a los asistentes. 

 

El monseñor Fausto Trávez, Arzobispo de Quito, agradeció la presencia del papa con un muy ecuatoriano “Dios le pague”. En su bendición final, Francisco le respondió con otro agradecimiento “les agradezco por habernos reunido junto al altar del Señor, que nos pide que seamos verdaderamente hermanos”. Y volvió a pedir que recen por él y su pontificado. 

 

 

Los fieles del Bicentenario, con la emoción contenida, observaron la procesión de salida del papa Francisco y sus concelebrantes a las 12h03, mientras el cielo de Quito se contagiaba de esa mansedumbre. 

 

 

Según dio a conocer el ministro del Interior, José Serrano, en horas de la mañana, unas 800 mil personas participarían en el acto litúrgico.

 

 

SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES

* campos requeridos
Frecuencia Correos *
Le recomendamos