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Francisco: “El mejor vino está por venir”

Redacción

jesuarez

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Lunes 06 de Julio de 2015 - 16:09
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  • GUAYAQUIL.- Miles de feligreses se congregaron en el parque Samanes para escuchar el sermón del papa Francisco. Fotos: AFP.
GUAYAQUIL.- Miles de feligreses se congregaron en el parque Samanes para escuchar el sermón del papa Francisco. Fotos: AFP.
Por: Teresa Menéndez
Ecuavisa.com
 
 
 
 
El sol iluminó demasiado pronto el cielo de Guayaquil, que permanecía así, despejado para dar la bienvenida a Francisco, primer papa latinoamericano, en su primera parada en el continente americano. La ciudad lucía como en aquellos feriados, cuando las calles vacías denotan la presencia de lo inusual.
 
Vías cerradas desde las 06H00 y un ligero movimiento vehicular se evidenció desde esa hora, en que cientos de miles de devotos iniciaron su paso hacia el parque Samanes, sede de la primera misa del pontífice en el país.
 
 
"Hasta aquí puede pasar" decían los vigilantes de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) a los conductores de autos particulares que querían avanzar lo más cerca posible de la locación, en las avenidas Francisco de Orellana e Isidro Ayora, en el norte de la urbe, a la altura de gasolineras y supermercados, muy lejos del templete que recibiría al pontífice. 
 
 
 
 
 
Con su mochila y otros equipos a cuestas, a Andrea y a Teresa les tocó caminar varios kilómetros bajo el incandescente sol. A lo largo de su camino, el espíritu comercial del guayaquileño se notaba en la calles repletas de feligreses. Llaveros, jarros, gorras, camisetas y demás recuerdos del papa se ofrecían sin cesar. 
 
 
Luego de una hora de caminata, llegaron las dos y enfrentaron muchas dificultades para ingresar. Finalmente, lo lograron y al conseguir una ubicación, a diez filas del altar donde Francisco oficiaría su primera misa en el país, se toparon con Fernando Criollo, en medio de monjas y demás creyentes que ansiaban ver al pontífice.
 
Ya eran las 10H30. Como todos, Fernando siguió el recorrido papal, desde el santuario de la Divina Misericordia (primer punto de su agenda en Guayaquil) hacia el parque Samanes, a través de una de las pantallas gigantes colocadas por los organizadores para estos fines.
 
Mientras otros entonaban los cánticos de los coros celestiales, Fernando mojaba su rostro, su cabeza. El sol era el peor enemigo de la velada. “¿Que cómo me siento? Emocionado, es una dicha, voy a ver mi segundo papa”, comentó. Es que el joven, de 34 años oriundo del norte de Guayaquil, dijo haber tenido la oportunidad de ver a Benedicto XVI en Madrid, en el 2011, en la XXVI Jornada de la Juventud.
 
 
 
 
 
 
Esa esperanza lo mantuvo a flote y sacó provecho a todo el acto litúrgico. Rezó con devoción el rosario y luego, cuando al fin llegó el papa, su fe se acrecentó. Vino la primera lectura, a cargo de Nicolás Parducci. Luego fue el turno del salmo responsorial, cantado por Giulan Morales, y Jenny González Segura repasó la segunda lectura: el pasaje de las Bodas de Caná.
 
"Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia", dijo Francisco en su homilía. El papa logró que los fieles acalorados en Samanes repitieran "María es madre", para fijar la figura de la madre de Jesús, "que como está atenta con su discreción se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia". 
 
 
"¿Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino?. ¿Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida?. ¿Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos?".
 
Los fieles como Fernando, Andrea y Teresa recibieron con emoción las palabras del papa Francisco en Guayaquil: "el mejor vino está por venir". Finalmente, ante un sol que no mostró misericordia, salieron del templete con su fe renovada y con la esperanza de mejores días en sus vidas personales y para el país. Dijeron que rezarían por el papa, tal como él lo pidió al darles la bendición colectiva.
 
 
 
 
 
 

Por: Teresa Menéndez

Ecuavisa.com

 

 

 

 

El sol iluminó demasiado pronto el cielo de Guayaquil, que permanecía así, despejado para dar la bienvenida a Francisco, primer papa latinoamericano, en su primera parada en el continente americano. La ciudad lucía como en aquellos feriados, cuando las calles vacías denotan la presencia de lo inusual.

 

Vías cerradas desde las 06H00 y un ligero movimiento vehicular se evidenció desde esa hora, en que cientos de miles de devotos iniciaron su paso hacia el parque Samanes, sede de la primera misa del pontífice en el país.

 

 

"Hasta aquí puede pasar" decían los vigilantes de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) a los conductores de autos particulares que querían avanzar lo más cerca posible de la locación, en las avenidas Francisco de Orellana e Isidro Ayora, en el norte de la urbe, a la altura de gasolineras y supermercados, muy lejos del templete que recibiría al pontífice. 

 

 

Papa Francisco dedicó inolvidable misa campal a la familia

 

 

 

Con su mochila y otros equipos a cuestas, a Andrea y a Teresa les tocó caminar varios kilómetros bajo el incandescente sol. A lo largo de su camino, el espíritu comercial del guayaquileño se notaba en la calles repletas de feligreses. Llaveros, jarros, gorras, camisetas y demás recuerdos del papa se ofrecían sin cesar. 

 

 

Luego de una hora de caminata, llegaron las dos y enfrentaron muchas dificultades para ingresar. Finalmente, lo lograron y al conseguir una ubicación, a diez filas del altar donde Francisco oficiaría su primera misa en el país, se toparon con Fernando Criollo, en medio de monjas y demás creyentes que ansiaban ver al pontífice.

 

Ya eran las 10H30. Como todos, Fernando siguió el recorrido papal, desde el santuario de la Divina Misericordia (primer punto de su agenda en Guayaquil) hacia el parque Samanes, a través de una de las pantallas gigantes colocadas por los organizadores para estos fines.

 

Mientras otros entonaban los cánticos de los coros celestiales, Fernando mojaba su rostro, su cabeza. El sol era el peor enemigo de la velada. “¿Que cómo me siento? Emocionado, es una dicha, voy a ver mi segundo papa”, comentó. Es que el joven, de 34 años oriundo del norte de Guayaquil, dijo haber tenido la oportunidad de ver a Benedicto XVI en Madrid, en el 2011, en la XXVI Jornada de la Juventud.

 

 

 

Más de 600.000 fieles en primera misa de Francisco en Guayaquil, según autoridades

 

 

 

Esa esperanza lo mantuvo a flote y sacó provecho a todo el acto litúrgico. Rezó con devoción el rosario y luego, cuando al fin llegó el papa, su fe se acrecentó. Vino la primera lectura, a cargo de Nicolás Parducci. Luego fue el turno del salmo responsorial, cantado por Giulan Morales, y Jenny González Segura repasó la segunda lectura: el pasaje de las Bodas de Caná.

 

"Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia", dijo Francisco en su homilía. El papa logró que los fieles acalorados en Samanes repitieran "María es madre", para fijar la figura de la madre de Jesús, "que como está atenta con su discreción se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia". 

 

 

"¿Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino?. ¿Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida?. ¿Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos?".

 

Los fieles como Fernando, Andrea y Teresa recibieron con emoción las palabras del papa Francisco en Guayaquil: "el mejor vino está por venir". Finalmente, ante un sol que no mostró misericordia, salieron del templete con su fe renovada y con la esperanza de mejores días en sus vidas personales y para el país. Dijeron que rezarían por el papa, tal como él lo pidió al darles la bendición colectiva.

 

 

 

 

Miles de fieles esperan misa campal del papa en Guayaquil

 

 

 

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