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El ancianato que recibirá al papa Francisco en Quito

Redacción

gpinasco

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Martes 12 de Mayo de 2015 - 15:27
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  • La congregación fundada en 1950 por la madre Teresa de Calcuta, se encuentra en más de 130 países y su labor está destinada a ayudar a los mas necesitados.
La congregación fundada en 1950 por la madre Teresa de Calcuta, se encuentra en más de 130 países y su labor está destinada a ayudar a los mas necesitados.
En la parroquia de Tumbaco funciona desde hace 26 años el ancianato de las Hermanas Misioneras de la Caridad, que el próximo 8 de julio tendrá una visita inesperada: la del papa Francisco.  
 
Llena de alegría, la hermana Felisa, oriunda de Guatemala, comenta que aún no logra asimilar la noticia: “Creo que es un regalo de Dios para los abuelitos, para todos, pero Diosito sabe por qué nos hace ese regalo tan grande”. 
 
La congregación fundada en 1950 por la madre Teresa de Calcuta, se encuentra en más de 130 países y su labor está destinada a ayudar a los mas necesitados. “Para nosotros es nuestra obligación y también es un deber buscar a los más pobres”, agrega.
 
 
En Ecuador, la misión de la congregación está dirigida hacia los ancianos abandonados. Diez monjas de diferentes países están a cargo de cerca de 60 adultos mayores, una tarea dura, pero gratificante, comenta la religiosa: “Los vemos, como estamos llamadas a verle a Jesús en ellos, pero al mismo tiempo así los tenemos como que fueran nuestros papás o nuestros abuelitos”.
 
En Tumbaco existen dos casas de acogida: una de mujeres y la otra de hombres; en ellas se dota a los adultos mayores de vivienda, alimentación, vestimenta y también de afecto. “A algunos de ellos los dejan en el hospital y ya nadie los reclama. Otros, algún vecino los ha visto por un tiempo, les dan comidita y todo, y ya por último los remiten a esta casa”, explica la hermana Felisa. 
 
 
Gonzalo lleva 10 años en este hogar y se ha convertido en un apoyo para las hermanas. Él ayuda a sus compañeros que no se pueden valer por sí solos y el reconoce que si no fuera por la congregación, quizás no estaría vivo: “Yo vine prácticamente hecho una momia, enyesado de pies a cabeza, entonces cuando vine aquí, me curaron, me atendieron, hoy me ve como puedo moverme”. 
 
La labor de las religiosas también está dirigida a la comunidad, trabajo que logran sostener con donaciones. Así, las Hermanas de la Caridad continúan con el legado y mantienen viva la obra de la madre Teresa de Calcuta. 
 
 
 
 
 

En la parroquia de Tumbaco funciona desde hace 26 años el ancianato de las Hermanas Misioneras de la Caridad, que el próximo 8 de julio tendrá una visita inesperada: la del papa Francisco.  

 

Llena de alegría, la hermana Felisa, oriunda de Guatemala, comenta que aún no logra asimilar la noticia: “Creo que es un regalo de Dios para los abuelitos, para todos, pero Diosito sabe por qué nos hace ese regalo tan grande”. 

 

La congregación fundada en 1950 por la madre Teresa de Calcuta, se encuentra en más de 130 países y su labor está destinada a ayudar a los mas necesitados. “Para nosotros es nuestra obligación y también es un deber buscar a los más pobres”, agrega.

 

Lea: ASÍ SE PREPARA LA EXPLANADA PARA EL ACTO DEL PAPA FRANCISCO EN GUAYAQUIL

 

En Ecuador, la misión de la congregación está dirigida hacia los ancianos abandonados. Diez monjas de diferentes países están a cargo de cerca de 60 adultos mayores, una tarea dura, pero gratificante, comenta la religiosa: “Los vemos, como estamos llamadas a verle a Jesús en ellos, pero al mismo tiempo así los tenemos como que fueran nuestros papás o nuestros abuelitos”.

 

En Tumbaco existen dos casas de acogida: una de mujeres y la otra de hombres; en ellas se dota a los adultos mayores de vivienda, alimentación, vestimenta y también de afecto. “A algunos de ellos los dejan en el hospital y ya nadie los reclama. Otros, algún vecino los ha visto por un tiempo, les dan comidita y todo, y ya por último los remiten a esta casa”, explica la hermana Felisa. 

 

Lea: LOS SIETES PUNTOS QUE RECORRERÁ EL PAPA FRANCISCO EN QUITO

 

Gonzalo lleva 10 años en este hogar y se ha convertido en un apoyo para las hermanas. Él ayuda a sus compañeros que no se pueden valer por sí solos y el reconoce que si no fuera por la congregación, quizás no estaría vivo: “Yo vine prácticamente hecho una momia, enyesado de pies a cabeza, entonces cuando vine aquí, me curaron, me atendieron, hoy me ve como puedo moverme”. 

 

La labor de las religiosas también está dirigida a la comunidad, trabajo que logran sostener con donaciones. Así, las Hermanas de la Caridad continúan con el legado y mantienen viva la obra de la madre Teresa de Calcuta. 

 

 

 

 

 

 

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