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Hoy Soy: Guardiana del mar

Redacción

jesuarez

|

Viernes 24 de Abril de 2015 - 22:40
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  • GUAYAQUIL.- En esta ocasión Dallyana Passailaigue asumió el reto de ser una infante de marina. Fotos: Cortesía Dallyana Passailaigue.
GUAYAQUIL.- En esta ocasión Dallyana Passailaigue asumió el reto de ser una infante de marina. Fotos: Cortesía Dallyana Passailaigue.
El Buque Escuela Guayas partirá en mayo, para dar una vuelta alrededor del mundo. 
 
El grupo de intervención táctica de la Armada del Ecuador entrena a los tripulantes para un eventual enfrentamiento contra la piratería al cruzar el cuerno de África.
 
Dallyana Passailaigue asumió el reto de formar parte de este grupo de especialistas en combate cercano y presenta esta experiencia en el reportaje: "Hoy soy: Guardiana del mar”.
 
REPORTAJE: 
 
Me recibieron cálidamente en el Cuerpo de Infantería de Marina y procedimos a planificar la operación. Recibo con honor el uniforme y me transformo.
 
Me uní al Grupo de Intervención Táctica para recibir instrucciones y realizar la "toma de buque por la fuerza".
 
"Tenemos datos de inteligencia que dicen que hay actividad hostil, se ha planificado el siguiente briefing, designadas las cubiertas y los lugares donde hay posibles hostiles, posibles búhos, posibles canarios, para poder despejar y neutralizar la amenaza", explicó un teniente. 
 
El objetivo: el Buque Chimborazo.
 
Se nos indica qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer y qué tipo de armamento vamos a usar. Se contempla la tabla de mareas, el clima, el tipo de cubierta, para decidir, incluso, qué zapato usar. Se cubren el rostro por seguridad y usan seudónimos.
 
"Segundo team, la segunda lancha va a estar conformada por: Americano y Rivaldo, nuestro nuevo elemento Nereida, Pato y Raperito", demandó el teniente a cargo. 
 
Bautizada como Nereida, parto con mis compañeros al pañol de artillería para retirar el armamento que contiene: chaleco doble propósito (antibalas y salvavidas), fusil m4, pistola bereta, cargadores, casco, navaja y radios. Peso: 45 libras. 
 
Es muy pesado.
 
Me enseñan a despejar y asegurar el arma, por norma de seguridad.
 
¡Estamos listos! Pero no arrancamos sin antes encomendarnos al Señor. 
 
"Señor, sabemos que usted nos respalda y que el trabajo que vamos a realizar va a salir sin novedad", clamaron las voces. 
 
Partimos en un bus hacia el muelle del Cuerpo de Guardacostas, en la Base Naval Sur. Al llegar, afinamos detalles tácticos para realizar la toma del buque por la fuerza.
 
"Entramos mínimo 2, máximo 6 por seguridad. En este caso como los camarotes no son tan grandes vamos a entrar solo un binomio que son 2 personas, porque nunca vamos a dejar un hombre solo, uno le da seguridad al otro”, expresó el teniente. 
 
Seguridad y compañerismo, palabras recurrentes de estos infantes altamente capacitados. 
 
“Somos operadores especiales, nos especificamos en combate cercano, cada uno de nosotros está capacitado en salto libre, operaciones de tipo comando y demoledor submarino", refirió el teniente a cargo. 
 
Iniciamos la misión. Abordamos las lanchas ribereñas para transportarnos al buque. La infiltración se hace por el medio que se pueda, ya sea por aire, por agua o por tierra, si el barco está en puerto o navegando.
 
Hay que ser rápidos y sigilosos en los movimientos para ser indetectables. Me costó mucho ser ágil con el equipo encima, debe volverse una segunda piel. Uno detrás del otro, un solo cuerpo, una sola misión: neutralizar la amenaza y retomar el control del buque.
 
Irrumpimos en los camarotes. Continuamos por las estrechas escaleras en busca de los entes hostiles. Los espacios son muy reducidos.
 
"¡Alto!, ¡no se muevan!, ¡infantería de marina!, ¡suelten las armas, al piso!", gritaron al unísono. 
 
Seguimos en la búsqueda de más terroristas o insurgentes y ahí estaban: en la popa. Esperamos el momento preciso para neutralizarlos, por ambos costados. "¡Agacha la cabeza!, ¡seguridad!".
 
Se retiran las armas, se verifica que no tengan más, se los inmoviliza. Se recupera el control del buque.
 
Son tres los fundamentos: violencia en la acción, rapidez y sorpresa. Así se somete, se intimida al hostil y se libera a los rehenes, procurando que no haya ni un solo herido. 
 
Este es el grado de entrenamiento de este grupo especial. El trabajo en equipo, la disciplina y la coordinación son elementales para proveer la seguridad integral en los espacios acuáticos. 
 
Una misión exitosa es la que se hace rápido y sin disparar.
 
"Nosotros disparamos cuando se considera la vida humana en peligro. Se sigue lo que es el uso progresivo de la fuerza, nosotros nos regimos a los organismos internacionales, cada vez que salimos con una orden de operación, la orden de operación especifica el uso de la fuerza o el último recurso es el disparo", definió la autoridad. 
 
Esto es un simulacro, el grupo táctico entrena a la tripulación de guardiamarinas que irá a bordo del Buque Escuela Guayas para que, en caso de una emergencia, durante la circunnavegación que durará 10 meses, puedan volver sanos y salvos a casa.
 
Emprendimos la retirada. 
 

El Buque Escuela Guayas partirá en mayo, para dar una vuelta alrededor del mundo. 

 

El grupo de intervención táctica de la Armada del Ecuador entrena a los tripulantes para un eventual enfrentamiento contra la piratería al cruzar el cuerno de África.

 

Dallyana Passailaigue asumió el reto de formar parte de este grupo de especialistas en combate cercano y presenta esta experiencia en el reportaje: "Hoy soy: Guardiana del mar”.

 

REPORTAJE: 

 

Me recibieron cálidamente en el Cuerpo de Infantería de Marina y procedimos a planificar la operación. Recibo con honor el uniforme y me transformo.

 

Me uní al Grupo de Intervención Táctica para recibir instrucciones y realizar la "toma de buque por la fuerza".

 

"Tenemos datos de inteligencia que dicen que hay actividad hostil, se ha planificado el siguiente briefing, designadas las cubiertas y los lugares donde hay posibles hostiles, posibles búhos, posibles canarios, para poder despejar y neutralizar la amenaza", explicó un teniente. 

 

El objetivo: el Buque Chimborazo.

 

Se nos indica qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer y qué tipo de armamento vamos a usar. Se contempla la tabla de mareas, el clima, el tipo de cubierta, para decidir, incluso, qué zapato usar. Se cubren el rostro por seguridad y usan seudónimos.

 

"Segundo team, la segunda lancha va a estar conformada por: Americano y Rivaldo, nuestro nuevo elemento Nereida, Pato y Raperito", demandó el teniente a cargo. 

 

Bautizada como Nereida, parto con mis compañeros al pañol de artillería para retirar el armamento que contiene: chaleco doble propósito (antibalas y salvavidas), fusil m4, pistola bereta, cargadores, casco, navaja y radios. Peso: 45 libras. 

 

Es muy pesado.

 

Me enseñan a despejar y asegurar el arma, por norma de seguridad.

 

¡Estamos listos! Pero no arrancamos sin antes encomendarnos al Señor. 

 

"Señor, sabemos que usted nos respalda y que el trabajo que vamos a realizar va a salir sin novedad", clamaron las voces. 

 

Partimos en un bus hacia el muelle del Cuerpo de Guardacostas, en la Base Naval Sur. Al llegar, afinamos detalles tácticos para realizar la toma del buque por la fuerza.

 

"Entramos mínimo 2, máximo 6 por seguridad. En este caso como los camarotes no son tan grandes vamos a entrar solo un binomio que son 2 personas, porque nunca vamos a dejar un hombre solo, uno le da seguridad al otro”, expresó el teniente. 

 

Seguridad y compañerismo, palabras recurrentes de estos infantes altamente capacitados. 

 

“Somos operadores especiales, nos especificamos en combate cercano, cada uno de nosotros está capacitado en salto libre, operaciones de tipo comando y demoledor submarino", refirió el teniente a cargo. 

 

Iniciamos la misión. Abordamos las lanchas ribereñas para transportarnos al buque. La infiltración se hace por el medio que se pueda, ya sea por aire, por agua o por tierra, si el barco está en puerto o navegando.

 

Hay que ser rápidos y sigilosos en los movimientos para ser indetectables. Me costó mucho ser ágil con el equipo encima, debe volverse una segunda piel. Uno detrás del otro, un solo cuerpo, una sola misión: neutralizar la amenaza y retomar el control del buque.

 

Irrumpimos en los camarotes. Continuamos por las estrechas escaleras en busca de los entes hostiles. Los espacios son muy reducidos.

 

"¡Alto!, ¡no se muevan!, ¡infantería de marina!, ¡suelten las armas, al piso!", gritaron al unísono. 

 

Seguimos en la búsqueda de más terroristas o insurgentes y ahí estaban: en la popa. Esperamos el momento preciso para neutralizarlos, por ambos costados. "¡Agacha la cabeza!, ¡seguridad!".

 

Se retiran las armas, se verifica que no tengan más, se los inmoviliza. Se recupera el control del buque.

 

Son tres los fundamentos: violencia en la acción, rapidez y sorpresa. Así se somete, se intimida al hostil y se libera a los rehenes, procurando que no haya ni un solo herido. 

 

Este es el grado de entrenamiento de este grupo especial. El trabajo en equipo, la disciplina y la coordinación son elementales para proveer la seguridad integral en los espacios acuáticos. 

 

Una misión exitosa es la que se hace rápido y sin disparar.

 

"Nosotros disparamos cuando se considera la vida humana en peligro. Se sigue lo que es el uso progresivo de la fuerza, nosotros nos regimos a los organismos internacionales, cada vez que salimos con una orden de operación, la orden de operación especifica el uso de la fuerza o el último recurso es el disparo", definió la autoridad. 

 

Esto es un simulacro, el grupo táctico entrena a la tripulación de guardiamarinas que irá a bordo del Buque Escuela Guayas para que, en caso de una emergencia, durante la circunnavegación que durará 10 meses, puedan volver sanos y salvos a casa.

 

Emprendimos la retirada. 

 

 

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