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Hoy Soy: Vulcanizadora

Redacción

jzapata

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Viernes 15 de Mayo de 2015 - 20:31
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  • Dallyana Passailaigue se convirtió en vulcanizadora por un día.
  • Dallyana Passailaigue se convirtió en vulcanizadora por un día.
Dallyana Passailaigue se convirtió en vulcanizadora por un día. Dallyana Passailaigue se convirtió en vulcanizadora por un día. Dallyana Passailaigue se convirtió en vulcanizadora por un día.
El trabajo con llantas de autos, en vulcanizadoras, es comúnmente asociado con hombres. Sin embargo, existen en nuestro país mujeres que se dedican a este duro oficio como forma de subsistencia.
 
En el barrio San José de Monjas, con una panorámica privilegiada, vive Mariana Tuso, de 38 años, divorciada hace 11, con 4 hijos y una nieta para alimentar.
 
Todas las mañanas, caminando y en bus, viaja hasta esta vulcanizadora sin nombre, donde la espera su padre, con quien trabaja desde sus ocho años. 
 
Apenas llegamos y ya hay tarea esperando. me dispongo a aprender rápido para ayudar.
 
"Bueno ya me han enseñado la forma de hacer una enllantada, así que ahora es mi turno de aplicar lo aprendido".
 
Lo primero es más o menos sencillo y muy conocido por todos, aflojar tuercas, levantar con gata y descolgar la llanta, que pesa cerca de 25 kilos.
 
Lo que viene es lo complicado: separar el caucho del aro metálico, introducirlo en agua para ubicar el agujero y hacer la parchada. luego el enllantaje. se requieren técnica, precisión y rapidez, pues los conductores siempre andan apurados.
 
A punta de martillazos se logra armar de nuevo la llanta con una palanca llamada continental.
"yo no he podido todavía poner ni una sola llanta completa, la martillada es un dolor de muñeca impresionante realmente y eso que yo soy fuerte.
 
Un auto tras otro sin descanso. papá e hija atienden cada uno 10 por día. si les va bien, reciben 45 dolares. pero puede ser que no pasen de diez dólares.
 
Cuando se inició en el oficio, Mariana sintió "algo" de discriminación
 
"Ahí me decían que las mujeres no tienen que coger las llantas - que por qué decía - si la misma fuerza de un hombre tiene una mujer", afirma Mariana.
 
Antes de la vulcanizadora familiar, trabajaba en construcción. cargaba bloques de cemento. ahora mueve llantas.
 
Reparar llantas de autos, de buses, de tractores, podría considerarse trabajo pesado para una mujer, pero para Mariana no existe diferencia alguna, su fuerza y su coraje la ponen a la par de cualquier hombre.
 
Mariana trabaja de lunes a domingo. espera que sean las once de la noche de la noche para regresar a su casa y convertirse en una mamá tan dulce para consentir a sus cuatro hijos y su nieto y tan fuerte como para cargar con buena parte del peso de su familia.

El trabajo con llantas de autos, en vulcanizadoras, es comúnmente asociado con hombres. Sin embargo, existen en nuestro país mujeres que se dedican a este duro oficio como forma de subsistencia.

 

En el barrio San José de Monjas, con una panorámica privilegiada, vive Mariana Tuso, de 38 años, divorciada hace 11, con 4 hijos y una nieta para alimentar.

 

Todas las mañanas, caminando y en bus, viaja hasta esta vulcanizadora sin nombre, donde la espera su padre, con quien trabaja desde sus ocho años. 

 

Apenas llegamos y ya hay tarea esperando. me dispongo a aprender rápido para ayudar.

 

"Bueno ya me han enseñado la forma de hacer una enllantada, así que ahora es mi turno de aplicar lo aprendido".

 

Lo primero es más o menos sencillo y muy conocido por todos, aflojar tuercas, levantar con gata y descolgar la llanta, que pesa cerca de 25 kilos.

 

Lo que viene es lo complicado: separar el caucho del aro metálico, introducirlo en agua para ubicar el agujero y hacer la parchada. luego el enllantaje. se requieren técnica, precisión y rapidez, pues los conductores siempre andan apurados.

 

A punta de martillazos se logra armar de nuevo la llanta con una palanca llamada continental.

"yo no he podido todavía poner ni una sola llanta completa, la martillada es un dolor de muñeca impresionante realmente y eso que yo soy fuerte.

 

Un auto tras otro sin descanso. papá e hija atienden cada uno 10 por día. si les va bien, reciben 45 dolares. pero puede ser que no pasen de diez dólares.

 

Cuando se inició en el oficio, Mariana sintió "algo" de discriminación

 

"Ahí me decían que las mujeres no tienen que coger las llantas - que por qué decía - si la misma fuerza de un hombre tiene una mujer", afirma Mariana.

 

Antes de la vulcanizadora familiar, trabajaba en construcción. cargaba bloques de cemento. ahora mueve llantas.

 

Reparar llantas de autos, de buses, de tractores, podría considerarse trabajo pesado para una mujer, pero para Mariana no existe diferencia alguna, su fuerza y su coraje la ponen a la par de cualquier hombre.

 

Mariana trabaja de lunes a domingo. espera que sean las once de la noche de la noche para regresar a su casa y convertirse en una mamá tan dulce para consentir a sus cuatro hijos y su nieto y tan fuerte como para cargar con buena parte del peso de su familia.

 

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