Inicio ·Hoy Soy · Artículo

Hoy Soy: Carmelita (Segunda Parte)

Redacción

jesuarez

|

Viernes 08 de Mayo de 2015 - 22:43
compártelo
  • QUITO.- Dallyana Passalaigue presenta la segunda parte del reportaje sobre la vida de claustro. Foto: Cortesía Dallyana Passalaigue.
QUITO.- Dallyana Passalaigue presenta la segunda parte del reportaje sobre la vida de claustro.  Foto: Cortesía Dallyana Passalaigue. QUITO.- Dallyana Passalaigue presenta la segunda parte del reportaje sobre la vida de claustro.  Foto: Cortesía Dallyana Passalaigue.
Y a las puertas del Día de la Madre, continúa el reportaje de las mujeres que optaron por convertirse en madres espirituales.
 
Son las monjas de clausura, que renuncian incluso a relacionarse con el mundo exterior, para entregarse a Dios.
 
Por primera vez, el claustro del Carmelo en Quito abrió sus puertas a las cámaras de televisión. Y las religiosas abrieron su corazón a Dallyana Passalaigue que, para este trabajo y por esta vez, fue aceptada como aspirante a "carmelita descalza".
 
 
“Vivo sin vivir en mi y de tan alta vida espero, que muero porque no muero".
 
Ya les conté mi mañana como aspirante en el claustro de las carmelitas descalzas, en el Carmen bajo. Una jornada de oración, contemplación y trabajo ligero.
 
De nuevo la oración da paso al almuerzo. El silencio sólo se rompe con el sonido de la radio del Vaticano.
 
Es una de las pocas formas de enterarse de lo que sucede en el exterior. Noticias de televisión sólo los lunes y viernes. 
 
Llega el recreo: durante una hora podemos hablar de nuevo. Y le pregunto a la madre Raquel cómo es vivir la dimensión orante en beneficio de la humanidad.
 
"Para eso estamos, para orar por las realidades que vamos captando, es un mayor incentivo para entregar nuestra vida cada día para que este mundo vaya cambiando y encontrando una paz", contestó la madre Raquel. 
 
Disfrutamos el recreo. Y cantamos, al ritmo de la guitarra de la hermana Marcia, música para el alma.
 
"Encontrarme contigo Jesús de Nazaret, es la dicha más grande de mi vida (...) ¡Y cayó el rocío de la belleza!", reza la alabanza. 
 
No escuchan música de afuera. Antes no se salía ni siquiera al médico, que las atendía en el convento. Alguien les hacía las compras. 
 
"Eso ha sido un avance grande, la generación que me recibió no podía salir y eso debió ser un dolor para ellas”, reveló la hermana Raquel. 
 
Invito a caminar a la priora.
 
-¿Cómo es el llamado del señor?
 
-"Es una experiencia muy personal, pero con una gran fuerza. No es que el señor te obliga, sino que Él, en plena libertad, te pide un sí o un no”, dice la priora Raquel. 
 
Con 38 años en el claustro, confiesa que su lucha, fue grande.
 
"Ya casi le decía que no, pero ese llamado, el señor me sedujo (risas) en cierta manera y me venció. Por eso estoy aquí, para amarle y seguir como quien dice, enamorada de Él y Él de mi. Es que yo lo vivo de esa manera", aseguró la priora. 
 
Con la hermana Cecilia paso al oratorio del noviciado, algo que con el tiempo la aspirante hace sola y por horas.
 
"Dallyana, en este momento vamos a hacer la lexio divina, que es orar con la palabra de Dios, leer el texto y luego el silencio para ver qué nos dice el Señor", afirma la hermana Cecilia. 
 
-“Y Jesús añadió: Soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre".
 
Según sus constituciones, una carmelita debe orar día y noche. Descubrir a Dios en el quehacer diario, por ejemplo, en espacios de recreación, como el volley.
 
Le dedican un tiempo al deporte los domingos. Son bastante aficionadas, saben divertirse.
 
Tienen un huerto en el que cultivan entre muchas cosas, uvillas y acelgas.
 
En el lugar más lejano y recóndito, están las "ermitas", espacios muy pequeños donde eventualmente realizan retiros que van de 1 a 8 días. 
 
Aunque el monasterio queda en el corazón de la ciudad, aquí adentro solo se escucha el sonido del silencio, pues la vida de contemplación implica oración constante y también mucho sacrificio.
 
Así lo afirma la madre Raquel.
 
"Lo que más nos cuesta es dejar a la familia. No optar por un matrimonio, pues nosotros lo hacemos de una forma espiritual", aseveró la hermana. 
 
La verdad es que nunca salen realmente. 
 
“Sí, aquí nos entierran y como dicen, no salimos ni muertas”, agregó la priora Raquel entre risas. 
 
La jornada en el claustro continúa hasta las 10 de la noche, todos los días de su vida. Igual que ellas me retiro a mi celda, en profunda paz. A orar antes de dormir. 
 

Y a las puertas del Día de la Madre, continúa el reportaje de las mujeres que optaron por convertirse en madres espirituales.

 

Son las monjas de clausura, que renuncian incluso a relacionarse con el mundo exterior, para entregarse a Dios.

 

Por primera vez, el claustro del Carmelo en Quito abrió sus puertas a las cámaras de televisión. Y las religiosas abrieron su corazón a Dallyana Passalaigue que, para este trabajo y por esta vez, fue aceptada como aspirante a "carmelita descalza".

 

Lea además: Hoy Soy: Carmelita (Primera parte)

 

“Vivo sin vivir en mi y de tan alta vida espero, que muero porque no muero".

 

Ya les conté mi mañana como aspirante en el claustro de las carmelitas descalzas, en el Carmen bajo. Una jornada de oración, contemplación y trabajo ligero.

 

De nuevo la oración da paso al almuerzo. El silencio sólo se rompe con el sonido de la radio del Vaticano.

 

Es una de las pocas formas de enterarse de lo que sucede en el exterior. Noticias de televisión sólo los lunes y viernes. 

 

Llega el recreo: durante una hora podemos hablar de nuevo. Y le pregunto a la madre Raquel cómo es vivir la dimensión orante en beneficio de la humanidad.

 

"Para eso estamos, para orar por las realidades que vamos captando, es un mayor incentivo para entregar nuestra vida cada día para que este mundo vaya cambiando y encontrando una paz", contestó la madre Raquel. 

 

Disfrutamos el recreo. Y cantamos, al ritmo de la guitarra de la hermana Marcia, música para el alma.

 

"Encontrarme contigo Jesús de Nazaret, es la dicha más grande de mi vida (...) ¡Y cayó el rocío de la belleza!", reza la alabanza. 

 

No escuchan música de afuera. Antes no se salía ni siquiera al médico, que las atendía en el convento. Alguien les hacía las compras. 

 

"Eso ha sido un avance grande, la generación que me recibió no podía salir y eso debió ser un dolor para ellas”, reveló la hermana Raquel. 

 

Invito a caminar a la priora.

 

-¿Cómo es el llamado del señor?

 

-"Es una experiencia muy personal, pero con una gran fuerza. No es que el señor te obliga, sino que Él, en plena libertad, te pide un sí o un no”, dice la priora Raquel. 

 

Con 38 años en el claustro, confiesa que su lucha, fue grande.

 

"Ya casi le decía que no, pero ese llamado, el señor me sedujo (risas) en cierta manera y me venció. Por eso estoy aquí, para amarle y seguir como quien dice, enamorada de Él y Él de mi. Es que yo lo vivo de esa manera", aseguró la priora. 

 

Con la hermana Cecilia paso al oratorio del noviciado, algo que con el tiempo la aspirante hace sola y por horas.

 

"Dallyana, en este momento vamos a hacer la lexio divina, que es orar con la palabra de Dios, leer el texto y luego el silencio para ver qué nos dice el Señor", afirma la hermana Cecilia. 

 

-“Y Jesús añadió: Soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre".

 

Según sus constituciones, una carmelita debe orar día y noche. Descubrir a Dios en el quehacer diario, por ejemplo, en espacios de recreación, como el volley.

 

Le dedican un tiempo al deporte los domingos. Son bastante aficionadas, saben divertirse.

 

Tienen un huerto en el que cultivan entre muchas cosas, uvillas y acelgas.

 

En el lugar más lejano y recóndito, están las "ermitas", espacios muy pequeños donde eventualmente realizan retiros que van de 1 a 8 días. 

 

Aunque el monasterio queda en el corazón de la ciudad, aquí adentro solo se escucha el sonido del silencio, pues la vida de contemplación implica oración constante y también mucho sacrificio.

 

Así lo afirma la madre Raquel.

 

"Lo que más nos cuesta es dejar a la familia. No optar por un matrimonio, pues nosotros lo hacemos de una forma espiritual", aseveró la hermana. 

 

La verdad es que nunca salen realmente. 

 

“Sí, aquí nos entierran y como dicen, no salimos ni muertas”, agregó la priora Raquel entre risas. 

 

La jornada en el claustro continúa hasta las 10 de la noche, todos los días de su vida. Igual que ellas me retiro a mi celda, en profunda paz. A orar antes de dormir. 

 

 

SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES

* campos requeridos
Frecuencia Correos *