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El monje que vive a 40 metros de altura para sentirse más cerca del cielo

Redacción

tmenendez

|

Jueves 16 de Abril de 2015 - 12:25
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  • INTERNACIONAL.- Maxime Qavtaradze, de 61 años, se mudó allí en 1993 después de tomar votos monásticos.
INTERNACIONAL.- Maxime Qavtaradze, de 61 años, se mudó allí en 1993 después de tomar votos monásticos.

En una solitaria búsqueda para acercarse a dios, un monje georgiano (el último de los estilitas) ha vivido por 22 años en una roca de 40 metros de altura.

 
Con esta decisión, Maxime Qavtaradze sigue las tradiciones antiguas de los estilitas, o “Santos de pilar”: hombres del mundo bizantino quienes creían que residir encima de pilares los quitaría de la tentación y les daría oportunidad para el rezo y la contemplación.
 
 
 
El Pilar Katskhi, un monolito en la cordillera del Cáucaso, permaneció abandonado por siglos hasta que en 1944 un grupo de escaladores llegó a la cima y encontró el esqueleto del último ocupante. El señor Qavtaradze se mudó allí en 1993 después de tomar votos monásticos, y encontró que lo acercaba más a Dios y lo ayudaba a borrar un pasado doloroso.
 
 
 
 
La vida solitaria de este monje salió a la luz después de que al fotógrafo neozelandés Amos Chapple se le permitió fotografiar a este hombre y su piedra, pero solo después de haber pasado cuatro días en intensivos rezos.
 
Al principio, la vida en el Pilar Katskhi fue muy dura para Qavtaradze. “Los primeros dos años no había nada ahí arriba así que dormía en un viejo refrigerador que me protegía del clima”, apuntó el monje de 61 años. Más tarde, simpatizantes cristianos renovaron una capilla en ruinas y construyeron una cabaña para ofrecerle un ambiente confortable.
 
 
 
Qavtaradze baja dos veces por semana por una escalera adherida al pilar para rezar en un pequeño monasterio al pie de la torre. Bajar le toma alrededor de 20 minutos de arriesgado terreno, él depende de las provisiones diarias que le mandan con una polea sus seguidores en tierra.

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En una solitaria búsqueda para acercarse a dios, un monje georgiano (el último de los estilitas) ha vivido por 22 años en una roca de 40 metros de altura.

 

Con esta decisión, Maxime Qavtaradze sigue las tradiciones antiguas de los estilitas, o “Santos de pilar”: hombres del mundo bizantino quienes creían que residir encima de pilares los quitaría de la tentación y les daría oportunidad para el rezo y la contemplación.

 

 

 

El Pilar Katskhi, un monolito en la cordillera del Cáucaso, permaneció abandonado por siglos hasta que en 1944 un grupo de escaladores llegó a la cima y encontró el esqueleto del último ocupante. El señor Qavtaradze se mudó allí en 1993 después de tomar votos monásticos, y encontró que lo acercaba más a Dios y lo ayudaba a borrar un pasado doloroso.

 

 

Un hombre vivió seis meses en una cueva para ahorrar dinero

 

 

La vida solitaria de este monje salió a la luz después de que al fotógrafo neozelandés Amos Chapple se le permitió fotografiar a este hombre y su piedra, pero solo después de haber pasado cuatro días en intensivos rezos.

 

Al principio, la vida en el Pilar Katskhi fue muy dura para Qavtaradze. “Los primeros dos años no había nada ahí arriba así que dormía en un viejo refrigerador que me protegía del clima”, apuntó el monje de 61 años. Más tarde, simpatizantes cristianos renovaron una capilla en ruinas y construyeron una cabaña para ofrecerle un ambiente confortable.

 

 

 

Qavtaradze baja dos veces por semana por una escalera adherida al pilar para rezar en un pequeño monasterio al pie de la torre. Bajar le toma alrededor de 20 minutos de arriesgado terreno, él depende de las provisiones diarias que le mandan con una polea sus seguidores en tierra.

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