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Ecuavóley, el deporte que le disputa el trono al fútbol en Ecuador

Redacción

gpinasco

|

Miércoles 13 de Mayo de 2015 - 11:57
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  • El voleibol criollo es junto al balompié la mayor pasión de obreros, jubilados y transportistas. Fotos: AFP.
El voleibol criollo es junto al balompié la mayor pasión de obreros, jubilados y transportistas. Fotos: AFP.
Cuando el balón de fútbol choca contra la red no es gol, sino un mal remate como en el voleibol: híbrido de ambos deportes, el ecuavóley es tan popular en Ecuador como el balompié y sello distintivo de quienes emigraron a España y Estados Unidos.
 
A sus 55 años, Washington Carrera es muy conocido en Yaruquí, un pueblo de 20.000 habitantes a 32 km de Quito. Nadie repara en sus canas, en los kilos de más o en sus vaqueros desgastados. Sobre la cancha de tierra, de 9x18 metros, este hombre es la estrella del juego. 
 
Carrera se eleva sobre su 1,70 metros de estatura y saca un manotazo seco que clava la pelota en el área contraria. Anota un punto para su equipo. "La próxima ya son hombres muertos", sentencia. El público asiente entre risas. 
 
Chofer de oficio, Carrera lleva cuatro décadas jugando ecuavóley, una creación ecuatoriana de más de 90 años, sin paternidad reconocida, que creció a la sombra del fútbol en zonas populares de todo el país.
 
Hoy, por cada cancha de fútbol es posible encontrar una o dos de ecuavóley, aún cuando su práctica no sea reconocida como una disciplina oficial, y apenas se le dé tratamiento de actividad recreativa, según Jorge Cartagena, presidente de la Asociación de Ligas Barriales de la provincia de Pichincha, cuya capital es Quito.
 
El ecuavóley tomó prestado del fútbol el balón, y del voleibol las reglas y la red. Pero a diferencia del voley, cada equipo no está conformado por seis sino por tres jugadores. El triunfo se lo lleva el trío que se adjudique dos de tres sets de 15 puntos cada uno. No hay entretiempo. Un juego puede extenderse por horas.
 
En Yaruquí es el rey de los deportes. De lunes a viernes, al caer la tarde, los jugadores, siempre hombres, se encuentran en las múltiples canchas que hay en el poblado.
 
"Pueden atrasarse al trabajo, pero aquí están desde las cuatro de la tarde", dice a la AFP Luis Sisalema, quien dejó de competir por una lesión y hoy administra un campo del llamado voleibol criollo.
 
 
Las apuestas hierven antes de cada encuentro. El juez del partido pasa por entre el público recaudando el dinero. El vencedor se llevará esta vez 120 dólares, pero Cartagena conoce a jugadores que han apostado hasta sus autos. 
 
"Los valores pueden ir de 20 dólares a unos 3.000 o 5.000 dólares (...) Hay gente que vive de eso, de las apuestas", cuenta el dirigente a la AFP.
 
Alivio de guerreros y migrantes 
Hacia finales de los años 1990, unos dos millones de ecuatorianos se vieron forzados a dejar su país por una severa crisis económica. En Italia, España o Estados Unidos muchos de estos emigrantes encontraron en el ecuavóley una conexión tan fuerte con su tierra como la comida o la música.
 
Si bien no es un deporte vetado para las mujeres, en Yaruquí los únicos que lo practican son hombres. Muchas "mujeres migraron a España", dice Sisalema. 
 
Justamente, en ese país los inmigrantes ecuatorianos lograron que el ecuavóley obtuviera el reconocimiento de las autoridades.
 
"En España hay la Asociación Ecuatoriana de Ecuavóley y legalmente reconocida por el gobierno español y es sorprendente que aquí, donde nace el ecuavóley, no hayamos podido", se lamenta el dirigente Cartagena.
 
Incluso este deporte, recuerda, sirvió de tregua en medio de un viejo conflicto territorial entre Ecuador y Perú. Entonces, soldados ecuatorianos enseñaron a sus pares peruanos a jugar ecuavóley en la frontera, alternándolo con el fútbol.
 
"Por mi experiencia, yo fui militar, y a nivel militar en la frontera, en los destacamentos, se arman los partidos de ecuavóley entre peruanos y ecuatorianos", evoca Cartagena.
 
El voleibol criollo es junto al balompié la mayor pasión de obreros, jubilados y transportistas, principalmente taxistas, a quienes puede verse manoteando balones de fútbol sobre las elevadas redes en tardes soleadas al sorbo de cerveza. 
 
Cuando "logremos masificar el ecuavóley como actividad, de pronto va a haber la misma afluencia de un partido de fútbol a uno de ecuavóley", prevé Cartagena.
Fuente: AFP

Cuando el balón de fútbol choca contra la red no es gol, sino un mal remate como en el voleibol: híbrido de ambos deportes, el ecuavóley es tan popular en Ecuador como el balompié y sello distintivo de quienes emigraron a España y Estados Unidos.

 

A sus 55 años, Washington Carrera es muy conocido en Yaruquí, un pueblo de 20.000 habitantes a 32 km de Quito. Nadie repara en sus canas, en los kilos de más o en sus vaqueros desgastados. Sobre la cancha de tierra, de 9x18 metros, este hombre es la estrella del juego. 

 

Carrera se eleva sobre su 1,70 metros de estatura y saca un manotazo seco que clava la pelota en el área contraria. Anota un punto para su equipo. "La próxima ya son hombres muertos", sentencia. El público asiente entre risas. 

 

Chofer de oficio, Carrera lleva cuatro décadas jugando ecuavóley, una creación ecuatoriana de más de 90 años, sin paternidad reconocida, que creció a la sombra del fútbol en zonas populares de todo el país.

 

Hoy, por cada cancha de fútbol es posible encontrar una o dos de ecuavóley, aún cuando su práctica no sea reconocida como una disciplina oficial, y apenas se le dé tratamiento de actividad recreativa, según Jorge Cartagena, presidente de la Asociación de Ligas Barriales de la provincia de Pichincha, cuya capital es Quito.

 

El ecuavóley tomó prestado del fútbol el balón, y del voleibol las reglas y la red. Pero a diferencia del voley, cada equipo no está conformado por seis sino por tres jugadores. El triunfo se lo lleva el trío que se adjudique dos de tres sets de 15 puntos cada uno. No hay entretiempo. Un juego puede extenderse por horas.

 

En Yaruquí es el rey de los deportes. De lunes a viernes, al caer la tarde, los jugadores, siempre hombres, se encuentran en las múltiples canchas que hay en el poblado.

 

"Pueden atrasarse al trabajo, pero aquí están desde las cuatro de la tarde", dice a la AFP Luis Sisalema, quien dejó de competir por una lesión y hoy administra un campo del llamado voleibol criollo.

 

Lea: HOY SE DISPUTA LA FINAL DEL CAMPEONATO NACIONAL DE ECUAVOLEY EN QUITO

 

Las apuestas hierven antes de cada encuentro. El juez del partido pasa por entre el público recaudando el dinero. El vencedor se llevará esta vez 120 dólares, pero Cartagena conoce a jugadores que han apostado hasta sus autos. 

 

"Los valores pueden ir de 20 dólares a unos 3.000 o 5.000 dólares (...) Hay gente que vive de eso, de las apuestas", cuenta el dirigente a la AFP.

 

Alivio de guerreros y migrantes 

Hacia finales de los años 1990, unos dos millones de ecuatorianos se vieron forzados a dejar su país por una severa crisis económica. En Italia, España o Estados Unidos muchos de estos emigrantes encontraron en el ecuavóley una conexión tan fuerte con su tierra como la comida o la música.

 

Si bien no es un deporte vetado para las mujeres, en Yaruquí los únicos que lo practican son hombres. Muchas "mujeres migraron a España", dice Sisalema. 

 

Justamente, en ese país los inmigrantes ecuatorianos lograron que el ecuavóley obtuviera el reconocimiento de las autoridades.

 

"En España hay la Asociación Ecuatoriana de Ecuavóley y legalmente reconocida por el gobierno español y es sorprendente que aquí, donde nace el ecuavóley, no hayamos podido", se lamenta el dirigente Cartagena.

 

Incluso este deporte, recuerda, sirvió de tregua en medio de un viejo conflicto territorial entre Ecuador y Perú. Entonces, soldados ecuatorianos enseñaron a sus pares peruanos a jugar ecuavóley en la frontera, alternándolo con el fútbol.

 

"Por mi experiencia, yo fui militar, y a nivel militar en la frontera, en los destacamentos, se arman los partidos de ecuavóley entre peruanos y ecuatorianos", evoca Cartagena.

 

El voleibol criollo es junto al balompié la mayor pasión de obreros, jubilados y transportistas, principalmente taxistas, a quienes puede verse manoteando balones de fútbol sobre las elevadas redes en tardes soleadas al sorbo de cerveza. 

 

Cuando "logremos masificar el ecuavóley como actividad, de pronto va a haber la misma afluencia de un partido de fútbol a uno de ecuavóley", prevé Cartagena.

 

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