Inglaterra 1966 (del 11 al 30 de julio)

Redacción

afp

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Viernes 04 de Abril de 2014 - 9:14
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Los Beatles y la minifalda arrasaban cuando los ingleses albergaron por primera vez el Mundial de fútbol, deporte que ellos inventaron 103 años antes. Setenta países, nuevo récord, se inscribieron para la cita. Las naciones africanas decidieron boicotear el Mundial porque al campeón de su zona se le obligaba a jugar con el de Asia ya que sólo había una plaza para los dos continentes.

Además, antes de empezar, un robo: la Copa Jules Rimet fue sustraída de una exposición en enero y no apareció hasta dos meses después gracias a un perro, Pickles, que tras muchos días de búsqueda la desenterró de un jardín de un suburbio de Londres.

A la cita inglesa acudieron diez selecciones europeas, cuatro sudamericanas, Corea del Norte por Asia y México -el portero Antonio Carbajal jugó en Inglaterra su quinto y último Mundial- por Centro y Norteamérica.

En la primera ronda hubo dos sorpresas mayúsculas: la eliminación de Italia, que perdió 1-0 ante Corea del Norte, y la de Brasil, que vio cómo su principal astro, Pelé, caía lesionado por durísimas entradas, primero frente a Bulgaria y después contra Portugal. En este partido se quedó definitivamente fuera de juego tras dos patadas criminales del luso Joao Morais. Primerizos en lides mundialistas, los portugueses también asombraron por sus buenas prestaciones. Su secreto fue Eusebio, un artillero formidable que, con sus nueve tantos (máximo goleador de la cita), aupó a su país hasta un increíble tercer puesto.

Y por primera vez también se habló mucho de los árbitros. En cuartos, el partido Uruguay-Alemania Occidental fue dirigido por un inglés y el Argentina-Inglaterra por un alemán. Los dos sudamericanos perdieron y en el segundo caso con una expulsión muy polémica del capitán argentino Antonio Rattin.

En semifinales sólo quedaban equipos europeos. Alemania, en la que empezaba a despuntar Franz Beckenbauer, defenestró a la URSS (2-1), e Inglaterra, arropada por su público, hizo lo propio con Portugal gracias a dos tantos del gran Bobby Charlton (2-1).

La final, disputada en el 'templo' de Wembley delante de 95.000 espectadores, no estuvo exenta de polémica. Los alemanes lograron empatar (2-2) y forzar la prórroga. Geoff Hurst recogió un pase de Alan Ball y remató para que el balón se estrellara en el travesaño y rebotara en el suelo. Según los ingleses, la pelota picó dentro de la portería y, de acuerdo a los alemanes, afuera. El árbitro indicó gol.

Hurst remató la faena 20 minutos después con un disparo inapelable. Inglaterra se coronó por primera y única vez en su historia campeona del mundo y su mítico capitán, Bobby Moore, recibió la Copa de manos de la mismísima Isabel II.

Los Beatles y la minifalda arrasaban cuando los ingleses albergaron por primera vez el Mundial de fútbol, deporte que ellos inventaron 103 años antes. Setenta países, nuevo récord, se inscribieron para la cita. Las naciones africanas decidieron boicotear el Mundial porque al campeón de su zona se le obligaba a jugar con el de Asia ya que sólo había una plaza para los dos continentes.

Además, antes de empezar, un robo: la Copa Jules Rimet fue sustraída de una exposición en enero y no apareció hasta dos meses después gracias a un perro, Pickles, que tras muchos días de búsqueda la desenterró de un jardín de un suburbio de Londres.

A la cita inglesa acudieron diez selecciones europeas, cuatro sudamericanas, Corea del Norte por Asia y México -el portero Antonio Carbajal jugó en Inglaterra su quinto y último Mundial- por Centro y Norteamérica.

En la primera ronda hubo dos sorpresas mayúsculas: la eliminación de Italia, que perdió 1-0 ante Corea del Norte, y la de Brasil, que vio cómo su principal astro, Pelé, caía lesionado por durísimas entradas, primero frente a Bulgaria y después contra Portugal. En este partido se quedó definitivamente fuera de juego tras dos patadas criminales del luso Joao Morais. Primerizos en lides mundialistas, los portugueses también asombraron por sus buenas prestaciones. Su secreto fue Eusebio, un artillero formidable que, con sus nueve tantos (máximo goleador de la cita), aupó a su país hasta un increíble tercer puesto.

Y por primera vez también se habló mucho de los árbitros. En cuartos, el partido Uruguay-Alemania Occidental fue dirigido por un inglés y el Argentina-Inglaterra por un alemán. Los dos sudamericanos perdieron y en el segundo caso con una expulsión muy polémica del capitán argentino Antonio Rattin.

En semifinales sólo quedaban equipos europeos. Alemania, en la que empezaba a despuntar Franz Beckenbauer, defenestró a la URSS (2-1), e Inglaterra, arropada por su público, hizo lo propio con Portugal gracias a dos tantos del gran Bobby Charlton (2-1).

La final, disputada en el 'templo' de Wembley delante de 95.000 espectadores, no estuvo exenta de polémica. Los alemanes lograron empatar (2-2) y forzar la prórroga. Geoff Hurst recogió un pase de Alan Ball y remató para que el balón se estrellara en el travesaño y rebotara en el suelo. Según los ingleses, la pelota picó dentro de la portería y, de acuerdo a los alemanes, afuera. El árbitro indicó gol.

Hurst remató la faena 20 minutos después con un disparo inapelable. Inglaterra se coronó por primera y única vez en su historia campeona del mundo y su mítico capitán, Bobby Moore, recibió la Copa de manos de la mismísima Isabel II.

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