Italia 1990 (del 9 de junio al 8 de julio)

Redacción

afp

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Jueves 16 de Enero de 2014 - 6:33
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"Evitar a toda costa la derrota", este podría haber sido el lema del Mundial de Italia-1990, donde el buen fútbol y las ideas brillaron por su ausencia, pero no así las amonestaciones, 164, y las tarjetas rojas, 16. Además, esta cita ostenta el triste récord de tener el menor promedio goleador de la historia: 2,21 por partido. La mayor fiesta del fútbol se convirtió en un espectáculo sin alma.

Las primeras tarjetas rojas no tardaron en llegar ya que en el partido inaugural, en Milán, los cameruneses Kana-Biyik y Massing fueron expulsados. A pesar de su superioridad numérica, los argentinos, vigentes campeones, perdieron por 1-0.

Colombia, por su parte, también fue víctima de los "Leones Indomables" (2-1) en octavos de final. El veterano Roger Milla, de 37 años, anotó los dos tantos de ese encuentro.

Pero la epopeya camerunesa terminó en Nápoles contra Inglaterra (3-2 en la prórroga), después de disputar el mejor partido del campeonato.

Bajo la dirección del yugoslavo Bora Milutinovic, Costa Rica llegó a octavos de final pero cayó vapuleada 4-1 contra Checoslovaquia, que contó con una gran actuación de Skuhravy, autor de tres goles.

Las estrellas como Van Basten, víctima de la caótica pizarra holandesa, o Maradona, acribillado por la prensa argentina, fueron eclipsados por auténticos desconocidos, como el italiano "Toto" Schilacci, máximo goleador del torneo con 6 goles. Convertido en el "salvador de la patria", este siciliano representó todo el poderío ofensivo de una "Squadra Azzurra" de clara tendencia defensiva.

La competición hizo famosa también al portero argentino Sergio Goycoechea, suplente del titular Nery Pumpido, lesionado contra la URSS. Goycoechea destacó en octavos de final Brasil en un partido insípido en el que la auriverde cayó por 1-0. Además, se convirtió en héroe cuando detuvo varios penales a Yugoslavia en cuartos de final y a los italianos en semifinales.

Fieles a su juego rocoso y eficaz, Alemania Federal, que vivía sus últimas horas tras la caída del Muro de Berlín un año antes, llegó a semifinales tras ganar a Holanda (2-1) y a los sorprendentes checos (1-0).

En semifinales, contra Inglaterra (1-1), Matthäus y los suyos vencieron en penales.

Y de ese modo llegaron a la final contra Argentina, como en 1986. El partido sirvió de perfecto ejemplo de lo que fue esa Copa del Mundo. Sin acciones especiales, sin un genio dominante, sin talento. Se decidió por un penal transformado por Brehme a 5 minutos del final.

Las lágrimas de Maradona acompañaron la entrega de la Copa a Matthäus, la tercera de Alemania, bajo la atenta mirada de Franz Beckenbauer, ganador del trofeo como entrenador 16 años después de haberlo conseguido como jugador.

 

 

"Evitar a toda costa la derrota", este podría haber sido el lema del Mundial de Italia-1990, donde el buen fútbol y las ideas brillaron por su ausencia, pero no así las amonestaciones, 164, y las tarjetas rojas, 16. Además, esta cita ostenta el triste récord de tener el menor promedio goleador de la historia: 2,21 por partido. La mayor fiesta del fútbol se convirtió en un espectáculo sin alma.

Las primeras tarjetas rojas no tardaron en llegar ya que en el partido inaugural, en Milán, los cameruneses Kana-Biyik y Massing fueron expulsados. A pesar de su superioridad numérica, los argentinos, vigentes campeones, perdieron por 1-0.

Colombia, por su parte, también fue víctima de los "Leones Indomables" (2-1) en octavos de final. El veterano Roger Milla, de 37 años, anotó los dos tantos de ese encuentro.

Pero la epopeya camerunesa terminó en Nápoles contra Inglaterra (3-2 en la prórroga), después de disputar el mejor partido del campeonato.

Bajo la dirección del yugoslavo Bora Milutinovic, Costa Rica llegó a octavos de final pero cayó vapuleada 4-1 contra Checoslovaquia, que contó con una gran actuación de Skuhravy, autor de tres goles.

Las estrellas como Van Basten, víctima de la caótica pizarra holandesa, o Maradona, acribillado por la prensa argentina, fueron eclipsados por auténticos desconocidos, como el italiano "Toto" Schilacci, máximo goleador del torneo con 6 goles. Convertido en el "salvador de la patria", este siciliano representó todo el poderío ofensivo de una "Squadra Azzurra" de clara tendencia defensiva.

La competición hizo famosa también al portero argentino Sergio Goycoechea, suplente del titular Nery Pumpido, lesionado contra la URSS. Goycoechea destacó en octavos de final Brasil en un partido insípido en el que la auriverde cayó por 1-0. Además, se convirtió en héroe cuando detuvo varios penales a Yugoslavia en cuartos de final y a los italianos en semifinales.

Fieles a su juego rocoso y eficaz, Alemania Federal, que vivía sus últimas horas tras la caída del Muro de Berlín un año antes, llegó a semifinales tras ganar a Holanda (2-1) y a los sorprendentes checos (1-0).

En semifinales, contra Inglaterra (1-1), Matthäus y los suyos vencieron en penales.

Y de ese modo llegaron a la final contra Argentina, como en 1986. El partido sirvió de perfecto ejemplo de lo que fue esa Copa del Mundo. Sin acciones especiales, sin un genio dominante, sin talento. Se decidió por un penal transformado por Brehme a 5 minutos del final.

Las lágrimas de Maradona acompañaron la entrega de la Copa a Matthäus, la tercera de Alemania, bajo la atenta mirada de Franz Beckenbauer, ganador del trofeo como entrenador 16 años después de haberlo conseguido como jugador.

 

 

 

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