Argentina 1978 (del 1 al 25 de junio)

Redacción

afp

|

Jueves 16 de Enero de 2014 - 6:33
compártelo

Política y fútbol volvieron a encontrarse en el Mundial de 1978. Argentina estaba en plena dictadura y muchos países amenazaban con boicotear la cita, cosa que al final no sucedió. Pero sí hubo jugadores, el más famoso de todos el astro holandés y triple Balón de Oro, Johan Cruyff, que se negaron a participar como protesta por las violaciones de los derechos humanos cometidas por la Junta Militar, que lo tenía claro: nada mejor que un Mundial del deporte rey para que la población limitara sus reivindicaciones democráticas.

De este modo, el "gobierno" se gastó la friolera de 520 millones de dólares -el cuádruple de lo que costó el Mundial de España-1982 - para que todo saliera perfecto.

Se construyeron tres estadios -Mar de Plata, Córdoba y Mendoza- y otros ocho fueron remodelados. Los militares lograron, incluso, un alto el fuego con la agrupación Montoneros, guerrilla urbana muy activa en aquellos años, para tranquilidad de turistas y reporteros, según versiones coincidentes de varios historiadores.

El mismo esmero se dedicó al equipo nacional. El cargo de seleccionador recayó en César Luis Menotti, un gigantón que en cuatro años armó un conjunto ofensivo infalible con nombres tan solventes como Mario "el Matador" Kempes en ataque, Osvaldo Ardiles en el mediocampo y Daniel Passarella en defensa.

En la primera fase destacaron dos selecciones "inesperadas": Austria, que llegaba a una fase final tras 20 años de ausencia, y Perú, que le sacó todo el jugo a experimentados y legendarios jugadores como Teófilo Cubillas y Hugo Sotil. Los dos pasaron a la segunda fase, donde dos grupos de cuatro se disputaban, en una liguilla, el pase a la final. En cambio, teóricos grandes como España y Francia se marcharon pronto a casa tras quedar eliminados en la primera ronda.

Holanda, que finalizó segunda de su grupo, debió su clasificación a la segunda ronda a la mejor diferencia de goles con Escocia, mientras que Argentina necesitaba, tras vencer a Polonia y empatar con un Brasil muy mediocre, meterle cuatro goles a Perú. El partido terminó con un abultado 6-0 a favor de los locales, un resultado sobre el que siempre ha recaído la sospecha de amaño, desmentido por unos y otros.

Y llegó la tan ansiada final para la albiceleste. Los espectadores coparon el Estadio Monumental de Buenos Aires para jalear como nunca a los suyos ante un rival de altura que había visto escaparse el título cuatro años antes. Kempes -máximo goleador y héroe de la cita con seis tantos- comenzó marcando, ventaja que los holandeses neutralizaron a pocos minutos del final. Ya en la prórroga, Kempes nuevamente y Daniel Bertoni, después, sentenciaron el resultado ante la impotencia "naranja".

El capitán Daniel Passarella recibió la Copa de manos del dictador Jorge Videla. El país entero estalló de júbilo. Tras 48 años y 9 Mundiales, Argentina lograba una victoria que ni una serie de irregularidades o un arbitraje muy favorable lograron empañar.

 

 

 

Política y fútbol volvieron a encontrarse en el Mundial de 1978. Argentina estaba en plena dictadura y muchos países amenazaban con boicotear la cita, cosa que al final no sucedió. Pero sí hubo jugadores, el más famoso de todos el astro holandés y triple Balón de Oro, Johan Cruyff, que se negaron a participar como protesta por las violaciones de los derechos humanos cometidas por la Junta Militar, que lo tenía claro: nada mejor que un Mundial del deporte rey para que la población limitara sus reivindicaciones democráticas.

De este modo, el "gobierno" se gastó la friolera de 520 millones de dólares -el cuádruple de lo que costó el Mundial de España-1982 - para que todo saliera perfecto.

Se construyeron tres estadios -Mar de Plata, Córdoba y Mendoza- y otros ocho fueron remodelados. Los militares lograron, incluso, un alto el fuego con la agrupación Montoneros, guerrilla urbana muy activa en aquellos años, para tranquilidad de turistas y reporteros, según versiones coincidentes de varios historiadores.

El mismo esmero se dedicó al equipo nacional. El cargo de seleccionador recayó en César Luis Menotti, un gigantón que en cuatro años armó un conjunto ofensivo infalible con nombres tan solventes como Mario "el Matador" Kempes en ataque, Osvaldo Ardiles en el mediocampo y Daniel Passarella en defensa.

En la primera fase destacaron dos selecciones "inesperadas": Austria, que llegaba a una fase final tras 20 años de ausencia, y Perú, que le sacó todo el jugo a experimentados y legendarios jugadores como Teófilo Cubillas y Hugo Sotil. Los dos pasaron a la segunda fase, donde dos grupos de cuatro se disputaban, en una liguilla, el pase a la final. En cambio, teóricos grandes como España y Francia se marcharon pronto a casa tras quedar eliminados en la primera ronda.

Holanda, que finalizó segunda de su grupo, debió su clasificación a la segunda ronda a la mejor diferencia de goles con Escocia, mientras que Argentina necesitaba, tras vencer a Polonia y empatar con un Brasil muy mediocre, meterle cuatro goles a Perú. El partido terminó con un abultado 6-0 a favor de los locales, un resultado sobre el que siempre ha recaído la sospecha de amaño, desmentido por unos y otros.

Y llegó la tan ansiada final para la albiceleste. Los espectadores coparon el Estadio Monumental de Buenos Aires para jalear como nunca a los suyos ante un rival de altura que había visto escaparse el título cuatro años antes. Kempes -máximo goleador y héroe de la cita con seis tantos- comenzó marcando, ventaja que los holandeses neutralizaron a pocos minutos del final. Ya en la prórroga, Kempes nuevamente y Daniel Bertoni, después, sentenciaron el resultado ante la impotencia "naranja".

El capitán Daniel Passarella recibió la Copa de manos del dictador Jorge Videla. El país entero estalló de júbilo. Tras 48 años y 9 Mundiales, Argentina lograba una victoria que ni una serie de irregularidades o un arbitraje muy favorable lograron empañar.

 

 

 

 

SUSCRÍBETE Y RECIBE LOS TITULARES

* campos requeridos
Frecuencia Correos *