Alemania 1974 (del 13 de junio al 7 de julio)

Redacción

afp

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Jueves 16 de Enero de 2014 - 6:33
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La FIFA, que estrenaba presidente (el brasileño Joao Havelange), decidió aprovechar la infraestructura de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y designó como sede mundialista a la República Federal de Alemania (1974).

Por primera vez, la televisión retransmitió el evento a todo el mundo, lo que se tradujo de inmediato en un éxito comercial, una característica que ya no abandonaría la cita, aunque muchos han criticado este creciente carácter mercantilista en detrimento del deporte.

De los 16 países que acudieron a la fase final, Zaire fue el primero en representar al África negra, Australia debutó por Asia y Oceanía y Haití desbancó a México por América del Norte y Central.

Aunque hubo otras grandes selecciones, Holanda fue la gran revelación. Asombró a todos con su "fútbol total", una mezcla perfecta de ataque y defensa que tenía su modelo en el Ajax de Ámsterdam, columna vertebral de aquel equipo. A la cabeza de esta selección arrolladora estaba Johan Cruyff, un titán que derrochaba técnica y talento. El duelo Cruyff-Beckenbauer estaba servido.

En la primera fase destacó un partido lleno de connotaciones políticas entre las dos Alemanias y que la Oriental acabaría ganando por 1-0 con un juego muy valiente. Otra gran sorpresa fue la eliminación de Italia, que había llegado invicta al Mundial y que tuvo que marcharse en la primera fase tras caer (2-1) ante otro "outsider", Polonia.

De hecho los centroeuropeos, arropados por jugadores como Grzegorz Lato -máximo goleador del Mundial con siete tantos- Robert Gadocha o Kazimierz Deyna, lograron un meritorio tercer puesto contra Brasil que, ya sin el retirado Pelé, era una selección venida a menos.

Y es que los conjuntos sudamericanos pasaron casi de puntillas por este campeonato: Uruguay y Chile se marcharon en la primera fase y, aunque Argentina pasó a la segunda, cayó rápidamente eliminada.

En la final se enfrentaron los dos grandes favoritos: Holanda y la RFA. El partido, disputado en Múnich, comenzó con un polémico penal de Berti Vogts a Cruyff, que Neeskens se encargaría de transformar en gol para la "Naranja Mecánica". Entonces, el coraje y temple alemanes fueron determinantes ante la falta de experiencia de los holandeses.

Breitner empató, también de penal, y Gerd "Torpedo" Müller marcó en el minuto 43 el segundo gol germano. Alemania supo conservar la ajustada ventaja para inscribir su nombre por segunda vez en el palmarés del Mundial. A Cruyff le fallaron los nervios y jugó mal. Beckenbauer, por el contrario, condujo con mano firme a su selección hasta lo más alto del podio y Alemania levantó el trofeo 20 años después. Esta vez se traba de una escultura de oro macizo de 36 centímetros de altura y 5 kilos de peso, pues el anterior trofeo se lo quedó Brasil en propiedad.

La FIFA, que estrenaba presidente (el brasileño Joao Havelange), decidió aprovechar la infraestructura de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y designó como sede mundialista a la República Federal de Alemania (1974).

Por primera vez, la televisión retransmitió el evento a todo el mundo, lo que se tradujo de inmediato en un éxito comercial, una característica que ya no abandonaría la cita, aunque muchos han criticado este creciente carácter mercantilista en detrimento del deporte.

De los 16 países que acudieron a la fase final, Zaire fue el primero en representar al África negra, Australia debutó por Asia y Oceanía y Haití desbancó a México por América del Norte y Central.

Aunque hubo otras grandes selecciones, Holanda fue la gran revelación. Asombró a todos con su "fútbol total", una mezcla perfecta de ataque y defensa que tenía su modelo en el Ajax de Ámsterdam, columna vertebral de aquel equipo. A la cabeza de esta selección arrolladora estaba Johan Cruyff, un titán que derrochaba técnica y talento. El duelo Cruyff-Beckenbauer estaba servido.

En la primera fase destacó un partido lleno de connotaciones políticas entre las dos Alemanias y que la Oriental acabaría ganando por 1-0 con un juego muy valiente. Otra gran sorpresa fue la eliminación de Italia, que había llegado invicta al Mundial y que tuvo que marcharse en la primera fase tras caer (2-1) ante otro "outsider", Polonia.

De hecho los centroeuropeos, arropados por jugadores como Grzegorz Lato -máximo goleador del Mundial con siete tantos- Robert Gadocha o Kazimierz Deyna, lograron un meritorio tercer puesto contra Brasil que, ya sin el retirado Pelé, era una selección venida a menos.

Y es que los conjuntos sudamericanos pasaron casi de puntillas por este campeonato: Uruguay y Chile se marcharon en la primera fase y, aunque Argentina pasó a la segunda, cayó rápidamente eliminada.

En la final se enfrentaron los dos grandes favoritos: Holanda y la RFA. El partido, disputado en Múnich, comenzó con un polémico penal de Berti Vogts a Cruyff, que Neeskens se encargaría de transformar en gol para la "Naranja Mecánica". Entonces, el coraje y temple alemanes fueron determinantes ante la falta de experiencia de los holandeses.

Breitner empató, también de penal, y Gerd "Torpedo" Müller marcó en el minuto 43 el segundo gol germano. Alemania supo conservar la ajustada ventaja para inscribir su nombre por segunda vez en el palmarés del Mundial. A Cruyff le fallaron los nervios y jugó mal. Beckenbauer, por el contrario, condujo con mano firme a su selección hasta lo más alto del podio y Alemania levantó el trofeo 20 años después. Esta vez se traba de una escultura de oro macizo de 36 centímetros de altura y 5 kilos de peso, pues el anterior trofeo se lo quedó Brasil en propiedad.

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